16 de febrero de 2018

De nuevo, el Doctor Reza Hosseinpour

Empezó pidiéndonos permiso para tutearnos. El Dr. Reza Hosseinpour, una eminencia mundial en cirujía cardiovascular infantil, un mago que regatea a la muerte ajena, nos pedía permiso para tutearnos. Tenía el ordenador apagado, nada sobre la mesa y a las cinco y media, hora de la cita, salió del despacho para ver si estábamos. Pequeños detalles. Yo los miro mucho, porque los valoro mucho. El Doctor, permítanme que lo escriba siempre en mayúsculas, nos estaba esperando dispuesto a regalarnos su tiempo.

Fue una bonita y útil conversación. Acudimos a su despacho con la simple intención de agradecerle todo lo que hizo por nuestro hijo y todo lo que hizo por nosotros.

Es evidente que a veces no hay culpables. A veces hay muertes inevitables. Al menos en el aspecto concreto. En la hipótesis de lo abstracto seguramente esto no quede tan claro y los límites se tracen algo más difuminados.

Estuvimos una hora y cuarto en su despacho. Fuimos para presentarle a nuestra familia. A nuestros tres pequeños. Como hace siete años y medio nos pidió. Estoy seguro de que formaréis una bonita familia. Cuando esta tragedia os duela un poco menos me gustaría que vinierais a presentármela. Algo así nos dijo.

Y a mí se me quedó grabado. Y con el nacimiento de Leo, volvió al primer lugar de mi mente. El Doctor no pudo corregir el malformado corazón de Samuel, pero sí evitó daños adquiridos en el corazón de sus padres y contribuyó con sus palabras a que nuestros tres enanos alboroten a diario nuestras vidas.

Una hora y cuarto recibiendo una lección de humildad y respeto. De cariño. De fortaleza. De humanidad. Un hombre único e indescriptible. Que salva vidas infantiles, hacedor de milagros por la mañana y que por la tarde encuentra el hueco para recibir en paz a una familia necesitada de sus palabras, y de su mirada agradecida también. Un hombre que se acuesta con la responsabilidad de curar un corazón pueril a la mañana siguiente.

Ha operado a miles de niños y ayudado a miles de familias. Y nos reconoció. Recordaba a nuestro Samuel, que en parte también es ya un poco suyo. Dice que le acompaña en quirófano. Que cada vez que tiene un corazoncito en su mano, suspira de alegría al comprobar que no es irreparable como el de Samuel.

A nosotros con eso nos basta. A él le basta con la presencia agradecida de unos padres y con comprobar que sus 3 siguientes hijos nacieron posiblemente de la valentía adquirida aquel mediodía, en su despacho, en aquella charla dura emocionalmente, pero empática y precisa en sus palabras, como si su bisturí manejase. 

Doctor, lo importante del primer paso es su sentido, no su longitud, y tú nos pusiste en la dirección correcta... Mis palabras le gustaron. A mi me gustó que cuando fui a darle la mano para despedirnos, él tirara de mí para darme un abrazo mientras me daba las gracias.

Otra cosa me dijo y que se me grabó a fuego: "la modestia es una mentira disfrazada de virtud".

Os aseguro que la sensación de cumplir tu palabra es algo maravilloso.

Gracias Doctor, por todo, por tanto... 

Sábado 17 de febrero de 2018

6 de febrero de 2018

Leo 1.

A veces quieres más de lo que figurabas que podías querer. Y te das cuenta que el amor a unos hijos es como esa relación entre la distancia al hogar materno y la sensacion de soledad. Cuanto mayor es la una, más crece la otra. Cuanto más niños tienes, mas amor eres capaz de albergar para dejar salir.

El pequeño de casa, nuestro Leo, el de la sonrisa y mirada comprometedora, cumple 1 año.

Y yo me siento el hombre más fuerte a su lado. Y el más débil también. Puedo sostener su vida a la par que mis piernas tiemblan.

Seguro que tú, que también eres madre, padre, sabes de qué te hablo.

Felicidades, granuja.

Te quiero.

18 de enero de 2018

Capítulo 21. Que así lo siento, esposa mía.

Que siento yo la necesidad de gritarle al mundo que si bonita eres, mas especial eres aún. Que estás tocada por la varita mágica de quien derrama serenidad y cariño a su paso. Que aquel deseo furtivo de amarte sigue pilotando este restilente corazón, ahora en el escaparate. Que no hay razón en mi mirada, que no hay pensamiento en mi tacto, que no hay presunción en mi sonrisa.

Que te quiero, amor mío. Naturalmente. Como se quiere lo que se ha deseado siempre. Lo que se sigue deseando de manera canalla.

Y tú fuiste, eres y serás mi deseo. Y que así sea por siempre, morena. Y que así sea por siempre.

18 de enero de 1997.
18 de enero de 2018.


21 años.

Pd. Me gustas más que una mesa libre en la feria...

Jueves 18 de enero de 2018

6 de diciembre de 2017

Dos años, cuatro primaveras.

Paola jugaba al ahorcado con su madre, Martín veía el fútbol en mi regazo, Leo, una vez desordenada la estantería de cuentos, se acercó al portafotos del salón donde posan Samuel, Martín y Paola (quizás en un gesto de protesta). Entonces Paola, fijándose en las fotos, dijo: 

- Samuel en esta foto estaba "enfadaete".


Y lo dijo así. En pretérito imperfecto, en pasado inacabado. No dijo "estuvo", pasado acabado, finito. Dijo "estaba"; inacabado, infinito. El matiz de su palabra golpeó mi alma. Un golpe seco que me sacó de mi mundo porque provocó en mí un fugaz instante de maravillosa confusión. Son esos momentos que por inesperados se convierten en deliciosos, emotivos y necesarios. 

Y entonces, con tu familia (incompleta) en el sofá, el pecho te obliga a imaginar (que no es otra cosa que amarte en el futuro, hijo mío) cómo sería mi otra vida en ese 2017 paralelo en el que la fatalidad hubiera tenido un poquito de vergüenza torera. Y me lo permití. Me di permiso para desgarrarme un poquito, cual masoquista. Es mi energía. Y así los ojos me brillaron viéndote sonreír entre tanta sonrisa, viviendo tu alegría entre tanto alboroto y algarabía, entre tanta vida.

Y caí entonces: todo estaba ocurriendo una bonita noche de diciembre. Un mes diferente para los Luna y los Molina, y para los lunamolina también. El mes que supimos de ti, Paola. El mes que supimos de ti, Martín. Años, ambos, con dos primaveras: la estacional, la de la explosión de luz, el nacer de las flores, la victoria de la alegría... y la que vivimos nosotros, la que coloreó la vida de quienes andábamos perdidos en tierras conocidas, la que propuso compañía de nuevo.

Diciembre entonces siempre será primavera, como el amor siempre será imposible de esconder, en la alegría y en la nostalgia, en la ausencia y en la necesidad de amaros, hijos míos. Diciembre siempre será primavera como la tranquilidad siempre podrá ser quebrada por una frase, un olor, una canción, una caricia, una imagen que me devuelva a ti, que me obligue a retomar nuestra vida, a veces malaparcada por la puta y rutinaria rutina.

Hubo años con dos primaveras, 
como hubo "un año de cuatro inviernos".

El Café (José Mercé).
Viernes 8 de diciembre de 2017


17 de octubre de 2017

Vuela octubre.

Vuela octubre sigiloso, sin apenas notarse su avance, sin ruidos que lo conviertan en protagonista. Vuela octubre sin dejar estela; repta octubre sin dejar rastro.

Siete octubres volaron ya. Ocho años han pasado de la primera vez que fuimos conscientes de que seríamos tres para siempre, que tu vientre estaba lleno de vida, que un nosotros crecía en ti.

Y vuela arrastrando tantas cosas innecesarias que lo verdadero permanece con el aplomo propio de lo importante. Y así vuela octubre, como voló tu cuerpo al lugar donde el tacto no existe. Y así cohabita aquel 17 con nosotros, como habitará siempre tu huella indeleble en mi memoria: inquebrantable, bella, pulcra...

"Más vale que no tengas que elegir

entre el olvido y la memoria..."
("Esta boca es mía", 1994. Joaquín Sabina)
Martes 17 de octubre de 2017

10 de septiembre de 2017

7 diez de septiembres.

Hoy echo de menos lo que nunca tuve. Me afano por recordar cosas que en mi vida no pasaron, sonrío a la sombra del árbol que nunca creció.

Hoy hace ya 7 años que murió mi Samuel (¡cómo pasa el tiempo!). Y ando en ese momento de disfrutar de la vida que labramos aquellos días de difícil digestión.

Y me doy cuenta que el 10 de septiembre, más que un día triste, es un día en el que enorgullecerme, enorgullecernos, de tantas cositas conseguidas. Es un día para ser agradecidos, para no cansarnos de dar las gracias a todos aquellos que tanto bien nos hicisteis en aquellos días, semanas, meses... de naufragio. Un día para pararte en seco, volver a secarte las lágrimas por enésima vez, y admirar el paisaje en movimiento de una vida trazada a fuego, a pasito lento, con mucho trabajito en cada metro avanzado, en cada piedra colocada en forma de sonrisa ofrecida.



Un 10 de septiembre más en el que convertir la tristeza en ganas de vivir feliz, porque nunca habrá mejor manera de honrarte a ti, hijo mío, y a tu memoria.


Y todo ello, echándote tantísimo de menos. Y todo ello sin entender nada de esta puta vida. Y todo ello pidiéndote perdón por tantas cosas...

Domingo 10 de septiembre de 2017

25 de agosto de 2017

Juan Reyes Luna

En ti todo es inicio: el amor, la alegría, la ilusión, la inocencia.

Así, sin saberlo, llegas para seguir llenándonos de esa bonita felicidad que, no por buscada, completa la hermosura del suspiro que de cada mirada de tu madre nace. 

Duerme tranquilo, pequeño; ríe tranquilo, pequeño; vive tranquilo, pequeño, que eso que sientes es el amor verdadero de tu familia; los mejores asideros posibles para vivir la vida, para sentir tu vida.

¡Bienvenido, chiquinino! Y ya van 12...