Hoy hace catorce años que murió mi hijo.
La venida del dolor, el avance de lo terrible, me hizo (auto)defenderme.
Un acuerdo sin firmar. Una promesa sin acabar. Mi escapatoria.
Un sí, pero no siempre. Un sí, pero no tanto. Un sí, pero respirando, pero latiendo, pero siendo.
Un no, pero alguna vez. Un no, pero un poco. Un no, pero doliendo, pero llorando, pero estando.
Un trato sin cerrar. Mi salvación.
Porque un trato no siempre se firma en un momento preciso. A veces, se va alcanzando sin terminar de alcanzarse nunca, como ese horizonte que mantiene constante su distancia. A veces, sin saber ni cómo, ni cuándo, ni por qué, sabes que no lo cerrarás nunca; pero tampoco te importa, porque tu salvación se encuentra precisamente en el camino, en el andar diario hacia ese destino que compartirás algún día con quien tiene un trocito de tu alma, ese alma que no entiende de momentos precisos ni de palabras exactas, ese alma que sí entiende de promesas por cumplir.
Sigue descansando en paz, hijo mío. Mi pecho siempre será buen cobijo para ti, te lo prometo.
Yo seguiré yendo siempre contigo, siempre en mí.
Y que nuestro trato, entonces, siga eternamente por hacer.
"El trato era que nos miráramos
cuando nadie nos pudiera ver"
El trato (Alejandro Sanz, 2019)
Martes 10 de septiembre de 2024