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Carcajadas

Ayer entendí que tus fotos son finitas. Empiezan en la primera y acaba en la última.  Y yo me las sé de memoria.  Ayer la realidad apareció en mi mente de forma cruel y miserable. E inoportuna. No era el momento. Allí no. A esa hora, no.

Quizás ya sea hora de ver tus vídeos. Aún no sé si tengo fuerzas para ello. En contadas ocasiones lo he hecho. Todo llegará. Esto también. Pero no quiero verlos tantas veces que llegue el día en el que también empiecen en el primero y acaben en el último. Saberme de memoria tu último vídeo sería otro miserable golpe de la vida, que de momento no me apetece recibir. Es como tener algo tuyo por recordar. Recuerdos por venir. Ya llegará. Ya llegará. Cuando mi alma esté, de nuevo, preparada para sentir.

Te eché de menos. Jugábamos a las cosquillas en la cama. Era mi cumpleaños y no estabas como a mí me hubiera gustado que estuvieras. Todos reíamos. Mientras, la foto de tu vida en composición me devolvía a la irrealidad de poder tenerte allí. A ti no, tú estabas. Siempre estás. De poder tener allí tu piel y tus gritos, tu llanto y tu pataleo, tu sonrisa nerviosa, tus pelos, tus manos, tu barriga. Eché de menos saber si tenías cosquillas o no, cómo sonaba mi nombre en tus labios, cómo sabía un beso de buenas noches a tus 5 años.  Eché de menos tu piel, tus gritos, tu sonrisa, tu mirada. No te eché de menos a ti, tú estabas; siempre estás. Eché de menos tocarte, olerte, escucharte reír a carcajadas, tus carcajadas eso es. Eso es lo que eché de menos. Tus carcajadas.

Tus carcajadas... Y que volvieran las mías...

("Echo de menos". Kiko Veneno)

Te echo de menos
más de lo que te escribo
Lunes 18 de abril de 2016

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