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Mostrando entradas de octubre, 2011

A Luis. A Eli. En su día inolvidable..

Cualquier cosa valía. Eran tiempos de trompos, de grillos en las manos, de estampas y de álbumes. Eran tiempos de balones y bicicletas. La amistad se medía en puñados de pipas, en invitaciones a chucherías, en grabar con llaves nuestros nombres en los bancos de madera.
También eran tiempos de sembrar, de crear lazos, de juntar nuestras manos para llegar más lejos, de querernos a nuestra manera. La Luna estaba mucho más cerca y jugábamos a tocarla a cada instante. Era fácil imaginar. Y bonito. Y divertido. Porque los sueños tenían mucho de sueños y el futuro era un folio en el que apenas se dibujaban algunas palabras sueltas.
Y es que eran tiempos despreocupados, con muchas sonrisas y pocas lágrimas. Los problemas eran problemas hasta que dejaban de serlo y las carcajadas se contaban por miles. Porque cualquier cosa valía para reírnos, para querernos.
Empezábamos nuestros caminos. Andábamos, corríamos, saltábamos... volábamos. Juntos. De la mano. Sin miedo.
Y fue un día cualquiera, en una …

Lo primero y lo último

Lo último que hago, cada noche, cuando decido poner fin al día, es mirar mi móvil. Cada mañana, cuando mi despertador decide poner inicio a mi día, lo primero que hago es mirar mi móvil. Y me desgarro el alma, mi alma, al acostarme y al despertar.


Me desgarro mi alma al dormir y al despertar y mil veces más al día, cada una de las cienes de veces que desbloqueo mi móvil solo para acariciar la foto de tiempos pasados, y mejores. Cada una de las cienes de veces que acudo al recuerdo de mi hijo para no olvidarlo.
Yo, para estar de pie hoy necesito ver la foto de mi hijo. Para sonreír hoy, necesito saber que lloré ayer y que lloraré mañana. Necesito transportarme al feliz pasado, al pleno pasado, cada ratito, porque si llevo mucho sin hacerlo, noto que me falta algo.
Entendí desde el primer día que necesitaba incorporar mi pasado como parte de mi presente para llegar a superarlo. Borrar el pasado para tener un presente feliz no puede nunca convertirse en una estrategia buena. Llenar el prese…

Si tú estás sobre mi pecho...

... entonces no tengo miedo al llanto. La oquedad de mi corazón desvalido se llena con la energía que brota de cada uno de tus latidos. Pecho con pecho el aire nace en cualquier rincón.
Porque si tú estás sobre mi pecho, la vida vuelve a parecerse a la vida y las estrellas engalanan cielos de ciudad.




Y en ese momento preciso, los cuentos infantiles cambian lágrimas eternas por sonrisas incomprendidas, pero comprensibles.



A Paola, mi niña. Miércoles 12 de octubre de 2011

Palabras de mamá.

"¡Ay esta niña que parece que sabía que en esta casa necesitábamos sonrisas!".
Porque hay sonrisas que, por momentos, devuelven esencia de vida a almas en cuarentena.




Miércoles 5 de octubre de 2011