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What a wonderful world

Un marido nunca debería secar impotente las lágrimas de su esposa por haber perdido a su hijo.

Un hijo nunca debería sentir culpabilidad por ver cómo sus padres lloran la muerte de su nieto.

Un hermano no debería entristecer desconsoladamente porque sus hermanos y cuñados no encuentran consuelo tras el fallecimiento de su sobrino.

Un yerno no debería preocuparse por cómo sus suegros afrontarán el vacío irrellenable que les deja su ya desaparecido nieto.

Un tito no debería explicarle a sus inocentes sobrinos que ya no podrán nunca jugar con su primo.

Un ahijado no debería ver cómo su madrina se siente confusa por no saber dónde está el límite entre la privacidad y la cercanía, la tranquilidad y la molestia, el amor y la osadía, mientras su sobrino-nieto agoniza en la fría sala de un Hospital Infantil.

Un nieto no debería nunca llamar a su abuela, la misma tarde de la incineración, para mentirle, con voz mudada, diciéndole que la muerte de su bisnieto era lo mejor que podía pasar.

Un amigo no debería nunca decir a su gente que ya solo espera que el enano deje de luchar.



Claro está que un padre no debería nunca subir a la sala de la UCI sabiendo que es la última vez que verá con vida a su hijo, pensando cuáles serán las últimas palabras que podrá decirle mientras ataca cada escalón; no debería nunca subir para besarlo mandando toda la tranquilidad y paz posible; no debería nunca subir para acariciarlo con la intención de regalarle todo el orgullo que se siente... y no debería nunca subir para hacer todo eso con una sonrisa en la cara procurando que el último ratito sea tan bueno como el primero. 

Y es que, claro está, un padre no debería nunca enterrar a su hijo...


...pero lo entierra.




Y mientras todo esto ocurría, en algún lugar del mundo, seguramente, alguien escuchaba aquella preciosa melodía en la que Louis Amstrong nos invitaba a soñar con un mundo maravilloso.


I see skies of blue
and clouds of white
the bright blessed day,
the dark sacred night...
And think to myself,
what a wonderful world!


(Veo cielos azules
y nubes blancas
el dia glorioso y brillante,
la oscura noche sagrada
y pienso para mí
¡que es un mundo maravilloso!)


Miércoles 27 de octubre de 2010

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