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Seis "diezdeseptiembres" después

Aquí me hallo. Con mi pellizco en este corazón de fuertes remiendos que me da vida.  Hay suturas más sólidas que lo aún no dañado.

Un poquito de aquel maldito 10 de septiembre queda en mi inconsciente, por supuesto. Y no pienso borrarlo. Son lágrimas necesitadas que aún viajan del inconciente a la conciencia, de lo involuntario a lo voluntario, del no olvido al recuerdo recordado. Y que ahí quede por siempre. Mi hijo. Su recuerdo. Que siga ahí invitándome a ver la vida desde el lado que debo verla.

Porque se trata de eso. De hacer consciente lo inconsciente cada vez que lo necesite. De dominar los recuerdos para poder vivir alegremente disfrutando de la vida que siempre quise tener. Con ellos, mis tres motores principales, y con el resto.






Hoy es 10 de septiembre y ya casi no hablamos de tristeza. Seis años hace que nuestro avión, como me dijo mi mujer saliendo del crematorio de Coria del Río, se posicionó en la pista de despegue. Seis "diezdesetiembres" hace ya que lloraba camino al trabajo, que apretaba enrabietado mis puños cada noche, que luchaba por no darme pena a mi mismo frente al espejo cada mañana antes de ir a trabajar.

Hace seis "diezdeseptiembres" de tantas cosas tristes...

Sábado 10 de septiembre de 2016

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