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Mostrando entradas de junio, 2015

Si bastasen un par de...

Bajo el suelo no hay nada, no crean lo que les dicen. Todo es mentira. No existe nada bajo el piso. Todo es aire en quietud. Oquedad llena de pensamientos náufragos, de sentimientos huérfanos, de pacientes emociones esperando ser sentidas. Nada, por tanto. La Tierra en sí no tiene corazón, es hueca, como esa pelota de playa barata. Y sobre ella, todo vuela. El viento domina un paquete de pipas que danza al compás caprichoso sin atender a las pisadas de los viandantes. Hoy hacia aquí, mañana huye. Sin meta, sin destino, porque no existe destino ni razón en el viento; porque el viento es un niño caprichoso y malcriado que de todo tiene y nada valora, ni siquiera la libertad de poder elegir.
Si yo fuera viento elegiría rozarte cada rato. Huir contigo hacia delante, de tu mano, protegido. Si yo viento fuera, Samuel, apagaría juguetón las velas de tu cumpleaños, a cada ratito, para, seguramente, dejar que el sonido de tu risa se posara en mí y poder guardarlo conmigo.
O quizás no. Quizás, si…