25 de junio de 2019

El doble

Te prometí, la primera vez que te vi, que sería tu padre para siempre. Y aquí me hallo, guardadando tu promesa en mi corazón para que el tuyo vuelva a vivir, como todos los días y como, especialmente, cada 25 de junio.

Aceptado quedó que en alguna tienda habrá un paquetito de nueve velas, una guirnalda con tu nombre y un globo con forma de nueve que nunca serán comprados, que formarán parte de cualquier inventario nocturno, que aparecerán en liquidación a pocos días del cierre del comercio. Como los del ocho, como los del siete...

Pero no temas. Aquel viejo miedo de hace 9 años ya no me intimida. Una vez aceptada la injusticia, una vez remendado el pecho, seré el doble de valiente, el doble de luchador, el doble de digno, el doble de feliz... en honor a ti y a tu memoria. Y aquí serás. Y aquí permanecerás siempre.

Felicidades, hijo mío, desde mi corazón al tuyo. Tu recuerdo sigue brotando sin permiso. Te sigo imaginando cuando quiero.

Martes 25 de junio de 2019

17 de mayo de 2019

Sobre la felicidad y la paternidad.

Dos rayitas paralelas dan el pistoletazo de salida a la ilusión. Como por arte de magia empiezas a fijarte en todo. Igual que con los coches de autoescuela cuando te estás sacando el carnet de conducir, parece que se multiplican las embarazadas, los anuncios de pañales o de cremas hidratantes para bebés; como si alguien dirigiera tu vida, a lo "show de Truman" y colocara elementos referentes a tu paso. Así, poquito a poco, pasas, o te colocan, en el centro de una diana, te conviertes en el blanco de un bombardeo imparable, que hace poco ni siquiera intuías.

Despacito pero con firmeza centran tus miradas, te venden (y por mil veces repetido inconscientemente compras) un futuro tan irreal e incierto como inalcanzable: "Ser padres es ser felices siempre; en todos los momentos, en todos los lugares".

Y así, tras nueve lunas idealizando tu futuro próximo, vuestro futuro de familia feliz, plena, sacas tu llave y abres la puerta de casa para que entréis los tres por primera vez. La felicidad aguarda... o eso te habían subliminalmente grabado a fuego en tus entrañas (anuncio a anuncio, foto de Facebook a foto de Facebook, megusta a megusta...).

Sin embargo, conforme pasan los días crecen los miedos, las incertidumbres, las discrepancias en la pareja por la forma de crianza y aparece el cansancio... Los primeros conatos de ausencia de felicidad; las primeras apariciones de infelicidad, después; incluso, las primeras riñas. En definitiva, la primera hostia de realidad. El agotamiento, primero físico, después mental y por último emocional va ganando pequeñas batallas y amenaza ganar, incluso, la guerra.
Una idea avanza en tu cabeza y empiezas a entender que esto va a ser más duro de lo que te vendieron y "compraste", quizás sin más remedio.

Llegan las primeras necesidades de escapar un ratito, de buscar aire, de sentir lo gratificante que puede llegar a ser esa soledad buscada.

Pero en tu tuétano está escrito que ser padre es ser feliz y esto que convertiste, sin discutirlo, en axioma, lleva aparejado otra verdad relativa disfrazada de verdad absoluta: un buen padre tiene SIEMPRE ganas de estar con su hijo: necesitar soledad es egoísmo, es de ser un mal padre.

Incompatibilidades emocionales taladradas cual gusano mental en tu cerebro, cual parásito en tu alma, cual sanguijuela en tu pecho.

Porque no hay anuncios de revista, de TV, no hay fotos de Facebook con mil megustas, no hay reportajes de famosas, ni famosillas de tres al cuarto siquiera, que te expliquen la realidad, que te preparen para la montaña rusa de sentimientos y emociones. No los hay. No te acribillaran implícitamente con imágenes que te muestren que necesitarás gritar; que da miedo ser padre y tener a tu bebé con destemplanza a las 3 a.m.; que vendrán noches de insomnio; que nada agobia más que el llanto de tu bebé que no sabes calmar... y, sobre todo, que es normal, conveniente, necesario e, incluso diría que, imprescindible, por tu salud  y la de cuantos os rodean, que cada uno de los progenitores se guarde un par de ratitos a la semana para él o ella. No, nadie te dice que no dejas de ser buen padre por dejar a tu bebé amado con su tita, con su abuela, dos horitas, para estar un rato con tu mujer (aunque sea para hablar de tu mocoso); que no eres mal padre por no tener ganas de jugar un día con él, por estar apagado y tener ganas de llorar, gritar o salir corriendo (aunque a la vuelta de la esquina te vuelvas porque ya notas el vacío).

No. Nada de eso te hace mal padre. Al contrario. Entender y naturalizar estas emociones te ayudará a ser feliz y poder ofrecerle una compañía especial a tu hijo para conseguir disfrutaros mutuamente. Te ayudará a comprender y a querer más a tu mujer (verdaderas heroínas en esto de la crianza -sobre todo durante los primeros meses de vida-).

Por eso os digo desde mi experiencia de cuatro hijos: no compréis el artificio que os intentarán vender de la idealización de la paternidad. No creeros bichos raros. Todos pasamos estos vaivenes. Por ello, lo mejor que podemos hacer es estar prevenido, normalizarlos y tener paciencia.

A pesar de todo, ser padre es lo más bonito que me ha pasado en mi vida. Aprendí a querer en plenitud, por encima de mí, de una manera diferente. Aprendí a tocar el amor. Y ya, nunca, por fortuna para mí, este sentimiento tendrá vuelta a atrás.

Viernes 17 de mayo de 2017

17 de marzo de 2019

Doce diecisietes de marzo

Hasta aquí nos ha traído de momento la vida, hasta este domingo de marzo, juntos, como siempre. Entonces paro mis pies, me detengo mientras el resto gira y percibo que hay tantos lugares donde la vida puede llevarte, esposa mía,  como deseos o sueños existan, como tu imaginación te diseñe, como valiente seas. Pero no temas, vida, ni dudes tampoco. En todos ellos, por escondidos que estuvieran, podrás hallar mis susurrados "tequieros" esperando posarse en tus oídos, mis brazos abiertos buscando encerrar tu cuerpo en ese abrazo que paralice nuestro alrededor, mis caricias agazapadas y listas para robarte otro recuerdo que poseer hasta el fin.

Hoy tengo la sensación de que el mundo nos decora el aniversario. Todos están ahí sin saber que crean el ambiente perfecto para ti, para nosotros. No saben que hoy, ante mi mirada enamorada, ante mis ojos embelesados, son solo actores secundarios de la película de nuestra vida. Van y vienen, son y están, como si nada pasase.

Como si hoy no fuese 17 de marzo, otra vez.

Como si hoy fuese 17 de marzo, nada más.

Dame la mano, cierra los ojos, toma aire y sueña conmigo mientras soplamos nuestra duodécima vela.: que mi amor inunde todos los lugares donde tú estés, esposa mía; todos los momentos que tú seas. 

Felicidades, morena. Te quiero tanto...

"(...) Donde te lleven los pasos
Te encontrarás mi te quiero y mi abrazo

Hay amor en todas partes
Y en cada rincón del mundo

Y todos buscando un sueño
Cambiamos así de rumbo (...)"


En todas partes. BSO 
Habana Blues
Domingo 17 de marzo de 2019

P.S. Me gustas más que el primer día de vacaciones.

6 de febrero de 2019

Leo 2

El guardián de la sonrisa, mi Leo, el granuja de la casa, cumple dos años. La vida ocurre más rápidamente de lo esperado y de lo esperable, de lo aconsejado y de lo aconsejable. Y Leo, mi Leo, nuestro pequeño, es un botón de pausa en ese camino vertiginoso. 

La inocencia de un niño de 2 años no debiera desaparecer nunca, no debiera ser consumida con cada centímetro de crecimiento, con cada paso de día y noche.

Hay lugares en los que te sientes el hombre más valiente del mundo y el hombre más cobarde a la vez; momentos en los que la fortaleza y la debilidad conviven en tu interior. Ese lugar, ese momento, es la sonrisa de un hijo, la carcajada de tu pequeño. 

Felicidades granuja. Que la vida sea tan bonita contigo como tú con todos los demás.


¡¡Te quiero!!
Miércoles 6 de febrero de 2019

18 de enero de 2019

Que yo solo sé hacerlo así

Que yo no sé quererte de otra manera, esposa mía. No sé tampoco si hay diferentes maneras de querer. Si querer puede graduarse, escalarse. No sé nada de esto de la teoría del amor. Ni ponerle palabras tampoco. Ni quiero, ni me interesa. Hablar del amor debe ser, siempre, secundario.

Yo solo quiero seguir queriéndote en cada sitio, en cada cosa, a cada rato. Porque yo solo sé quererte así. Sin condiciones ni normas, sin frenos ni red. Porque quererte así, a pecho descubierto, me da la vida; sabiendo que no hay distancia más corta que mis labios dejando un beso sobre los tuyos; que no hay canción más bonita para mí que la de tu risa; que no hay sitio en el que más a gusto me encuentre que en tu abrazo; que no hay mayor tranquilidad que la que tu mirada me devuelve. 

Un ratito tras otro han formado 22 años perfectos. 

Y muchas historias juntas, juntos, han diseñado un montón de sueños por vivir. 

¡A por ellos! 

18 de enero de 1997
18 de enero de 2019

Te quiero tanto, esposa mía. ¡Felicidades!

Me gustas más que
la noche del 5 de enero
18 de enero de 2019 

28 de noviembre de 2018

Diciembre nunca falla.

Siempre vuelve. Disimuladamente; sigilosamente, como ese adolescente que entra a deshoras a casa, con nocturnidad, premeditación y alebosía. Diciembre ya domina y me ayuda, de nuevo, a sonreír sin cargo de conciencia. Como la primera vez.

Noticia inanguantable en nuestros labios, en nuestros ojos; incontrolable en nuestra piel. Porque hasta entonces  todo era tristemente claro. Porque desde entonces, todo fue una bendita confusión: la sonrisa dejó de ser causa para ser consecuencia, en aquella firme aspiración de feliz normalidad; y la tristeza empezó, así, a avergonzarse, a notar su incómodo lugar, a saberse el comensal que todos miran porque no está invitado al banquete.

Tras la muerte de Samuel en septiembre, en diciembre supimos que Paola crecía en su madre. Imaginen entonces qué confusión más bonita, más necesaria, fue aquello. Qué de lagrimas brotaron ese mes; algunas, claras; otras, espontáneas; otras, alegres; otras, tristes y las que más, sin saber claro por qué.

Añadan a ese cóctel, también, que tres diciembres después supimos que Martín sería también de los nuestros.

Así es entonces diciembre, dos veces diciembre.

Sábado 1 de diciembre de 2018

29 de octubre de 2018

Sofía Aboza Peña

Es la celebración de la vida, de su inicio, un momento de licencias permitidas. Aquí estás, preparada para recibir todo lo bonito que tantos corazones puros pueden regalarte.

Tú, tan pequeña y pura, ya eres el lugar en el que depositar sueños y anelos, en el que reposar y recargar la vista cansada tras la vuelta de todo, el destino de tantos besos preparados a fuego lento, para ti, durante nueve bonitos meses. Ya eres una luz de esperanza que siempre brotará en el corazón de tus padres, un motivo para sonreír incluso cuando la vida se disfrace de impureza.

Sofía Aboza Peña, afortunada tú por venir donde vienes. Afortunados ellos, tus familiares, claro, por multiplicar su amor verdadero, ese que no entiende de condiciones ni letra pequeña: el amor que no se mendiga. Afortunado yo también, que formaré parte de tu vida.



Y agradecido, siempre, por ello a tus padres.

¡Bienvenida benjamina!
Felicidades amigos míos. Os quiero.