17 de marzo de 2017

10 años después: A ti me lleva el aire

En el umbral de una improvisada puerta espero. Las manos en los bolsillos, como si nada me alterase; mis ojos, atravesando cuerpos que solo estorban. Vuelo a otro lugar, al tuyo, mientras mi conversación guionizada me mantiene lejos de mi ser. No soy yo quien habla. Soy yo quien espera. Es mi corazón el que aguarda. 

Y así camino hacia el inicio de una década. Hacia el feliz inicio. Hacia donde el amor continúa su travesía. Es otro impulso. Otro. 

Entonces te veo, te siento, llegas. Traes tantas cosas bonitas contigo que mis lágrimas empiezan a tomar un discreto protagonismo. Y mi corazón se llena de nuevo. Rebosa. Todo no cabe. Aún es pequeño para tanto amor. Eres tú quien lo hace grande cada día. 

Te tomo. Y tomo todo lo que traes. Y entiendo, acaso lo hubiese olvidado, que si me miras, me convierto en invencible; que si acaricias mi mano, ya nadie podrá conmigo; que si me besas, sueño.

Ya suena la música, esposa mía. Allá vamos. Tú, yo. Nosotros. 

Feliz aniversario, morena. 

Te quiero tanto... 

17 de marzo de 2007 - 17 de marzo de 2017

Pd. Me gustas más que comprarme un coche nuevo.

"A ti me lleva el aire
más que a nada a ti me lleva
a ti me lleva el aire
más que a nada a tu presencia
cuando tú me faltas la felicidad no llega
<> de ti, ¡vente!"
Viernes 17 de marzo de 2017

7 de febrero de 2017

Leo Luna Molina

Son las 1.32h de la noche. Acabo de ser padre por cuarta vez. Y no puedo dormir. 
Leo ha venido al mundo a las 21.20h. Hace 5 horitas.

Se me acumula todo. Estoy aquí sí, pero también voy y vengo al momento del parto. 

Ya lo dije. Y lo mantengo. Uno cree que no puede querer más a su mujer, que no puede admirarla más, que no cabe más sentimiento en su pecho... y entonces la ve parir. Y ahí todo se multiplica exponencialmente. Y lo que tiene que brotar, brota. Y lo que tiene que fluir, fluye. Y el amor comienza a ocuparlo todo.

Este pecho mío está lleno. Muy lleno. De plenitud. De orgullo. De felicidad. De cariño. De paz. De responsabilidad. De nostalgia. De fe... De amor. Todas ellas hijas de la valentía. Todas ellas deseadas. 

Y un pecho lleno habla mejor que la cabeza. La víscera elige mejores palabras que la razón. Porque la primera habla por derecho. Con la verdad. Sin adornos. Porque el corazón siempre toma el camino más corto y más correcto.

¡Qué felicidad! ¡Qué día más grande! ¡Qué recuerdo has vuelto a regalarme, amiga Katia! ¡Qué bonita persona eres!

Si mil hijos tuviera, mil veces querría que fueran tus manos las que les dieran la bienvenida a esta vida. Contagias tantas cosas bonitas...   

Os dejo, que voy a llorar un ratito... que mi corazón me lo está pidiendo. Será que lo necesita... será que lo merezco.

¡¡Bienvenido granuja!!
Leo Luna Molina

18 de enero de 2017

Me viá salir con la mía

Una noche, aparcados bajo tu casa, en mi coche, hace muchos años, cuando aún nacíamos, creíame envalentonado y mirándote firmemente te dije, casi sentenciando:

- Serás para mí. Envejeceremos juntos.

Recuerdo tus ojos perfectamente. Eran pura contradicción. Daban cobijo a las ganas y al miedo, al deseo y al agobio, casi en la misma proporción desmedida. 

- ¿Cómo estás tan seguro? - Me repetiste con tus labios lo que ya habían gritado tus ojos. 

- Lo sé. Hay cosas que se saben - Volví a aseverar. Eran mis ganas que hablaban por mí.

Hoy sé a ciencia cierta que no era valentía. Eran ganas de quererte, que me inundaban. Eran ganas de que te dejaras querer... ¡cuánto nos costó aquello!

18 de enero de 1997
18 de enero de 2017

20 años después, cuatro niños maravillosos y una misma convicción: ¡me "viá" salir con la mía!

Miércoles 18 de enero de 2017


25 de diciembre de 2016

No son horas.

Diciembre de sal sobre heridas y de amor que tras sonrisas nerviosas se esconde. Diciembre cosido a diciembre.

Cautivo me hacéis cada día, y atado a vosotros me sostengo, sabiendo que caí y por eso pude levantarme. Diciembre !cuánta culpa tienes de ello!

La culpa se posa sobre el alma igual que una sonrisa inunda cualquier estancia: sin darnos cuenta, estando en todos sitios aunque en ninguno se halle.

Diciembre envuelto en diciembre me levantó enfurecido, con golpes de osada valentía, de temeridad, quizás, en cada sien. Y a la batalla propuesta fuimos sin coraza, con el amor mutuo como escudo, con el sueño de hacerte memoria eterna como arma.

Y vencimos, claro que vencimos. El tiempo nos dio la razón aquel diciembre y nos presentó sus respetos, casi avergonzados, en aquel nuevo diciembre siamés.

Y entonces tarareé: "No olviden que soy grande porque tengo multitudes  que me esperan afuera". Porque la multitud habita en el quiénes, no en el cuántos; no olviden eso tampoco.

15 de diciembre de 2010. Paola.


24 de diciembre de 2013. Martín.


"Si te dicen que caí,

Es verdad, es verdad.

No sientan ni un segundo mas de lástima por mí
Que me voy a levantar"
(No son horas. Andrés Calamaro)
Domingo 25 de diciembre de 2016

6 de diciembre de 2016

Puta vida huidiza.

Puta vida esta que me impone sonrisas mientras llorar quiero entre bambalinas.

¿Qué debo hacer si hoy tu nombre sabe raro en mis labios? ¿Qué debo sentir si dudé un momento, aunque solo fuera un momento, un fugaz instante, del eco de tu nombre en mi ser?

¿Qué hay tras el llanto? Cuando llorar ya no calma.

¿Qué precede a mi risa? Cuando reír me hiere.

Puedo elegir ojos donde mirarme y aun así confundirme. Puedo elegir ojos donde confundirme si ya nadie me mira.

Doy besos que te pertenecieron cuando la oscuridad y la luz aún no tenían nada que ver con la sinonimia, cuando a diferentes caminos obedecían.

Hay espejos que devuelven fotografías de paisajes si tú los miras.
Como hay días que me devuelven a ti.

Lunes 6 de diciembre de 2016

16 de octubre de 2016

Hace 7 años ya.

Hace siete años, tal día como hoy, mi mujer se levantó de la cama, era sábado, y me dijo:
- Esto dice que sí, pero yo no sé.
Lo que tenía entre las manos era un predictor, y en su vientre, a Samuel, nuestro primogénito.

Estuvimos de bautizo de mi ahijado Pablo. Nosotros y nuestro ilusionante secreto. Nosotros y nuestra sonrisilla. Nosotros y mis caricias a su vientre.

El domingo por la mañana nos levantamos. Era día de compartir la buena nueva con nuestra gente. Antes, como buenos primerizos, llenos de dudas, de incredulidad, me fui a una farmacia de guardia a por otro predictor, que, como no podía ser de otra manera, ratificó lo evidente.

Me fui a jugar mi partido del domingo. Gané nuestro peculiar derby y metí el gol de la victoria (un gol premonizado por mi amigo Chava) y lo celebré con mi mano en mi vientre, disimuladamente. Era para ti.

Tras eso compartimos nuestra alegría con la familia de mi mujer primero y con mis padres después. Recuerdo sus caras de inmensa felicidad. Recuerdo cuando mi madre fue por sus gafas pensando que iba a ver una foto y se encontró un predictor, recuerdo a mi padre pedirme que le dejara llamar a mis hermanos para dar él la noticia.

Recuerdo que fui a ver a mis compadres y los hice bajar para decírselo, recuerdo que llamé a mi amiga Eli y a mi amiga Rocío, a mi madrina, a mi tío Jesús... lo recuerdo todo perfectamente.

Porque es imposible olvidar un 17 de octubre. Un día así es un punto de apoyo en una vida que ha necesitado muchas veces recomponerse. No puede olvidarse nunca, porque es imposible borrar de mi mente la cara incrédula de mi mujer, la ilusión silenciosa de sus ojos aquel 17 de octubre; no puede olvidarse nunca porque una sonrisa como la suya, provocando, inevitablemente, la mía, es una imagen que quedará grabada a fuego por siempre en mí y morirá conmigo.

Hoy es 17 de octubre de 2016 y es un día precioso, esposa mía, para decirte "te quiero".

Lunes 17 de octubre de 2016

4 de octubre de 2016

Y así te recordaré

Era un domingo "saborío". De tonos grises, de luz otoñal. Era temprano.
Primera Provincial Juvenil. AD Los Mares - Carmona. Abril de 1995.
Antes de entrar al vestuario te vi que llegabas. Me diste un beso cariñoso, como siempre hacías. Era la primera vez que venías a verme jugar. Yo vestía 16 años.

Empezamos perdiendo. 0-1. El partido se puso complicado. En la segunda parte empatamos. Y faltando poco conseguí meter el gol de la victoria. Lo recuerdo perfectamente: se me quedó el balón botando, el portero a media salida... una vaselina sencilla.

Corrí, corrí hacia ti. Estabas en la banda. Tus brazos abiertos eran el lugar perfecto para celebrar mi gol, que ya fue tuyo para siempre. Así me lo hacías sentir. Así me gustaba a mí sentirlo.

En las siguientes celebraciones familiares, cada vez que me veías charlar con alguien, aparecías y le contabas mi gol, que ya era tuyo, mientras acompañabas tus palabras con tu mano trazando una perfecta vaselina en el aire. Tu cara orgullosa, tu sonrisa de amor naciente, decían más de tu gol que tus propias palabras. Y, entonces, aparecía la Tata. Te sacaba un pañuelo del bolsillo y, celosilla, con esa cara seria tan particular que ponía como nadie, te limpiaba la baba mientras venía a decirme: "¡vaya cómo está de gordo con el gol de su Lolo!" Después, ella me comía a besos entrecortando palabras cariñosas y arrumacos variados.

Así pasó durante años. Celebración tras celebración, fiesta familiar tras fiesta familiar, se repetía nuestro gol.

Y así te recordaré. Con una sonrisa emocionada. Un recuerdo imborrable para mí, porque sé, así me lo hiciste sentir, que te regalé un ratito bueno, de esos que sirven para buscar lugares a los que volver cuando todo tu derredor camina sin rumbo.
 
Tato, descansa en paz, que bien lo mereces. Yo seguiré recordando por ti nuestro gol mientras viva.

Nuestro gol. Nuestro momento...
Viernes 7 de octubre de 2016