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Mostrando entradas de noviembre, 2010

Letras que mojan el cristal

Son las 7:28h de la mañana. Me quedan dos minutos para morir. En mis sueños vivo. 
Las 7:30h. Suena en mi móvil la BSO de "La Vida es Bella" que me despierta dulce, suave, como una madre a su hijo, como un padre a su hija. 
Pongo mis pies en el suelo. El contraste de temperaturas me despierta, me mata definitivamente. Me visto con esa ropa que huele a rutina y bajo a desayunar. Aún cerrados mis ojos, aún soñando vida, aún creyendo que no es verdad. Mientras desayuno, el noticiario de Canal Sur Radio me dice que hará sol en Sevilla. No me lo creo. Hoy es un día lluvioso, son muchos ya los días en los que el Sol no se atreve a salir. Subo de nuevo, ahora directo al cuarto de baño para el aseo matutino. Allí me espera el espejo, tan sincero como siempre. Me miro y me pregunto:
"¿Cuándo deja de sangrar una herida abierta?"
Es entonces cuando vuelvo a la cama, para darte tu beso, para recoger mi beso. Te miro y siento, te miro y tiemblo, te miro y pienso: 
"No sé cuándo…

Todo no es suficiente

Algunas veces, las cosas son como son, vienen como vienen, y no hay más que hacer. Las respuestas son huérfanas y la culpa no tiene dueño. 
Y es que desear algo con todas tus fuerzas  puede, a veces, no ser suficiente. Pedir no está en el mismo diccionario que dar y desear es, tan solo, un deseo deseable. Tanto y tan poco.
Porque el hecho de que tu gente empuje no temrina moviendo. Porque las palabras amables, no llegan nunca a curar. Porque los ánimos nunca han borrado, ni siquiera son capaces de esconder, los problemas.  
Todo, a veces, no es suficiente.
Pero todo, esta vez, sí fue válido. Tan válido que, sin tanto amor, jamás hubiéramos podido encontrar esas nuevas ilusiones, que aún tímidas, empiezan a dominar nuestras vidas. Ni hubiéramos podido encontrar compañía, o motivos para reír, sonreír tal vez, cuando la tristeza nos demostraba que algunas veces Cenicienta y sus hermanastras pueden calzar el mismo número de zapato.
Algún día encontraremos la forma de devolver tanto. Mientras…

Eligiendo ser feliz o luchando por ello.

Hace 60 días, dos meses, marchábamos de la mano. Mi mujer y yo. Yo y mi mujer. Junto con nuestra gente necesaria. Terminaba nuestro presente y empezaba nuestro pasado. Salíamos, por aquel entonces, por la puerta del crematorio de Coria el Río, cuando ya nuestro hijo no estaba en ningún lado, o en todos quizás, y mi mujer, mientras me daba uno de sus abrazos reparadores, me susurró entrecortada al oído: "Ya estamos en la pista de despegue".
Siempre se puede elegir luchar o hundirse. Siempre.
No permitan que el destino elija.
Esposa, hoy,  uno más uno son tres,  ¿a que sí?
 ... como la trucha al trucho. Miércoles 10 de noviembre de 2010