6 de junio de 2007

La muerte y yo o yo y la muerte.

No. Ya no volveré a escucharte:
- Hombre, el Lolillo... pero tú cuando vas a engordar, que todos los "casaos" engordan chaval!! Y la Lola, ¿dónde la has dejado?.
- ¡¡Trabajando, tito... déjala que trabaje!!

Algunos encontrarán consuelo, quizás alivio, en su concepción religiosa de la muerte. Yo no. No estás y no estarás. Ni en el cielo ni en el infierno.

La muerte se cruzó en tu camino por accidente. No tenemos fecha. Nadie la tiene. No tenemos hora. Nadie la tiene. No tenemos un destino escrito con el día de nuestra muerte. Nadie lo tiene. Ni existe un ser superior que decida cómo y cuándo morir.

No, no creo que fueras peor que el resto. Ni mejor. Eras tú. Diferente. Joder, todavía me sorprendo a mí mismo dudando si
emplear "eras o eres". Cuánto me cuesta hablar de ti en pasado, pero seguiré haciéndolo. Para mí es la mejor manera de no olvidarte.

Tus nietos crecerán recordándote. Tendrán una foto contigo en la que derramar sus lágrimas. Yo lo hubiera dado todo por tener una con mi abuelo paterno. A ti podrán recordarte. A mi abuelo tengo que imaginarlo.

Te echaremos de menos, pero aprenderemos, qué remedio, a vivir con tu ausencia o sin tu presencia. Alguien dijo que una persona no muere hasta que no muere su recuerdo. Estoy tranquilo. Aún te queda mucho tiempo entre nosotros.

Así lo creo. Así lo digo.
Solo necesito cerrar
los ojos para verte
06 de junio de 2007

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, es así.

Primo René dijo...

Gracias Lolete