18 de enero de 2019

Que yo solo sé hacerlo así

Que yo no sé quererte de otra manera, esposa mía. No sé tampoco si hay diferentes maneras de querer. Si querer puede graduarse, escalarse. No sé nada de esto de la teoría del amor. Ni ponerle palabras tampoco. Ni quiero, ni me interesa. Hablar del amor debe ser, siempre, secundario.

Yo solo quiero seguir queriéndote en cada sitio, en cada cosa, a cada rato. Porque yo solo sé quererte así. Sin condiciones ni normas, sin frenos ni red. Porque quererte así, a pecho descubierto, me da la vida; sabiendo que no hay distancia más corta que mis labios dejando un beso sobre los tuyos; que no hay canción más bonita para mí que la de tu risa; que no hay sitio en el que más a gusto me encuentre que en tu abrazo; que no hay mayor tranquilidad que la que tu mirada me devuelve. 

Un ratito tras otro han formado 22 años perfectos. 

Y muchas historias juntas, juntos, han diseñado un montón de sueños por vivir. 

¡A por ellos! 

18 de enero de 1997
18 de enero de 2019

Te quiero tanto, esposa mía. ¡Felicidades!

Me gustas más que
la noche del 5 de enero
18 de enero de 2019 

28 de noviembre de 2018

Diciembre nunca falla.

Siempre vuelve. Disimuladamente; sigilosamente, como ese adolescente que entra a deshoras a casa, con nocturnidad, premeditación y alebosía. Diciembre ya domina y me ayuda, de nuevo, a sonreír sin cargo de conciencia. Como la primera vez.

Noticia inanguantable en nuestros labios, en nuestros ojos; incontrolable en nuestra piel. Porque hasta entonces  todo era tristemente claro. Porque desde entonces, todo fue una bendita confusión: la sonrisa dejó de ser causa para ser consecuencia, en aquella firme aspiración de feliz normalidad; y la tristeza empezó, así, a avergonzarse, a notar su incómodo lugar, a saberse el comensal que todos miran porque no está invitado al banquete.

Tras la muerte de Samuel en septiembre, en diciembre supimos que Paola crecía en su madre. Imaginen entonces qué confusión más bonita, más necesaria, fue aquello. Qué de lagrimas brotaron ese mes; algunas, claras; otras, espontáneas; otras, alegres; otras, tristes y las que más, sin saber claro por qué.

Añadan a ese cóctel, también, que tres diciembres después supimos que Martín sería también de los nuestros.

Así es entonces diciembre, dos veces diciembre.

Sábado 1 de diciembre de 2018

29 de octubre de 2018

Sofía Aboza Peña

Es la celebración de la vida, de su inicio, un momento de licencias permitidas. Aquí estás, preparada para recibir todo lo bonito que tantos corazones puros pueden regalarte.

Tú, tan pequeña y pura, ya eres el lugar en el que depositar sueños y anelos, en el que reposar y recargar la vista cansada tras la vuelta de todo, el destino de tantos besos preparados a fuego lento, para ti, durante nueve bonitos meses. Ya eres una luz de esperanza que siempre brotará en el corazón de tus padres, un motivo para sonreír incluso cuando la vida se disfrace de impureza.

Sofía Aboza Peña, afortunada tú por venir donde vienes. Afortunados ellos, tus familiares, claro, por multiplicar su amor verdadero, ese que no entiende de condiciones ni letra pequeña: el amor que no se mendiga. Afortunado yo también, que formaré parte de tu vida.



Y agradecido, siempre, por ello a tus padres.

¡Bienvenida benjamina!
Felicidades amigos míos. Os quiero.

17 de octubre de 2018

Aquello, era esto.

Aquel 17 de octubre parecía rubricar el camino elegido. La búsqueda de la compleción de algo que en sí mismo ya era completo. Por decirlo de alguna manera, ya eramos felices. Pero cuando llegas a una meta como esta, necesitas que deje de ser meta para ser camino. Y eso era lo que queríamos: la felicidad como paisaje en nuestra verea. Ser felices haciendo: aquel 17 de octubre del 2009, como no, fue un día muy feliz.

Lo que vino después tiene que ver más con la necesidad, quizás, que con cualquier otra cosa. Entiéndannos, echábamos de menos la vida conseguida y arrebatada. Habíamos amado en plenitud; habíamos aprendido a amar en plenitud. Cualquier otro amor ya jugaba en desventaja. Parecía poca cosa, amor limosnero, miseria. Amar a un hijo es amor verdadero. 

Cierto es que aquella valentía invertida salió cara; tan cierto como que pudo, también, salir cruz. Cierto es, por supuesto, que si hubiéramos conocido el decorado de nuestra vida de 2018 de antemano, no hubiese sido valentía, sino egoísmo, sino el camino ya caminado, sino nada por descubrir.




Tan verdadero todo, tan cierto todo, como que los sentimientos genuinos nunca se reflejarán en un espejo; y, menos aun, en un espejo de madera.

9 años.
Miércoles 17 de octubre de 2018

8 de septiembre de 2018

Cada vez

Cada vez hace mas tiempo del 10 de septiembre y cada vez resulta todo más confuso. El mismísimo tiempo, que te aleja de aquellos oscuros recuerdos, que te ayuda a recomponer la herida, a convertirla en cicatriz cosida que limita pocos sentimientos, es, ese mismo paso del tiempo, el que te hace vivir nuevas experiencias con tus hijos, y el que te obliga a sonreír con ellos, para ellos, por ellos. Sonrisas que, casi cada vez, vienen acompañadas de un sordo lamento, tiznadas de tristeza, melancolía, nostalgia. ¿Cómo sería todo si pudiera besarte, si pudieras besarme?

Septiembre llega para recordarme lo efímero, la insignificatividad de quien cree que todo lo tiene porque todo puede tocarlo; lo abstracto, muchas veces, también se palpa.

Fue un 10 de septiembre cuando me arrebataron una vida para entregarme otra. Y es todo confuso, muy confuso para mí: mi ahora, con este pellizquito de triste sonrisa, de alegre tristeza, que tanto me gusta, sería completamente distinto sin aquel 10 de septiembre en el almanaque. Tendría otra vida.

Hace 8 años ya de todo y, lo único que puedo aseverar es que aquel miedo que me paralizaba al principio de olvidarte más de la cuenta fue infundado. Hoy estás más presente que nunca y ese dolorsito, me da la vida y, en parte, me alegra.

Hoy empiezo las clases con mi grupo de 3º de primaria. Con mis niños de 8 años. Bendita coincidencia. 

Lunes 10 de septiembre de 2018

14 de agosto de 2018

Paola 7

En la lejanía, el faro de Trafalgar, vigilante, protector, ojo avizor, enseñándome esa dicotomía de fortaleza y debilidad que me embarga si en ti me veo; el viento de levante, caprichoso e inoportuno casi siempre, recordándome el componente azaroso, incontrolable, de este proyecto por vivir sin revivir; el océano Atlántico, poderoso, majestuoso, mostrándome su fortaleza imperial, su dominio ante el polvo que seremos; y el sol, con su fotogénico ocaso, presentándome el imparable e imperturbable paso del tiempo, aleccionándome sobre el aquí y el ahora.

Tú, rubia mía, no obstante, en el lugar exacto, alrededor de tu sonrisa, mi jaque mate.

Y yo, cerca de ti, hallándome en mi intento de protegerte, guiarte, exigirte, empujarte, orientarte: educarte. Yo, rubia mía, encontrándome entre el disfrute y el amor si en tus ojo me veo.

Porque hace hoy siete años, muy posiblemente, este faro, este viento de levante, este sol, este Atlántico eterno... purificaban otras almas, recargaban otras vidas necesitadas de momentos de paz y serenidad, con el vaivén del mar y su oleaje periódico como banda sonora vital. Y así, seguramente, nunca este paisaje fue tan bello; y así, irremediablemente, nunca lo fue como hoy para los ojos de este padre tan agradecido a ti, tan endeudado contigo.



Felicidades rubia mía.

Que te quiero yo a ti un millón.

Martes 14 de agosto de 2018

1 de agosto de 2018

Martín 4.

Vuelas. Ya vuelas. Cuatro años desde aquel día y ya vuelas.

Me demuestras tu amor, tu admiración a cada ratito. Como tú me miras, como tú me abrazas antes de irte a la cama, quizás no me mire, no me abrace nadie, nunca.

Si tuviera un botón para pausar el mundo, un botón que solo pudiese pulsar una vez, si tuviera que elegir un momento, podría ser ese. Nuestra recarga de energía amorosa, esa que nos mueve, nos vitaliza, nos revitaliza. Es como si me llenases de esa energía que tú mismo te has encargado de absorberme hasta la última gota. Ya, entonces, dispuestos un día más.

¿Te digo una cosa, tunante? Seguro, podría vivir sin mucho de lo que tengo, pero no sin tus carreras para verme cuando llego a casa, sin tus besos espontáneos, sin tu boca regalándome cada poco: "¿Papi, puedo dormir en tu pecho?"

Felicidades vida mía. Como yo te quiero, como tú me quieres, deberíamos querernos todos.

Miércoles 1 de agosto de 2018