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Mostrando entradas de diciembre, 2017

Dos años, cuatro primaveras.

Paola jugaba al ahorcado con su madre, Martín veía el fútbol en mi regazo, Leo, una vez desordenada la estantería de cuentos, se acercó al portafotos del salón donde posan Samuel, Martín y Paola (quizás en un gesto de protesta). Entonces Paola, fijándose en las fotos, dijo: 
- Samuel en esta foto estaba "enfadaete".


Y lo dijo así. En pretérito imperfecto, en pasado inacabado. No dijo "estuvo", pasado acabado, finito. Dijo "estaba"; inacabado, infinito. El matiz de su palabra golpeó mi alma. Un golpe seco que me sacó de mi mundo porque provocó en mí un fugaz instante de maravillosa confusión. Son esos momentos que por inesperados se convierten en deliciosos, emotivos y necesarios. 
Y entonces, con tu familia (incompleta) en el sofá, el pecho te obliga a imaginar (que no es otra cosa que amarte en el futuro, hijo mío) cómo sería mi otra vida en ese 2017 paralelo en el que la fatalidad hubiera tenido un poquito de vergüenza torera. Y me lo permití. Me di permis…