7 de febrero de 2017

Leo Luna Molina

Son las 1.32h de la noche. Acabo de ser padre por cuarta vez. Y no puedo dormir. 
Leo ha venido al mundo a las 21.20h. Hace 5 horitas.

Se me acumula todo. Estoy aquí sí, pero también voy y vengo al momento del parto. 

Ya lo dije. Y lo mantengo. Uno cree que no puede querer más a su mujer, que no puede admirarla más, que no cabe más sentimiento en su pecho... y entonces la ve parir. Y ahí todo se multiplica exponencialmente. Y lo que tiene que brotar, brota. Y lo que tiene que fluir, fluye. Y el amor comienza a ocuparlo todo.

Este pecho mío está lleno. Muy lleno. De plenitud. De orgullo. De felicidad. De cariño. De paz. De responsabilidad. De nostalgia. De fe... De amor. Todas ellas hijas de la valentía. Todas ellas deseadas. 

Y un pecho lleno habla mejor que la cabeza. La víscera elige mejores palabras que la razón. Porque la primera habla por derecho. Con la verdad. Sin adornos. Porque el corazón siempre toma el camino más corto y más correcto.

¡Qué felicidad! ¡Qué día más grande! ¡Qué recuerdo has vuelto a regalarme, amiga Katia! ¡Qué bonita persona eres!

Si mil hijos tuviera, mil veces querría que fueran tus manos las que les dieran la bienvenida a esta vida. Contagias tantas cosas bonitas...   

Os dejo, que voy a llorar un ratito... que mi corazón me lo está pidiendo. Será que lo necesita... será que lo merezco.

¡¡Bienvenido granuja!!
Leo Luna Molina

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