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25 de junio de 2024

Hoy es 25 de junio por decimoquinta vez.

Quince veces van. Una con el pecho en llamas y ya catorce con el alma llena de rescoldos. Pero todas ellas con el calor en residencia, habitando.

El tiempo pasa inexorablemente. Los días se suceden uno tras otro y nos llevan a no vivir la vida. Nos tomamos, por momentos, incluso, la licencia de malgastar ratitos que nacen irrepetibles. A veces, porque nos empujan. A veces, porque empujamos tomando el equivocado camino de lo urgente. Y pasamos, así, acaso, por la vida de puntillas a tal velocidad que no dejamos huella en el camino o, en el mejor de los casos, una huella imperceptible. Somos levedad. 

Y en esta huida casi obligada, casi impuesta, casi ajena, lucho por no separarme de ti. Peleo incansablemente conmigo, con la sombra que siempre me sigue, con lo cotidiano, por llevarme aquellos (nuestros) recuerdos siempre allá donde voy, tan dentro de mí, que parasiten en mi alma. Duradero pegamento este que nos une. Y deseo, mirando a las estrellas, tener la lucidez suficiente para vivir juntos la vida. Porque quiero seguir siendo siempre tu padre, hasta el último día de todos, y cumplir aquello que pensé en mi peor momento. Y porque ya no sé hacer esto de otra forma, enano.

Otra tarta quedará hoy en un escaparate. Otras velas, también. Alguna prenda de ropa de esas nuevas marcas adolescentes que me llaman viejo a la cara volverá al almacén sin ser vendida. Quizás fueron confeccionadas con tu nombre, Samuel. La realidad no acepta excusas. 

Aquel 25 de junio de 2010, con tu venida, aprendí que mi huella debe ser indeleble. Comprobé que por siempre serías ese sol que nunca parará de girar para alumbrarme. Que hará brillar lo bueno que pueda haber en mi alma. Setenta y siete días después, con tu partida, me comprometí conmigo mismo que siempre pesarían más los días juntos que los días separados, por mucho que el hijo de puta del tiempo empuje. Vivir desde la alegría de lo vivido. Porque no hay luz que más ilumine, ni calorcito que más cobije, que el resplandor de lo amado. Y yo te quiero con toda mi alma.

Catorce años ya, Samuel, catorce años.

Felicidades, siempre.

Martes, 25 de junio de 2024

Porque sé que la fe 
es creer en algún dios,
aunque no existanO en existir,
aunque ese dios, a veces,
no crea en tiEn caminar, aunque no brille tu estrellaComo tú, camino por esta tierra
que pronto será yerma
(Manolo García (2011), Somos Levedad. Nunca el tiempo es perdido)

 

10 de septiembre de 2023

Hace trece años.

Si me diesen a elegir, hijo mío, entre morir y el olvido, me quedo contigo, amor. Me quedo con la necesidad de que omnipresente te halles allá donde yo fuese, de vivir en primera persona del plural, con el amor venciendo, renaciendo, que no vencido, que no renacido. Porque no hay elección más certera que revivir el recuerdo de lo que nos hizo llorar de amor. No es otra cosa. No se engañen. La muerte duele, porque amas. Amar es vivir en valentía. Y ser valiente, por ello, duele.


Sigue descansando en paz. Aquí, en mí. Ahí, en tu madre. Nosotros seguiremos honrando tu camino viviendo lo más feliz que podamos, regalando a tus hermanos todo el amor que nos quedó; trayéndote a casa a cada rato, en cada momento; viviendo contigo en cada rincón. 

Te quiero, enano.

Me quedo contigo. (Los Chunguitos, 1980).

Domingo, 10 de septiembre de 2023


14 de agosto de 2023

Paola 12.

Vuelve el 14 de agosto a nuestras vidas. Y siempre llega así, casi invisible, casi inapreciable, velado, sigiloso, como un veinteañero sube a su cuarto a deshoras tras la celebración semanal de la vida. Un día de parada y vista atrás, de subir diez peldaños y tomar perspectiva de lo pasado y vivido, añorando lo menos posible. Porque hoy es 14 de agosto y este día te (y nos) pertenece. Porque tú, rubia mía, mereces la plenitud que nos regalaste; porque tú, hija mía, mereces en abundancia todo lo que diste, todo lo que das. Y por eso, y para eso, el 14 de agosto será siempre tuyo (y nuestro). Será siempre ese día en el que rememoramos y celebramos tu cumpleaños y tantas cosas indefinibles más.

 


Y luego estás tú. Y estoy yo. Y cómo te miro. Y cómo lo noto. Siempre lo haces. Es tu cualidad innata. No la pierdas nunca, rubia mía. Te hace especial. Diferente. Bonita. Entras con disimulo en el corazón de quien te rodea como quien pide la hora. Naturalmente, fácilmente, con el salvoconducto de tu sonrisa. Y ahí plantas bandera, como quien nada conquista, pero ya todo a tu nombre . En el mío, súmale que jugabas con ventaja. Rendido me hallaba antes de ni siquiera ser retado a duelo. En mí entraste como quien pide un helado a su abuela, yendo de mano y con las mejores cartas de la baraja. Y ahí sigues, caminante sigilosa, haciendo el ruido necesario, pareciendo pisar con suavidad, casi levitando, pero dejando esa huella indeleble en el corazón de tu padre que jamás quedará borrada. Ese será siempre tu huequito. En mi pecho, rubia, serás por siempre cascarón de huevo. 
 
¡¡Felicidades, hija mía!!
 
Lunes 14 de agosto de 2023

10 de septiembre de 2021

Otra vez 10 de septiembre

Y ya van once. Uno tras otro. Pasan días casi inadvertidamente, entre recuerdos e imaginaciones, entre realidades y fantasías, entre lo que fue y lo que nos gustaría que hubiese sido. Y mientras, aprendiendo a jugar la vida. Y durante, viviendo.

Y en ese transcurso del tiempo, un día el espejo parece hablarte y te dice: "¿Llorar? ¿Para qué?" Y entiendes que la inmensidad de tu pena no depende de lugares ni de decorados. Que la pena infinita, pena  infinita es y será. Comprendes que tendrás que enfrentarte a pasear viendo madres dando de mamar a sus hijos  cuando el tuyo ya no lo hará jamás, viendo padres balanceando columpios en parques llenos de risas ajenas, cuando jamás conocerás el sonido de la carcajada de tu hijo. Una felicidad puesta ahí, entre tu pena, rodeándote, acorralándote incluso, incomodándote por lo impertinente de su coexistencia, pero necesarias y oportunas para ellos.

Y arrancas con el piloto automático encendido, deambulando por una vida que poquito a poco empieza a ofrecerte pequeños destellos de luz, aunque aun no te sientas preparado para disfrutarla. Porque el tiempo relaja la intensidad de los momentos y, a la par, ofrece oportunidades para la introspectiva, para poner palabras al sentimiento e intentar aprender a jugar la vida de nuevo, con reglas diferentes.

Y en esa introspección llena de soliloquios descubres matices aún por definir en tu boca pero ya sentidos en tu pecho, que siempre va por delante en esto de jugar a vivir. Y te preguntas de nuevo ¿Por qué sonrío si no debería? ¿Te traiciono si empiezo a ser feliz, hijo mío? Y lloras por dentro ¿¡cuántas veces van!?; lloras porque necesitas estar triste y no lo estás tanto como se presupone ¿¡Quién!?

Apareces así otro día menospensado en el mismo espejo. Y te miras intentando reconocer lo que un día fuiste, intentando no darte lástima para no darla a nadie. Eso no. Eso nunca. Y te hablas. Y luchas por convencerte. (¿saben una cosa? Convencido estoy de que a veces, más de cuatro veces, antes del convencimiento viene la palabra). Te autoconvences. Un padre que entierra a su hijo ha sufrido quizás el palo más duro que la vida puede darle. Ese padre, ése, merece ser feliz más que nadie. Sonreír y sentir. Porque ser feliz en la tristeza es necesario y conveniente. Y merece la pena. Porque la felicidad no se espera: se busca, se conquista, como la sonrisa de una mujer bonita...

...como tu sonrisa, esposa mía, aunque sea con el dulzor efímero de una rosa de chocolate. 



Y once años después, hijo mío, te sientes vencedor cuando entiendes que la vida impone las reglas y nosotros hemos aprendido a jugarla sin hacer trampas. Sientes que todo merece la pena cuando suena de fondo una canción y nos lleva a ti. Y sabes, certeramente, que no hay más.

"...vivir así no es vivir
esperando y esperando
porque vivir es jugar
y yo quiero seguir jugando"

A. Calamaro (2009). Paloma. Obras Incompletas.
Viernes 10 de septiembre de 2021.

25 de junio de 2020

10 años hace que no es 25 de junio.

Cada 25 de junio, hijo mío, recordamos que a tu mamá y a mí nos unía el amor hasta aquel día de 2010 y que, desde entonces, nos une un amor especial, el que tú creaste. 

Hoy, enano, es 25 de junio, pero no el verdadero. Pero claro que hablaremos especialmente de ti en la comida, con tus hermanos. En estas conversaciones caben muchas dudas, ¿sabes? Todas ellas tienen que ver con la crueldad de lo no vivido. Pero también caben muchas certezas. Y todas ellas tienen que ver con el orgullo, con la valentía, con la templanza: con el amor.  Amar en ausencia es hoy día el privilegio que nos queda a quienes tuvimos la suerte de conocerte y disfrutarte. El dolor está, tiene que ver con lo cotidiano, con escenas de la vida misma que imaginamos con otros colores, sonidos y aromas. El amor, el privilegio, no obstante, tiene que ver con la introspectiva, con la inspiración, con ratitos de memoria, de recuerdo, de paz con uno mismo. Es ahí donde se siente ese amor que conecta el pecho de un padre con el de un hijo y que una vez conectado, jamás podrá nadie, nunca, ni siquiera la muerte, quebrarlo. Magullarlo, tampoco. 

Hoy, Samuel, mamá y yo hemos vuelto a empezar el día de tu cumpleaños con un abrazo y hablando de ti. Y de cómo viniste al mundo. Y, como nos enseñaste, lo hemos hecho con una sonrisa en la cara, sintiéndote entre nosotros. Difícil de explicar, sí.

Aquel día aprendí que no hay amor en exceso, que nunca se ama demasiado. El amor, como el cariño, como el respeto, siempre saben mejor en abundancia que en poquedad. Y así te amamos. Y ese amor cultivado sigue dando sus frutos. La mejor decisión de nuestra vida fue tenerte y criarte en alegría. Y aunque en este 25 de junio aun pueda titilar el dolor, nos imponemos recordarlo con la sonrisa que nos regalaste; aún nos quedan muchas guardadas que nacieron de ti y hacia ti vuelan. Tu compañía en presencia dejó amor para gastar en la ausencia física, sin temor a que sin él nos quedemos. 

Amar es sinónimo de ti, Samuel, en nuestro vocabulario. Y que así sea por siempre, hijo mío.

Felicidades, enano. Te quiero. 

"Si diez años después
 te vuelvo a encontrar
en algún lugar, 
no te olvides que soy
distinto de aquel 
pero casi igual (...)
--
(...)Diez años después, 
mejor reír, que llorar"

(Diez años después. Los Rodríguez, 1995)

Jueves 25 de junio de 2020.

10 de septiembre de 2019

Hace nueve años

Hace ya nueve años que murió mi hijo, mi primogénito, mi enano, mi Samuel. Fue un día de calma, paz y mucha tristeza. Hoy, precisamente hoy, el recuerdo nos trae también los mismos sentimientos aderezados con diferentes matices cualitativos, que no cuantitativos. Hoy lo vivimos todo de la misma manera: con calma, paz y tristeza. 

Afortunadamente, no todo tiene la particularidad de avanzar a la misma velocidad que el mundo gira. Hay sentimientos que quedan pendidos de las estrellas, anclados en algún lugar del firmamento, y por tanto, a salvo de las vueltas de la vida, de la obligación de olvidar, de la mala costumbre de no recordar porque no sabemos en qué lugar de la memoria los pusimos (quizás porque los guardamos en el alma y ahí no sabemos buscar). Precisamente, exactamente esos, son los sentimientos que tiene un padre, los sentimientos que tiene una madre hacia su hijo. Un cariño desmedido, un amor inmedible, que permanecerá siempre en el lugar exacto, certeramente ahí, donde se ancla la primera mirada, el primer beso, el primer aroma de vitalidad, responsabilidad y miedo (disfrazado de incertidumbre) que te desbordaron en los primeros días del resto de tu vida. 

Hoy, diez de septiembre, vuelco la vista a aquellos días de penumbra y aún me emociono viendo la entereza de mi mujer, su capacidad para tirar de mí, para colocarse frente a la vida y caminar, para ir encontrando colores entre tanta negrura, para ser mi ejemplo más firme y admirado, para tener una triste sonrisa preparada para mí, un abrazo reparador, una mirada hacia el futuro. Mi motivo, sin duda, para dar un paso tras otro. Te debo todo. 

Vaya un beso fuerte para ti, hijo mío, desde mi pecho hacia tu recuerdo. Vaya todo mi amor para ti, esposa mía, y mi admiración, como la de mi gente, que sé que la tienes... te quiero tanto... 

Qué no daría yo por empezar de nuevo. 

Martes 10 de septiembre de 2019


14 de agosto de 2016

Paola 5.

Que la vida tiene vergüenza lo entendí al dormirte en mis brazos por primera vez.

Eres la persona más bonita que conozco. Y ese don no lo tiene cualquiera. La bondad no es algo que podamos aprender en una escuela, no es algo que puedan enseñarte tus padres. Se es buena persona o no se es. Así, sencillo. Y tú tienes el corazón más bonito que pueda tenerse. Y así lo disfruto mientras aprendo.

Cinco años, rubia mía. Cinco años llenándome de manera inconmensurable, enamorando a quien te rodea.




No dejes de sujetar mi corazón cada día, no dejes de abrazar mis sentidos, de protegerme a cada instante. 

Hay veces, rubia mía, que simplemente te miro por mirarte. Y entonces mi corazón se envalentona y se recarga para mil batallas más. 

Ven, vida, a mí. A mis brazos. Y sigue dándome tanto.

¡Felicidades!
Domingo 14 de agosto de 2016

18 de abril de 2016

Carcajadas

Ayer entendí que tus fotos son finitas. Empiezan en la primera y acaba en la última.  Y yo me las sé de memoria.  Ayer la realidad apareció en mi mente de forma cruel y miserable. E inoportuna. No era el momento. Allí no. A esa hora, no.

Quizás ya sea hora de ver tus vídeos. Aún no sé si tengo fuerzas para ello. En contadas ocasiones lo he hecho. Todo llegará. Esto también. Pero no quiero verlos tantas veces que llegue el día en el que también empiecen en el primero y acaben en el último. Saberme de memoria tu último vídeo sería otro miserable golpe de la vida, que de momento no me apetece recibir. Es como tener algo tuyo por recordar. Recuerdos por venir. Ya llegará. Ya llegará. Cuando mi alma esté, de nuevo, preparada para sentir.

Te eché de menos. Jugábamos a las cosquillas en la cama. Era mi cumpleaños y no estabas como a mí me hubiera gustado que estuvieras. Todos reíamos. Mientras, la foto de tu vida en composición me devolvía a la irrealidad de poder tenerte allí. A ti no, tú estabas. Siempre estás. De poder tener allí tu piel y tus gritos, tu llanto y tu pataleo, tu sonrisa nerviosa, tus pelos, tus manos, tu barriga. Eché de menos saber si tenías cosquillas o no, cómo sonaba mi nombre en tus labios, cómo sabía un beso de buenas noches a tus 5 años.  Eché de menos tu piel, tus gritos, tu sonrisa, tu mirada. No te eché de menos a ti, tú estabas; siempre estás. Eché de menos tocarte, olerte, escucharte reír a carcajadas, tus carcajadas eso es. Eso es lo que eché de menos. Tus carcajadas.

Tus carcajadas... Y que volvieran las mías...

("Echo de menos". Kiko Veneno)

Te echo de menos
más de lo que te escribo
Lunes 18 de abril de 2016

31 de julio de 2015

Martín 1.

Cada fecha es una oportunidad. Una pausa. Una "sentá" en el camino.

Hoy, mi pequeño Martín cumple un año. El tío más sonriente que conozco. Un año lleva, por tanto, recordándonos que nuestros pasos no debieran nunca dejar el camino por tomar una verea.

Tengo pocas palabras. Ninguna a la altura de lo que nos da tu sonrisa, tu carcajada limpia.

Solo espero, churra mía, estar a tu altura; y enseñarte a ser un tipo honrado...  y así la vida te devuelva con sentimientos cada sentimiento que tu regales.

Soy mejor persona gracias a ti y eso que tú me das es mucho más de lo que yo podré ofrecerte.

Felicidades tunante.  Te quiero.

Sábado 1 de agosto de 2105

25 de junio de 2015

Si bastasen un par de...

Bajo el suelo no hay nada, no crean lo que les dicen. Todo es mentira. No existe nada bajo el piso. Todo es aire en quietud. Oquedad llena de pensamientos náufragos, de sentimientos huérfanos, de pacientes emociones esperando ser sentidas. Nada, por tanto. La Tierra en sí no tiene corazón, es hueca, como esa pelota de playa barata. Y sobre ella, todo vuela. El viento domina un paquete de pipas que danza al compás caprichoso sin atender a las pisadas de los viandantes. Hoy hacia aquí, mañana huye. Sin meta, sin destino, porque no existe destino ni razón en el viento; porque el viento es un niño caprichoso y malcriado que de todo tiene y nada valora, ni siquiera la libertad de poder elegir.

Si yo fuera viento elegiría rozarte cada rato. Huir contigo hacia delante, de tu mano, protegido. Si yo viento fuera, Samuel, apagaría juguetón las velas de tu cumpleaños, a cada ratito, para, seguramente, dejar que el sonido de tu risa se posara en mí y poder guardarlo conmigo.

O quizás no. Quizás, si yo fuera viento giraría al revés esta falsa Tierra, cual Superman, tan rápido, tan fuerte, tan decidido, que llegaría al primer día de todos y elegiría tocarte, besarte, olerte, cogerte, calmarte, cantarte, bañarte... de nuevo. 

Si bastasen un par de palabras para felicitarte, hijo mío. Si bastasen un par de lágrimas para ser viento.

5 años.
"Si bastasen un par de canciones"
Eros Ramazzotti
Jueves 25 de junio de 2015

20 de abril de 2015

Háblame de él

(Reflexiones tras leer el artículo "Lo que me gustaría que la gente entendiese sobre el hecho de perder un hijo" de Andrea Araya Moya)

Lo que más me gusta del mundo es hablar de mi Samuel. Así aprendí a encontrar el equilibrio entre el dolor desmedido y el sentimiento onmipresente de culpa impermisiva por haber sobrevivido a él, por ser un superviviente antinatural. 

En casa lo nombramos a todas horas, está presente en nuestro día a día. No, no somos masoquistas. No, no lo hacemos desde el dolor o desde el desgarro, ni tampoco desde la ilusión o desde la fantasía. Lo hacemos, simplemente, desde el cariño nostálgico, desde la sonrisa dulce, desde la ternura de unos padres que supieron robar felicidad a los momentos de tristeza.   

No, no te sientas incómodo si hablo de él en tu presencia, no hablo de pasado cuando lo nombro, no es el ayer lo que me llama ni aquella vida la que añoro. Ya he aprendido a soñar por las noches, a sonreír con tristeza en mis ojos, a llorar con alegría en mis entrañas. Hablo de él porque es mi vida. Hablo de presente cuando lo refiero. 

Ni te guardes un comentario sobre él en mi presencia. Habla de él alegremente cuando algo te recuerde su risa, su llanto, su peculiar bostezo, su forma de desperezarse.  Habla de él con cariño en tus ojos, con futuro en tu mirada, con ganas de gritar su nombre.

Habla de él cuando lo recuerdes. Habla conmigo.

Porque con su muerte quedé herido por siempre. Con su olvido moriría.


"¿Y yo sigo aquí sin saber por qué?" 
Aún no te has ido (Vanesa Martín)
Lunes (de pescaíto) 20 de abril de 2015

10 de septiembre de 2014

4 años son demasiados incluso para nosotros

Es el recuerdo de cada amanecer lo que me convence. La huida hacia delante lo que nos salvó la vida. El tiempo que pasamos juntos lo que me mantiene fuerte.

Aquella vuelta a casa, aquel cojín, aquel grito a pleno pulmón hundido en el sofá, la ducha de después, la primera noche en cobardía, el primer domingo en negro del calendario, aquellos llantos camino al trabajo durante las primeras semanas. Cuatro años hace ya de tanto que me da pavor que el reloj siga caminando y que la vida siga empujándome hacia el único sitio en el que tú no estás. 

Por eso vengo aquí. Porque aquí te guardo a los ojos de todos. Aquí, a plena luz, te escondo y te llamo para mí. Porque sé que aquí regresas cada vez que te necesito. A veces, aun, con mucha tristeza y muchas lágrimas. Otras, en cambio, con pasión de padre, con amor rebosante, con caricias introvertidas. 

Cuatro años son demasiados para mí. Tiemblo sintiendo que la rutina me invita a veces a no tener tu momento, a no vivir tu vida en mí. Me sobrecoge que el tiempo me obligue a caminar en el sentido contrario al que necesito. Me aterra notar que la virtud de poseerte es cada vez más voluntaria. Me estremece que la noche calme más que el día, que el camino se vuelva circular. 

Es diez de septiembre otra vez. Y lo celebro. Porque vuelvo a tener esa tristeza que necesito para no despiadarme.

A ti, Samuel. 
 Miércoles 10 de septiembre de 2014

7 de julio de 2014

Julio

Julio es mar oscura que huele a vida. Es castillo de arena desbordado por vientos errantes que no precisan permiso para imponerse. Es noche de paseo marítimo inundado por olas de vaivén amenazante. Es julio olor a desayuno con pan de ayer, aderezado con gorjeos de ladronas gaviotas al acecho.

¿Quién te entiende Julio? ¿Cómo recordarlo con tristeza si julio siempre olerá a vida? ¿Cómo sentirlo con alegría si julio nunca volverá a predecir agosto? ¿¡Quién!? ¿¡Quién logrará entenderte!?

Retienes manos y caricias escondidas en lugares remotos; retienes primeros besos, abrazos, amor esmerado que por vigorosos ojos brota a caudales de naturaleza impía. Retienes miradas inmaculadas con permiso para posarse en cada triza cándida de olor a vida naciente.¿Cómo no quererte Julio?

Pero desprendes mucho. Desprendes desasosiego y cobardía en lágrimas manadas de forma prematura. Desprendes latigazos de pavor calmados en mil abrazos protectores. Desprendes sollozos ahogados entre caretas que rezuman apariencia. ¿Como no temerte, entonces, Julio?

Es julio amor y recelo. Es julio soledad y compañía. Una isla rodeada de embaucadoras imágenes sostenidas por la fuerza de un sonrisa que ilumina una ciudad entera para siempre.

Es julio un continuo ir y venir de emociones. Agitación. Turbación. Vida. 



Julio: Donde mis recuerdos se posan
Lunes 07 de julio de 2014 


18 de abril de 2014

¿Quién gritará tu nombre?

Y si no te recuerdo yo ¿quien lo hace hijo mío? Y si no nacen estas letras que hablan más de ti que de mí, ¿quién te revive?

Son mis dedos los que necesitan saber de ti, saber que alguien te resucitará mientras trabaja, mientras desayuna, mientras siestea en un sofá sin saber siquiera el poder que sus ojos emanan, el sentido de su lectura, la incomensurable fuerza que derrochan cada una de estas palabras que vuelan, a veces por su alma, a veces por su mente, a veces sin rumbo. 

Por esto siento la necesidad de recordarte, para obligarte a revivir.

Porque si no te escribo yo, ¿quién te recuerda, hijo mío? ¿Quién vive tu presencia aunque sea un ratito cada día? ¿Quién te llama? ¿Quién grita tu nombre con el pecho ensangrentado, con ojos derramando sal, con hiel, con miel también, en las entrañas, con amor incuestionable, imparable, en su garganta? ¿Quién robará segundos para regalártelos? ¿Quién morirá de amor por ti antes de que el amor por ti muera?

Y sobre todo hijo mío, ¿quién pasará página sabiendo que tú estás en todas y cada una de las letras del libro de su vida?

Un día, Samuel, lo comprendí TODO.
"Mi vientre cosido
Mi vientre cosido a tu vientre,
tu luz a mí traída,
tu pelo enredando el aire
como viento que arrastra hojas
o jóvenes con el corazón en llamas,
que es el vivir.
“Esquivar el suelo y remontar
una y otra vez el aire”, me dices.
Cómo nombrarte, amor, y no desangrarme.
Cómo nombrarte, como decir tu nombre,
que es mi vivir, amor,
y no desangrarme,
y no dragar el corazón hasta hacerlo entrega,
que es el amar.
Dime cómo, amor,
cómo traer a mí el espacio de tu nombre,
no desangrarme
e ignorar que la intemperie en las costillas,
que la soledad en el fin de la garganta
contigo esquivaron mis ojos"
Los Desperfectos. (Martín Lucía, 2009).
Viernes Santo 18 de abril de 2014

30 de enero de 2012

Recuerdos que no quiero borrar

Jamás podré olvidar aquella llegada a casa. Fue el primer día tras el parto. Volvíamos solos. Samuel quedó en el Hospital, en una incubadora. Todo empezaba. 

Aún no sabíamos nada. Imaginábamos mucho. 

Era de noche. Calurosa, ingrávida, densa, pesada. Salíamos del Hospital acompañados por nuestros compadres. Nos despedimos y nos montamos en el coche. Solos. Con nuestro miedo infinito, con nuestra tristeza desconsolada e inconsolable. 

Llegamos y aparcamos en el garaje. Nos miramos entre lágrimas y me dijo tocándose su vientre:

- Sin barriga y sin mi niño... sin barriga y sin mi niño...

Aún no sé de dónde sacamos fuerzas. 

---

Hoy, un año y medio después de aquello, echo la vista atrás y me enorgullezco. Ha sido muy difícil todo. No es fácil tomar muchas de las decisiones que tomamos. Nada fácil. No es fácil intentar luchar por esa felicidad negada, abrir las mismas puertas que nos llevaron a las tinieblas y esperar ahora el paraíso.

Hoy me quedo con que el destino no es invencible. Dos personas convencidas pueden mover muchas cosas. Solo hay que echarle cojones a la vida y luchar mucho. Estar dispuestos a sufrir, a tener miedo, a no rendirse ante la fatalidad, a tener paciencia y esperar los momentos, a no saltarse etapas, a llorar cuando toque, a resentir, sabiendo que, si a pesar de todo, algo no hubiera salido bien, la tranquilidad de conciencia será nuestra mejor compañera de viaje. 

Aprendí que cada vez que te das pena a ti mismo estás perdiendo una gran oportunidad de luchar.
 
El hoyito de Paola me lo recuerda todo, es nuestra imagen del triunfo, de la recompensa. Para nosotros, luchar ha merecido la pena.


Con dos cojones, esposa.
Lunes 30 de enero de 2012

1 de enero de 2012

Una navidad después.

Llegué aquella tarde de trabajar, como otra cualquiera. Mi mujer bajaba las escaleras en el mismo instante en el que yo abría la puerta. Ya olía distinto.


Entrecortada, sin saludos que perdieran minutos, las palabras se escapaban de su boca. "Marío, estoy embarazada".


Nos abrazamos y rompí a llorar. Lloraba por Samuel. Lloraba por mi mujer. Lloraba por mí. Lloraba por abrir de nuevo el futuro. Lloraba porque, por fin, una nueva ilusión podría luchar contra tanta injusticia. El miedo no cabía, la desesperanza tampoco. Eran lágrimas de confusión, imparables todas. Lágrimas que ponían el broche a un 2010 impresionante, extraordinario, en sus más rigurosas ascepciones. Impresionante, porque nos impresionó. Extraordinario, porque se salía de lo ordinario, de lo normal.

Y salimos presurosos a nuestras casas. A gritarlo, a llorarlo, a sentirlo con nuestra gente necesaria. A recibir sus abrazos, a alegrarles la vida, a darles un motivo para, cuando menos, endulzar algo unas navidades que se presentaban demasiado amargas para poder siquiera intentar saborearlas. 

Ya hace una navidad de todo eso. La sonrisa de Paola analgesia nuestro alma. Nos da vida, porque nos permite recordar a Samuel, sin miedos ni fantasmas en nuestras cabezas. 

Un año de valientes, esposa. Un año para conocernos y amarnos en la desgracia mutua. Un año para tocar fondo e impulsarnos.

¡Disfrutemos!

"Te estoy queriendo tanto que..."
Domingo 1 de enero de 2012 

12 de diciembre de 2011

Evidencia

Era evidente. La vida se te escapaba. Tu cara era una fotografía de la muerte. Tu cuerpo apenas podías guardar vida. Realidad...

Nuestra sonrisa, por momentos, también se esfumó aquella noche. Ni siquiera pudimos evitar llorar en tu presencia. Morías poco a poco, junto con nuestra esperanza, junto con nuestras ilusiones, junto con nuestra felicidad. Tristeza...

La muerte tiene cara. Y cuando la ves entiendes que por más que desees, por más que empujes, por más que aprietes tu alma, no hay nada que hacer. La muerte siempre gana la partida. Impotencia...

"Id a casa, descansad, pero no apaguéis el móvil...".

Frase que dio comienzo a la noche más larga de nuestra vida; incluso más que aquella primera noche en soledad en la que la ausencia fue vencida por el cansancio. Pesadilla...

Recuerdos mojados...
Lunes 12 de diciembre de 2011

16 de noviembre de 2011

Duérmete, mi niña, duerme en mi pechera.

Duermes disimuladamente bajo la incrédula mirada de unos padres con demasiado amor acumulado en sus corazones.

Tu mirada llena nuestros ojos de vida. 

Tu sonrisa, cada vez menos fortuita, devuelve el aire robado a nuestros pechos.

Tus dedos regalan caricias de vida feliz.

Tu cuerpo, entre nuestros brazos, retiene sensaciones de antaño.

Tu voz pone banda sonora a nuestros recuerdos.


Duérmete mi niña, en mi pechera.

"Ea la ea...
que mi niña se duerme
ea la ea...
con esos ojitos verdes
de sementera,
en la almohada caliente
de mi pechera"
"Manuela"
 Miguel Moyares para Las Carlotas.
Martes 15 de noviembre de 2.011.

17 de octubre de 2011

Lo primero y lo último

Lo último que hago, cada noche, cuando decido poner fin al día, es mirar mi móvil. Cada mañana, cuando mi despertador decide poner inicio a mi día, lo primero que hago es mirar mi móvil. Y me desgarro el alma, mi alma, al acostarme y al despertar.


Me desgarro mi alma al dormir y al despertar y mil veces más al día, cada una de las cienes de veces que desbloqueo mi móvil solo para acariciar la foto de tiempos pasados, y mejores. Cada una de las cienes de veces que acudo al recuerdo de mi hijo para no olvidarlo.

Yo, para estar de pie hoy necesito ver la foto de mi hijo. Para sonreír hoy, necesito saber que lloré ayer y que lloraré mañana. Necesito transportarme al feliz pasado, al pleno pasado, cada ratito, porque si llevo mucho sin hacerlo, noto que me falta algo.

Entendí desde el primer día que necesitaba incorporar mi pasado como parte de mi presente para llegar a superarlo. Borrar el pasado para tener un presente feliz no puede nunca convertirse en una estrategia buena. Llenar el presente de preguntas incontestables, tampoco.

La vida está llena de puntos y seguido. El punto y aparte se parece demasiado al punto y final.

Dos años después. 
Nunca una alegría como aquella. 
Quizás alguna tristeza nos quede.
Lunes 17 de octubre de 2.011

12 de octubre de 2011

Si tú estás sobre mi pecho...

... entonces no tengo miedo al llanto. La oquedad de mi corazón desvalido se llena con la energía que brota de cada uno de tus latidos. Pecho con pecho el aire nace en cualquier rincón.

Porque si tú estás sobre mi pecho, la vida vuelve a parecerse a la vida y las estrellas engalanan cielos de ciudad.




Y en ese momento preciso, los cuentos infantiles cambian lágrimas eternas por sonrisas incomprendidas, pero comprensibles.



A Paola, mi niña.
Miércoles 12 de octubre de 2011