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Mostrando entradas de julio, 2012

Domingos impuros, domingos impiadosos

Aún recuerdo que los domingos dolían mucho. Dolían en el pecho que quedaba ausente, en el estómago siempre huérfano, en el corazón de latidos enfermizos e intermitentes, en el alma pusilánime y desganada. Los domingos de felicidad ajena portaban puñales terminantes mientras suplicaban resquicios de propia felicidad. Cada domingo teníamos que nacer de nuevo. Derrotar recuerdos futuros de todo aquello que debería venir pero no vendría, de aquellas imágenes que sonaban a familia risueña, de aquellas canciones que olían a vida completa, de aquellos aromas que nos pertenecían pero nos robaron. Eran domingos impuros, domingos impiadosos.

Pero todo termina en la vida. El domingo ya no llega con sed de venganza. Sus imágenes, sus aromas, sus sonidos, vuelven a ser los nuestros. Ha costado mucho desaprender. Imágenes por venir que fueron dejando su sitio a imágenes vinientes. Y todo con mucho disimulo, con mucha melancolía, con muchas sonrisas obligadas.

El gusto por recordar. La seguridad del…