Regalos
22 de septiembre de 2008
Epílogo
Regalos
11 de septiembre de 2008
El camarero
- Perdona, ¿has terminado con la sal? -osó, superando sus complejos, envalentonado por aquel cruce de miradas.
- ¿No ves que estoy hablando? - replicó cortante, como si no le conociera.
Volvió el olor a café, volvió el sonido de las cucharillas repicando en las tazas.
que decidió conocerme...
y quererme.
Te debo una.
11 de septiembre de 2008
2 de julio de 2008
Revista Literaria Palabras Descalzas
Ahí está el enlace: http://www.palabrasdescalzas.com/
La verdad es que gusta...
15 de junio de 2008
Ojos que no ven
29 de mayo de 2008
Carta abierta a mi tío Manolete
¿Sabes? Ayer volví a sorprenderme pensando que volvería a verte. Es como si mi deseo venciese a la realidad por unos instantes. En ocasiones me sorprendo diciéndome que hace tiempo que no te veo y que tengo que pasarme por la tienda. Pronto la realidad, puta realidad, pisa al deseo sin reparos, sin miramientos. Pronto mi consciente vence a mi subconsciente. Son destellos, ráfagas de confusión, de qué me pasa. Tiene difícil explicación, lo sé. Pero me da igual, no la busco. No la necesito. Además, estoy seguro que no soy el único al que le pasa. Y, por cierto, no me molestan. Me hacen seguir recordándote y te mantienen vivo en mi. Más que suficiente.
Algunos dicen que los que nos dejáis dais fuerza desde algún lugar. Yo creo que seguís vivos en el recuerdo de cada uno de nosotros. Muchos trocitos de tito Manolete por ahí repartidos. Otros aseguran incluso que podéis vernos desde ese lugar al que van las almas. Como si el alma de una persona pudiera vivir sin su cuerpo. No me lo creo. Soy hombre de poca fe, lo reconozco. Además, ¿no sería una putada propia de la mente más cruel?. ¡Qué tortura!. Ver mi vida sin mí, como la película. Ver a mi gente destrozada por lo irrellenable del hueco dejado, ver lo que me estaría perdiendo, ver el trabajito que cuesta salir adelante a los míos... verlos y no poder hacer nada. Prefiero dejar de ser a seguir siendo.
Luego hay otra cosa que me provoca algo que no logro definir del todo. Es algo que no me gustaría que me pasase: que me cambien el nombre. Sí sí, dejar de llamarme Lolo para, después de muerto, llamarme pobrecito. Siempre me acuerdo de lo que tu hijo René me dijo el día de mi boda: “¡Aprovecha que ya no te dicen más guapo hasta el día de tu entierro!”. Más verdad que un santo, tito. Y no me gusta. No me gusta que a los que faltais os recordemos con lástima. Me niego. Al contrario. Los recuerdos son precisamente lo mejor que nos queda. Recordamos los buenos momentos juntos, las anécdotas, las fiestas, los abrazos, las palabras de ánimo o los sabios consejos. El presente es duro, pero el recuerdo no, el recuerdo es alegre.
Ahora tenemos dos caminos. Adaptarnos a la cruda realidad o quedarnos anclados en aquel 29 de mayo. Es duro, durísimo, pero es así. Al menos, así lo veo yo. Es cuestión de elegir y de luchar por lo elegido. Yo elegí adaptarme hace tiempo. Y por ello, lucho por ser lo más feliz que puedo. Lo intentaré porque me lo merezco y te lo mereces. Porque nos lo merecemos todos. No me quedaré en la lágrima. Seré feliz. Y el día que me ponga triste, el día que me dé una bajona, me pararé y recordaré aquel momento en el que tú y yo...¿te acuerdas? Y entonces volverá mi sonrisa y con ella volverás y volveré a sentirte vivo en mí.
26 de mayo de 2008
Aquel junio del 96
Sus soliloquios lo dirigían siempre a aquella habitación en la que sus temores aparecían sobre la mesita de noche. Aún así, a pesar del evidente crecimiento de la distancia entre ambos, él siempre encontraba clavos ardiendo a los que agarrarse. Seguía dando calor a las gélidas miradas, intención a los roces fortuitos, brillo a los ojos mate y toques de seducción a las sonrisas hijas del compromiso.
Pero no fue suficiente. El día menos pensado llegó en forma del más temido. Todo empezó con una llamada. Con un no sé cómo decirte esto. Con una mano sintiendo la otra. Con una última mirada. Con un último suspiro. Pero todo empezó. Le recordó lo maravilloso que era, lo bien que se había portado en todo este tiempo y lo bonito que sería poder comenzar una maravillosa amistad, como si la amistad pudiera ser algo distinto a maravillosa.
No supo sin embargo hacerlo sin ese beso ni aquel abrazo.
Jarabe de Palo.
26 de mayo de 2008
15 de mayo de 2008
10 años después
La voz de Elias rompió el silencio y la condujo de nuevo a la realidad:
- Mamá, ¿tú por qué tienes el pelo "doblao" y amarillo?
Aún hoy, diez años después, estos recuerdos son aderezados con sonrisas y lágrimas que siguen brotando sin permiso.
será la nuestra.
"Diez años después
mejor reir que llorar"
Andrés Calamaro
15 de mayo de 2008