La vida da demasiadas vueltas, a veces, para encontrar ese instante preciso en el que lo que tiene que pasar atesora la verdad de lo bello, lo bueno y lo bonito. Complicaciones innecesarias, liosos laberintos que recorremos creyendo saber dónde está la salida, sin entender que ésta, la mayoría de las veces, comparte equidistancia con nosotros por más pasos que creamos avanzar. Y reiteramos el equívoco, como ese niño malcriado que se encapricha cada día de algo nuevo por no haber sido enseñado a apreciar el valor de los momentos que no vuelven.
Pero eso no es la vida, Soleá. La vida es alba. La vida es amar al amanecer, con el naciente sol de testigo. La vida es verte por primera vez; es el primer beso de tu padre, la demostración de poderío de tu madre; es capturar olores, guardar imágenes para siempre en nuestro pecho; es el arrullo de tus abuelas, el babero siempre húmedo de tus abuelos. La vida es llorar riendo... y reír llorando, claro que sí. La vida es la primera vez de tantas cosas bonitas que viviremos todos juntos. Y las segundas y terceras veces de tantas vivencias emocionantes que abrazaremos como la primera vez a tu lado. La vida, Soleá, es cantarte al oído Luna de Acero, de Salmarina mientras te duermes...
Se parece por el vuelo
que va herida la paloma,
y el laurel por el suelo,
no ponerle a los niños,
luna de acero...
Por eso, te digo, sobri, que la vida se adivina pura e inmaculada a las claritas del día, ese momento aún inalterado y libre, como tú, sin tiempo para artificios, como tu venida. Búscala siempre ahí, chiquitina. Allí estaremos esperándote con todo el amor del mundo para darte, con los brazos siempre abiertos para protegerte, para protegernos mientras bebemos de tu sonrisa. ¿Dónde si no?
Bienvenida a casa, benjamina. ¡Qué bonito broche de oro!
A las claritas del día
¡qué valiente borrachera!
Yo cantando a las esquinas
calle de la fuente vieja.
(Salmarina, 1984. A las claritas del día.
Album, Ay con el Ay)
Martes 1 de octubre de 2024