31 de agosto de 2010

Causas y efectos

Es un momento de sonrisas contadas. Quizás más sinceras, quizás más sentidas. 

Cuando todo va, uno no se percata de cuándo ríe. Ríe, sonríe, sin ser consciente de ello, muchas veces. Pero sobre todo, ríe porque es feliz, aunque sea en ese momento preciso. 

Cuando la carretera se vuelve montañosa la risa, la sonrisa, es quizás el primer peaje que se presenta. Uno es capaz de pasar un día entero sin reír, sin sonreír. No sonríe, no ríe, porque no es feliz. 

Estos días de agobio me han dado para pensar mucho y sobre muchas cosas. Y una de ellas ha sido la felicidad y la risa, y la sonrisa. Y la conclusión más importante que he sacado ha sido, sin duda, que si la felicidad trae la sonrisa espontánea, la sonrisa también puede traer la felicidad. No solo debo reírme, sonreírme si soy feliz, también debo ser feliz porque soy capaz de reírme, aunque tenga que hacer un esfuerzo para ello. 

No pienso volver a acostarme ningún día, si antes no he sonreído y mucho menos, si antes no he sido capaz de hacerte sonreír, esposa... Ya te lo dije aquel día que íbamos tan guapos... "buscaré tu sonrisa, porque sin ella ni sé ni quiero vivir".

No dudes que llegará ese día en que los tres sonriamos porque somos felices. Mientras, hagamos el esfuerzo de sonreír, que lo merecemos tanto como el que más.

Sonríe esposa, ya verás como la felicidad viene después.

Sonrían todos.

Besos. 
Maestro Lolo. 

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Cada vez hace mas tiempo del 10 de septiembre y cada vez resulta todo más confuso. El mismísimo tiempo, que te aleja de aquellos oscuros re...