10 de septiembre de 2017

7 diez de septiembres.

Hoy echo de menos lo que nunca tuve. Me afano por recordar cosas que en mi vida no pasaron, sonrío a la sombra del árbol que nunca creció.

Hoy hace ya 7 años que murió mi Samuel (¡cómo pasa el tiempo!). Y ando en ese momento de disfrutar de la vida que labramos aquellos días de difícil digestión.

Y me doy cuenta que el 10 de septiembre, más que un día triste, es un día en el que enorgullecerme, enorgullecernos, de tantas cositas conseguidas. Es un día para ser agradecidos, para no cansarnos de dar las gracias a todos aquellos que tanto bien nos hicisteis en aquellos días, semanas, meses... de naufragio. Un día para pararte en seco, volver a secarte las lágrimas por enésima vez, y admirar el paisaje en movimiento de una vida trazada a fuego, a pasito lento, con mucho trabajito en cada metro avanzado, en cada piedra colocada en forma de sonrisa ofrecida.



Un 10 de septiembre más en el que convertir la tristeza en ganas de vivir feliz, porque nunca habrá mejor manera de honrarte a ti, hijo mío, y a tu memoria.


Y todo ello, echándote tantísimo de menos. Y todo ello sin entender nada de esta puta vida. Y todo ello pidiéndote perdón por tantas cosas...

Domingo 10 de septiembre de 2017

25 de agosto de 2017

Juan Reyes Luna

En ti todo es inicio: el amor, la alegría, la ilusión, la inocencia.

Así, sin saberlo, llegas para seguir llenándonos de esa bonita felicidad que, no por buscada, completa la hermosura del suspiro que de cada mirada de tu madre nace. 

Duerme tranquilo, pequeño; ríe tranquilo, pequeño; vive tranquilo, pequeño, que eso que sientes es el amor verdadero de tu familia; los mejores asideros posibles para vivir la vida, para sentir tu vida.

¡Bienvenido, chiquinino! Y ya van 12...



14 de agosto de 2017

Paola 6

Allí donde la vida te lleve, rubia mía, me encontrarás. Nunca habrá condiciones para seguir amándote, ni para seguir protegiéndote mientras tu sonrisa me desarma.

Te veo dormir y me siento en paz y en deuda contigo. No hay mayor sentimiento de bondad que el que tú desprendes, no hay mayor sensación de plenitud que la que encuentro a tu vera.

Más le vale a la vida tener muchas cosas bonitas preparadas para ti.

¡Felicidades rubia! 


¡Que te quiero yo a ti un millón!
Lunes 14 de agosto de 2017

13 de agosto de 2017

Sabiendo de miedos...

Marcaste nuestro camino, regalándonos la oportunidad de resurgir desde la sonrisa abatida. Todo era proyecto, necesidad de acercar el futuro, de convencer al reloj para volver a la vida, para revivir, cuando apenas sobrevivíamos.

Hoy la vida, nuestra vida, recompuesta desde el miedo, nos da la razón que nunca nos había quitado. Y nos ofrece un regalo doblemente sabroso: la posibilidad de ser valientes habiendo conocido el miedo, la posibilidad de deleitarnos en nuestro paraíso habiendo vivido nuestro propio infierno.

Y entonces una imagen se presenta ante mí en modo de recompensa. Y todo se detiene por un instante. Y desde la añoranza mas sentida advierto que ante mis ojos, en ese preciso momento, se exhibe la pura imagen de la victoria. Porque así me siento, así se siente quien ha conseguido (re)crear tanto aun cuando (casi)todo fue derrumbado por la imparable sacudida del desánimo.

No paré de repetírmelo. Vivir mi presente contigo para vivir tu vida en mí. Y en tu madre. Y en cada uno de tus hermanos, con mil cachitos de tu ser en sus entrañas, con mil trocitos de tu corazón en sus pechos. Y así, todos estamos hechos de pedacitos de ti...



de tu voz, de andar, 
de cada despertar,
del reír del caminar..."
(Antonio Orozco. "Pedacitos de ti")

Domingo 13 de agosto de 2017

2 de agosto de 2017

Martín 3

Duermes en mi pecho buscando proteger tu corazón sin saber que es el mío el que queda protegido. Ahí me hallo, anestesiado, intentando disfrutar ese momento de latidos acompasados. Y entonces me hago consciente de todo lo que la muerte me robó, mientras disfruto todo lo que la vida me está regalando.

Felicidades tunante mío. No pierdas nunca la virtud de hacer sonreír a quien a tu lado se encuentra.
 



Martes 1 de agosto de 2017

9 de julio de 2017

Un domingo nublado de julio

El sonido identitario de la vieja puerta de aluminio y cristal dejó atrás media vida. No pude, ni quise, evitar que el corazón se hiciera pequeñito en un pecho que intentaba recoger los últimos olores, las últimas imágenes, los últimos detalles que convertir en bonitos recuerdos a los que volver cuando el alma así me lo pidiese.

Era un adiós voluntario sí, pero difícil y doloroso también. Que una cosa no quita la otra. Más de media vida profesional quedó ahí, tras de mí, enclaustrada al otro lado de esa puerta protegida con alarma, por si me arrepintiese. ¡Cuántas charlas con mi jefa Mariló, cuántas confesiones a Isa, cuántos consejos de Silvia o Enrique, cuánta complicidad con mi co-tutor Manuel, cuánta empatía en la mirada de Pili (¡qué especial eres!) capitaneando la cuadrilla del aula de La Alegría, cuánta admiración personal a esa capacidad de adaptación brutal de tantas interinas, cuántos buenos ratitos con tantos compañeros de trabajo ... cuántas cosas bonitas me llevo para mí! Cuando te vas de un colegio, 9 cursos después, siendo mejor maestro y persona de lo que eras cuando llegaste, es que todo ha merecido la pena; no encuentro mejor vara de medir.

Camino ya hacia mi coche. Solo. Es viernes, 7 de julio, son las 4 de la tarde. Mi última vez. "Todo termina en la vida", decían mis paisanos Los Romeros de La Puebla. Vuelvo mi vista atrás de nuevo y con ella me brota un suspiro. Claro que hay dudas. Muchas.
 
Entiéndanme. El Machado es un lugar maravilloso. A él llegué hace 9 años y allí me recibieron con una pregunta sencilla, y muy clarificadora también, que resumía la historia reciente de este colegio y que más que formulada para obtener respuesta, pareciera ser una carta de presentación del propio centro: "¿tú para cuánto tiempo vienes?" "A mí me gustaría estar un tiempecito, estabilizarme, repetir en un centro" es lo que, palabra arriba palabra abajo, acerté a contestar a tantas miradas expectantes en esa sala de profesores.

Ya sí, me marcho. Arranco el coche, guardo mi caja con mis cositas acumuladas en el maletero, cual despedido de su despacho en esas películas de sobremesa de Antena 3 que se duermen en casa de mi mujer, y salgo por la cancela. Me bajo por última vez a echar el candado, y me percato de que ya no tengo llaves del centro. Vuelvo a ser consciente de que es la última vez de muchas cosas. Un punto y final a una vida feliz, muy feliz.

No exagero, no. El Machado es un centro diferente, especial. El Machado es el mejor cole en el que se puede trabajar, porque el Machado es un cole con alma. Alma formada por las personas que en él (con)viven. Allí encontrarás a un claustro maravilloso y a unas familias cariñosas, que a su manera, lanzan un S.O.S. en clave, cifrado. El tiempo que tardes en entenderlo, en descifrarlo, es el tiempo que tardarás en enamorarte del Machado. No hay más. Pero no busques su clave en densos manuales ni en las últimas teorías pedagógicas. La clave está en los ojos de sus niños y en tu corazón. Busca en ellos la explicación, intenta ponerte sus zapatos día a día antes de juzgar sus pasos, y comprenderás. Comprenderás que sus familias son cariñosas y están necesitadas de fe. Porque no. No. No es justo. No tienen culpa de la falta de oportunidades, de que el puto sistema social establecido los quiera, los necesite, en ese estrato de pobreza (no hablo solo de lo económico) para poder ser pisoteados por gentuza avariciosa que intenta ascender sin mirar dónde ponen los pies. Y no, no es justo que ellos lo sepan, lo tengan asumido y hasta se conformen sin poner el grito en el cielo, agradecidos incluso por las migajas del sistema. Mi único mérito: preocuparme en conocerlos y creer en ellos. Creer que nuestras familias tienen tanto para enriquecernos que si somos capaces de convencerlas, el Machado sería imparable. Mi único mérito: hacer un diagnóstico certero, muy ayudado por mi predecesor Antonio Garrido Palanco, y trabajar mucho por encarrilar un tren que viajaba sin una meta común. Y así, pusimos con nuestro liderazgo y la incansable suma de nuestro claustro, el centro en el camino correcto, en la pista de despegue. Y, ahora, desde la templanza de este domingo nublado de julio, auguro que finalmente arrancará impulsado por Marina y su equipo. No me cabe duda. No imagino mejor sucesora. ¡Qué tranquilos nos marchamos!

Y de esta manera, como llega el amor verdadero, sin enterarme, me enamoré. Y yo, que soy de los que no sabe separarse en varios "yos", lo hice mío. Y los días fueron pasando. Así, como pasa el tiempo cuando se está bien, sin permiso, sin dejar estela. Y el cariño y el respeto me fue llegando multiplicando por mil mi inversión emocional. Y me fue calando, como chiribiri otoñal, sin modificarme en apariencia, pero empapándome hasta el tuétano. Y, entonces, disimuladamente, brotaron las primeras raíces. Ya todo estaba perdido.

Conduzco por última vez atravesando mi pueblo. Las Marismas quedan tras de mí. Las tostadas del Nene; las almendras fritas caseras del puesto frente al Cuevas; el vendedor ambulante de albures; el Ayuntamiento, con su alcalde Manuel (un tipo que merece la pena conocer, sin duda) y su equipo de concejales; Juan Carlos, el Melli, y sus constantes y naturales (que son las que de verdad merecen la pena) lecciones vitales; Mari Ángeles Calderón y su mirada apasionada, proyectada en cada persona mayor, que tanto cariño ha sabido demostrarme y que tanta admiración me procesa...; en definitiva: La Puebla, su gente. 

Ahora sí. Irremediablemente, disfruto la dureza de la despedida golpeándome inmisericorde, en forma de mil imágenes pasando por mi mente. Es un momento tristemente bonito. 

"Gracias por tanto Machado". Cuídate, que lo mereces.

Domingo 09 de julio de 2017

21 de junio de 2017

Imagina que hoy fuera 25 de junio

Si hoy fuera realmente 25 de junio, Samuel, cumplirías 7 años. Y habría tartas, fiesta, regalos, piñata... algarabía. Sabría cómo suena tu risa entre todas las risas, escucharía "papá" en tus labios, curarías mi alma con tu simple mirada. Claro, si hoy fuera 25 de junio realmente, no tendría cicatriz en mi pecho, ni necesidad de reconstruirnos cada día.

Pero hoy no es 25 de junio. Por eso, en lugar de sonrisas infantiles, el día llega repleto de miradas, abrazos, besos, caricias... nostalgia.  Todo bañado por tu recuerdo, hijo mío. Como cada día. Porque vives en nuestra mirada y no en el lugar en el que ella muere. 

Aprendimos que nunca más volverá a ser 25 de junio, como nunca olvidaremos la sensación de tu primera sonrisa, de tu primer bostezo, de tu llanto, de la primera vez que nos miramos en ti. 

Aprendimos también, que somos porque fuiste. Que nos hiciste grandes, desde la sencillez. Que nos hiciste valientes. Que cumplimos la promesa de ser felices por ti y para ti.

Felicidades enano.

¿Domingo 25 de junio de 2017?