17 de octubre de 2018

Aquello, era esto.

Aquel 17 de octubre parecía rubricar el camino elegido. La búsqueda de la compleción de algo que en sí mismo ya era completo. Por decirlo de alguna manera, ya eramos felices. Pero cuando llegas a una meta como esta, necesitas que deje de ser meta para ser camino. Y eso era lo que queríamos: la felicidad como paisaje en nuestra verea. Ser felices haciendo: aquel 17 de octubre del 2009, como no, fue un día muy feliz.

Lo que vino después tiene que ver más con la necesidad, quizás, que con cualquier otra cosa. Entiéndannos, echábamos de menos la vida conseguida y arrebatada. Habíamos amado en plenitud; habíamos aprendido a amar en plenitud. Cualquier otro amor ya jugaba en desventaja. Parecía poca cosa, amor limosnero, miseria. Amar a un hijo es amor verdadero. 

Cierto es que aquella valentía invertida salió cara; tan cierto como que pudo, también, salir cruz. Cierto es, por supuesto, que si hubiéramos conocido el decorado de nuestra vida de 2018 de antemano, no hubiese sido valentía, sino egoísmo, sino el camino ya caminado, sino nada por descubrir.




Tan verdadero todo, tan cierto todo, como que los sentimientos genuinos nunca se reflejarán en un espejo; y, menos aun, en un espejo de madera.

9 años.
Miércoles 17 de octubre de 2018

8 de septiembre de 2018

Cada vez

Cada vez hace mas tiempo del 10 de septiembre y cada vez resulta todo más confuso. El mismísimo tiempo, que te aleja de aquellos oscuros recuerdos, que te ayuda a recomponer la herida, a convertirla en cicatriz cosida que limita pocos sentimientos, es, ese mismo paso del tiempo, el que te hace vivir nuevas experiencias con tus hijos, y el que te obliga a sonreír con ellos, para ellos, por ellos. Sonrisas que, casi cada vez, vienen acompañadas de un sordo lamento, tiznadas de tristeza, melancolía, nostalgia. ¿Cómo sería todo si pudiera besarte, si pudieras besarme?

Septiembre llega para recordarme lo efímero, la insignificatividad de quien cree que todo lo tiene porque todo puede tocarlo; lo abstracto, muchas veces, también se palpa.

Fue un 10 de septiembre cuando me arrebataron una vida para entregarme otra. Y es todo confuso, muy confuso para mí: mi ahora, con este pellizquito de triste sonrisa, de alegre tristeza, que tanto me gusta, sería completamente distinto sin aquel 10 de septiembre en el almanaque. Tendría otra vida.

Hace 8 años ya de todo y, lo único que puedo aseverar es que aquel miedo que me paralizaba al principio de olvidarte más de la cuenta fue infundado. Hoy estás más presente que nunca y ese dolorsito, me da la vida y, en parte, me alegra.

Hoy empiezo las clases con mi grupo de 3º de primaria. Con mis niños de 8 años. Bendita coincidencia. 

Lunes 10 de septiembre de 2018

14 de agosto de 2018

Paola 7

En la lejanía, el faro de Trafalgar, vigilante, protector, ojo avizor, enseñándome esa dicotomía de fortaleza y debilidad que me embarga si en ti me veo; el viento de levante, caprichoso e inoportuno casi siempre, recordándome el componente azaroso, incontrolable, de este proyecto por vivir sin revivir; el océano Atlántico, poderoso, majestuoso, mostrándome su fortaleza imperial, su dominio ante el polvo que seremos; y el sol, con su fotogénico ocaso, presentándome el imparable e imperturbable paso del tiempo, aleccionándome sobre el aquí y el ahora.

Tú, rubia mía, no obstante, en el lugar exacto, alrededor de tu sonrisa, mi jaque mate.

Y yo, cerca de ti, hallándome en mi intento de protegerte, guiarte, exigirte, empujarte, orientarte: educarte. Yo, rubia mía, encontrándome entre el disfrute y el amor si en tus ojo me veo.

Porque hace hoy siete años, muy posiblemente, este faro, este viento de levante, este sol, este Atlántico eterno... purificaban otras almas, recargaban otras vidas necesitadas de momentos de paz y serenidad, con el vaivén del mar y su oleaje periódico como banda sonora vital. Y así, seguramente, nunca este paisaje fue tan bello; y así, irremediablemente, nunca lo fue como hoy para los ojos de este padre tan agradecido a ti, tan endeudado contigo.



Felicidades rubia mía.

Que te quiero yo a ti un millón.

Martes 14 de agosto de 2018

1 de agosto de 2018

Martín 4.

Vuelas. Ya vuelas. Cuatro años desde aquel día y ya vuelas.

Me demuestras tu amor, tu admiración a cada ratito. Como tú me miras, como tú me abrazas antes de irte a la cama, quizás no me mire, no me abrace nadie, nunca.

Si tuviera un botón para pausar el mundo, un botón que solo pudiese pulsar una vez, si tuviera que elegir un momento, podría ser ese. Nuestra recarga de energía amorosa, esa que nos mueve, nos vitaliza, nos revitaliza. Es como si me llenases de esa energía que tú mismo te has encargado de absorberme hasta la última gota. Ya, entonces, dispuestos un día más.

¿Te digo una cosa, tunante? Seguro, podría vivir sin mucho de lo que tengo, pero no sin tus carreras para verme cuando llego a casa, sin tus besos espontáneos, sin tu boca regalándome cada poco: "¿Papi, puedo dormir en tu pecho?"

Felicidades vida mía. Como yo te quiero, como tú me quieres, deberíamos querernos todos.

Miércoles 1 de agosto de 2018

24 de julio de 2018

Julio me desnuda

Las noches de Julio me desnudan el alma, porque es el mes que más disfrutamos de Samuel. Claro que tuvimos mil agobios. Imagina la situación: padres primerizos (eso ya es un agobio en sí mismo) que tras diez días de UCI se llevan a casa a su hijo con una cardiopatía grave que sería corregida a vida o muerte en quirófano al final del verano. Y añádele que el cirujano cardiovascular se sincerase y nos comentase que cuanto más peso ganase Samuel, más posibilidades de sobrevivir a la operación tendría.

Así se presentó Julio. Como un máster en paternidad.

Y tras muchos ratitos hablando, tras mucho convencimiento y autoconvencimiento personal, decidimos echarle coraje y disfrutarlo. Samuel merecía a unos padres en plenitud y ese esfuerzo compensaría (aunque ahí no imaginábamos cuánto). Así que aparcamos la operación. Aparcamos el miedo. Dejamos de llorar, ni por fuera ni por dentro. Y fuimos a por la vida: a vivirla, a afrontarla sonriendo. Fue difícil, joder, muy difícil, pero hoy puedo escribir muy orgulloso que tuvimos dos cojones y lo conseguimos. Y eso es seguro, tras mi Samuel, y tras la decisión valiente de volver a buscar hijos y ver nacer a sus hermanos, de lo que más orgulloso estoy en esta vida.

Por eso me encanta Julio. Por eso lo escribo con mayúsculas. Porque Julio me desnuda. Huele a Samuel. ¡A vida! A paseos, a noches durmiéndolo en mi pecho, a sus "ajós", a mi mujer y su hermosa sonrisa de madre; huele a amor verdadero, a atardeceres con toda la vida por delante.

Julio me deja sin palabras porque me repleta de sonrisas vencedoras, de lágrimas vencidas.

Julio me trae a mi Samuel como ningún otro mes será capaz de ofrecérmelo. Por eso lo celebro.

Es mi manera de tenerlo presente, de no olvidar; no a él, nadie olvida lo que no necesita recordar. De no olvidarme a mí. De seguir sabiendo quién soy...

... y, sobre todo, de seguir sabiendo quién quiero ser.

Te debo tanto...

Martes 24 de julio de 2018

 

25 de junio de 2018

Qué día más grande el de aquel año

Hoy me quedo con aquel recuerdo de paritorio, con la felicidad inmensa al atravesar el pasillo que separaba la emoción por compartir de la explosión de sentimientos y besos compartidos, que nos separaba de esa bella estampa de una gran familia feliz y unida, celebrando lo más grandioso que puede celebrarse. No os mintáis. No hay nada más hermoso en este mundo.

Me quedo, también, con aquella erupción de alegría tras los nervios, con la primera vez que lo vi, con ese primer beso que le di en su cabecita a modo de presentación: "enano, soy yo, papá, y para siempre".

Por eso, porque el 25 de junio de 2010 conocí y viví la felicidad plena en mí, en nosotros, no permitiré que cualquier otro 25 de junio sea un día triste. Ya habrá otros: eso es ineludible. Pero no hoy. Hoy será un día de recuerdo feliz. De respirar aquellos olores, por enésima vez, de permitirme sonrisas y de luchar porque  aquellas benditas imágenes sigan morando en mi corazón y broten a mi pecho impermisivamente.

Porque hoy mi Samuel cumpliría 8 añitos.

Porque hoy es un día perfecto para que sea ayer.


Hoy es, además, un día precioso
para decirte cuánto te quiero
esposa mía.
Lunes 25 de junio de 2018

4 de junio de 2018

Junio y el arcoiris.

A veces no es que empiece a llover. A veces, simplemente, llegas a un lugar en el que ya estaba lloviendo.

Aquel día, hace un par de semanas, volvíamos a casa en coche de cualquier destino sin importancia. Jugábamos a los animales, o quizás a las adivinanzas, o cantábamos canciones infantiles con el único propósito egoísta de mantener despiertos a los tres pequeños, de hacerlos respetar nuestro horario adulto.

Pues en esas andábamos cuando llegamos cerca del pueblo y las primeras gotas empezaron a estrellarse contra el cristal. 
- ¡Vaya, qué raro, con el sol que hace y está empezando a llover! - les dije intentando provocar sus respuestas.
- No papá, no está empezando a llover, hemos llegado nosotros a un sitio en el que está lloviendo - me dijo mi Pepito Grillo particular rumiando alguna conversación anterior sobre este tema. Ella y su memoria. Yo y la mía.


Sobre el horizonte, a la derecha, dos majestuosos arcoiris, concéntricos. Uno pequeño, uno grande. Ambos delimitados, contorneados.

Y Junio en puertas. Y en él, el no cumpleaños de mi Samuel. Y en él, el segundo aniversario de la noticia de saber de Leo.

Un arcoiris necesita de la lluvia y el sol como yo necesito de la sonrisa y la lágrima para vivir.

Viernes 8 de junio de 2018

Aquello, era esto.

Aquel 17 de octubre parecía rubricar el camino elegido. La búsqueda de la compleción de algo que en sí mismo ya era completo. Por decirlo d...