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10 de septiembre de 2026

10 de septiembre y la vida me habla de ti

Cierro los ojos y miro el calendario. Diez de septiembre y la vida me habla de inicios, de proyectos por abordar, de nuevas ideas y situaciones.

Y, a la vez, mi pecho me habla de viajar de nuevo a ese lugar inhóspito de mi memoria, con sabor a final.

La batalla entre morir y vivir mientras tu corazón te ofrece latidos cadenciosos.

Septiembre me lo enseñó. Lo aprendí. Y ahora lo sé.

Sé que vivir tiene que ver con esconder recuerdos, no con perderlos. Que la felicidad tiene que ver con dominarlos, no con olvidarlos. Con sumar latidos, uno tras otro, sin hacer caso al eco de la desesperanza que resuena incansablemente, sin buscar matices al vacío de un sonrisa para siempre diferente. La felicidad es empaparse del aroma puro de la flor solitaria desafiante del vertedero.  

Por ti elegimos vivir y que vivieras en nosotros. Era difícil. Y trabajoso. Morir era sencillo. Solo se trataba de caminar, de dejarse llevar por este vacío que vivimos sin ti. 
Mereció la pena intentarlo. Y conseguirlo, nuestro mayor triunfo. 

Allá donde la vida nos llevó, Samuel, estuvimos siempre juntos. Hoy soy capaz de dominar nuestros recuerdos, sin olvidarte ningún día de mi vida.

Quizás, pensándolo mejor tras escribirte, no fue septiembre quien me lo enseñó. Fuiste tú. Fue tu última sonrisa para nosotros. Y el abrazo <<apretao>> de nuestra gente necesaria. Eso también.

<<No lo ves,
la letra no habla de mí.
Habla de toda la mierda
y del mundo vacío que vivo sin ti.

No lo ves,
la letra no habla de mí.
Se trata de cada latido
y de cada momento que vivo sin ti>>.

Antonio Orozco - Te estaba esperando (2025).

Jueves, 10 de septiembre de 2026.

16 de marzo de 2016

Necesidad

Ahora siento la necesidad de escribir. Mientras viajo en el autocar, camino de nuestra excursión, rodeado de la inocencia bendita de los niños y niñas de mi cole. Ahora, tras leerte y revivirlo todo, siento la necesidad de que mis emociones fluyan, como río que busca el mar, desatascando preguntas tan inevitables como innecesarias.

Uno no tiene entre sus planes de matrimonio sano, con su ficticia capa de invulnerabilidad sobrepuesta, recibir la bofetada, estacada quizás, de conocer la faceta profesional y personal de un cirujano cardiovascular infantil, cuando tu primogénito viene a llenarte por completo. ¿Cómo decir entonces que me alegra haberlo conocido? ¿Que me siento en paz tras cada lágrima derramada en su despacho, tras aquel apretón de manos, tras aquella sonrisa triste de despedida?

Era miedo. Pánico. Terror. Llámenlo como quiera. Yo me quedo con miedo; eso es, miedo. Podré verme en mi vida en mil situaciones personales. Podrán intentar pegarme, robarme o ponerme entre la espada y la pared literalmente. Os aseguro, muchos sabéis de lo que hablo,  que no sería miedo lo que sentiría . Un hijo, una hija en peligro de muerte ... eso es el miedo.

Hoy he vuelto a llorar por fuera por Samuel. Hacía un par de meses que no lo hacía. Y volver a tener esos momentos me alivia el alma; al menos, hasta la próxima.

Al igual que me pasa con mi buena amiga Katia, soy incapaz de elegir palabras certeras para hacer llegar nuestro agradecimiento hacia grandes personas.
 
Seguramente, solo mis lágrimas inconfusas y confesables pueden estar a la altura.¿Quién sabe?


Más días como estos...
Miércoles 16 de marzo de 2016

17 de octubre de 2015

Mi alma, tu beso y la desnudez

Tu mirada me desnudó. Apresó mi alma con la suavidad de quien ya conocía el amor puro.

Te recibí. Tu deseo, mi deseo, amor a fuego lento. Nuestras sonrisas ya perpetuadas.

Navegué... navegué mientras mi mente navegaba. Reí mientras mi mente reía. Te besé... te besé mientras mis labios te besaban.

Así fuimos. La eternidad de una sonrisa a ti debida, amor. Tu felicidad acariciando mi recuerdo. Algarabía y alboroto.
 
Temblamos cediendo el control. Incrédulos. Limpios nuestros pechos. Ocupado tu vientre. Vacío el rastro del olvido. Alojada tu sonrisa en la mía. Completos de amor. Todo listo al fin.

Y entonces pensé como ahora pienso:

Amor, balbucéame nuestra palabra amor mientras tus ojos me gritan y desprende mis sentidos. Recogeré valeroso tu requiebro limpio de tristeza. Porque si tu voz rompe, mi amor, vuelvo a aquel octubre y mi alma se desnuda en tus labios. Porque si tu voz rompe, mi amor permanece.

Te quiero tanto...
6 años rozando su nombre.
6 años balbuceando nuestra palabra amor.
17 de octubre de 2015

10 de septiembre de 2015

Hoy hace 5 años de tu muerte...

La mente no para. Mi mente no para. El corazón, tampoco. Mi corazón tampoco. Los recuerdos siempre vuelven, con cualquier excusa, sin motivo aparente. Y traen de la mano emociones y sentimientos verdaderos. Todo vale para resentir, para que poco a poco empiecen a fluir sonrisas o lágrimas saladas, que no dulces. 

Y la confusión reina por momentos donde otrora moraba el orden (con pinzas cogido, pero orden al fin y al cabo). Y vives en un futuro incierto con presencias deseadas y ausencias indebidas. Hay tesituras que no debieran siquiera bucear por la mente. Hay opciones que no vienen dadas para responder a preguntas malnacidas.

Hoy, enano, hace cinco años de tu muerte. Y yo aun camino entre nubes formadas por las mismas gotas de agua de siempre. Te busco tranquilo enredado en mi ser, y en mi entrañas también, claro. Te busco porque necesito volver entre los árboles que tus ojos conmigo vieron. Allí donde el sonido de tu llanto pululará por siempre entre nuestros pechos.

Hace cinco años de tu muerte y mi mente aún no ha parado. Mi corazón... mi corazón tampoco. 


Y que vengan muchos más.
Jueves 10 de septiembre de 2015

25 de junio de 2015

Si bastasen un par de...

Bajo el suelo no hay nada, no crean lo que les dicen. Todo es mentira. No existe nada bajo el piso. Todo es aire en quietud. Oquedad llena de pensamientos náufragos, de sentimientos huérfanos, de pacientes emociones esperando ser sentidas. Nada, por tanto. La Tierra en sí no tiene corazón, es hueca, como esa pelota de playa barata. Y sobre ella, todo vuela. El viento domina un paquete de pipas que danza al compás caprichoso sin atender a las pisadas de los viandantes. Hoy hacia aquí, mañana huye. Sin meta, sin destino, porque no existe destino ni razón en el viento; porque el viento es un niño caprichoso y malcriado que de todo tiene y nada valora, ni siquiera la libertad de poder elegir.

Si yo fuera viento elegiría rozarte cada rato. Huir contigo hacia delante, de tu mano, protegido. Si yo viento fuera, Samuel, apagaría juguetón las velas de tu cumpleaños, a cada ratito, para, seguramente, dejar que el sonido de tu risa se posara en mí y poder guardarlo conmigo.

O quizás no. Quizás, si yo fuera viento giraría al revés esta falsa Tierra, cual Superman, tan rápido, tan fuerte, tan decidido, que llegaría al primer día de todos y elegiría tocarte, besarte, olerte, cogerte, calmarte, cantarte, bañarte... de nuevo. 

Si bastasen un par de palabras para felicitarte, hijo mío. Si bastasen un par de lágrimas para ser viento.

5 años.
"Si bastasen un par de canciones"
Eros Ramazzotti
Jueves 25 de junio de 2015

10 de septiembre de 2014

4 años son demasiados incluso para nosotros

Es el recuerdo de cada amanecer lo que me convence. La huida hacia delante lo que nos salvó la vida. El tiempo que pasamos juntos lo que me mantiene fuerte.

Aquella vuelta a casa, aquel cojín, aquel grito a pleno pulmón hundido en el sofá, la ducha de después, la primera noche en cobardía, el primer domingo en negro del calendario, aquellos llantos camino al trabajo durante las primeras semanas. Cuatro años hace ya de tanto que me da pavor que el reloj siga caminando y que la vida siga empujándome hacia el único sitio en el que tú no estás. 

Por eso vengo aquí. Porque aquí te guardo a los ojos de todos. Aquí, a plena luz, te escondo y te llamo para mí. Porque sé que aquí regresas cada vez que te necesito. A veces, aun, con mucha tristeza y muchas lágrimas. Otras, en cambio, con pasión de padre, con amor rebosante, con caricias introvertidas. 

Cuatro años son demasiados para mí. Tiemblo sintiendo que la rutina me invita a veces a no tener tu momento, a no vivir tu vida en mí. Me sobrecoge que el tiempo me obligue a caminar en el sentido contrario al que necesito. Me aterra notar que la virtud de poseerte es cada vez más voluntaria. Me estremece que la noche calme más que el día, que el camino se vuelva circular. 

Es diez de septiembre otra vez. Y lo celebro. Porque vuelvo a tener esa tristeza que necesito para no despiadarme.

A ti, Samuel. 
 Miércoles 10 de septiembre de 2014

7 de julio de 2014

Julio

Julio es mar oscura que huele a vida. Es castillo de arena desbordado por vientos errantes que no precisan permiso para imponerse. Es noche de paseo marítimo inundado por olas de vaivén amenazante. Es julio olor a desayuno con pan de ayer, aderezado con gorjeos de ladronas gaviotas al acecho.

¿Quién te entiende Julio? ¿Cómo recordarlo con tristeza si julio siempre olerá a vida? ¿Cómo sentirlo con alegría si julio nunca volverá a predecir agosto? ¿¡Quién!? ¿¡Quién logrará entenderte!?

Retienes manos y caricias escondidas en lugares remotos; retienes primeros besos, abrazos, amor esmerado que por vigorosos ojos brota a caudales de naturaleza impía. Retienes miradas inmaculadas con permiso para posarse en cada triza cándida de olor a vida naciente.¿Cómo no quererte Julio?

Pero desprendes mucho. Desprendes desasosiego y cobardía en lágrimas manadas de forma prematura. Desprendes latigazos de pavor calmados en mil abrazos protectores. Desprendes sollozos ahogados entre caretas que rezuman apariencia. ¿Como no temerte, entonces, Julio?

Es julio amor y recelo. Es julio soledad y compañía. Una isla rodeada de embaucadoras imágenes sostenidas por la fuerza de un sonrisa que ilumina una ciudad entera para siempre.

Es julio un continuo ir y venir de emociones. Agitación. Turbación. Vida. 



Julio: Donde mis recuerdos se posan
Lunes 07 de julio de 2014 


18 de abril de 2014

¿Quién gritará tu nombre?

Y si no te recuerdo yo ¿quien lo hace hijo mío? Y si no nacen estas letras que hablan más de ti que de mí, ¿quién te revive?

Son mis dedos los que necesitan saber de ti, saber que alguien te resucitará mientras trabaja, mientras desayuna, mientras siestea en un sofá sin saber siquiera el poder que sus ojos emanan, el sentido de su lectura, la incomensurable fuerza que derrochan cada una de estas palabras que vuelan, a veces por su alma, a veces por su mente, a veces sin rumbo. 

Por esto siento la necesidad de recordarte, para obligarte a revivir.

Porque si no te escribo yo, ¿quién te recuerda, hijo mío? ¿Quién vive tu presencia aunque sea un ratito cada día? ¿Quién te llama? ¿Quién grita tu nombre con el pecho ensangrentado, con ojos derramando sal, con hiel, con miel también, en las entrañas, con amor incuestionable, imparable, en su garganta? ¿Quién robará segundos para regalártelos? ¿Quién morirá de amor por ti antes de que el amor por ti muera?

Y sobre todo hijo mío, ¿quién pasará página sabiendo que tú estás en todas y cada una de las letras del libro de su vida?

Un día, Samuel, lo comprendí TODO.
"Mi vientre cosido
Mi vientre cosido a tu vientre,
tu luz a mí traída,
tu pelo enredando el aire
como viento que arrastra hojas
o jóvenes con el corazón en llamas,
que es el vivir.
“Esquivar el suelo y remontar
una y otra vez el aire”, me dices.
Cómo nombrarte, amor, y no desangrarme.
Cómo nombrarte, como decir tu nombre,
que es mi vivir, amor,
y no desangrarme,
y no dragar el corazón hasta hacerlo entrega,
que es el amar.
Dime cómo, amor,
cómo traer a mí el espacio de tu nombre,
no desangrarme
e ignorar que la intemperie en las costillas,
que la soledad en el fin de la garganta
contigo esquivaron mis ojos"
Los Desperfectos. (Martín Lucía, 2009).
Viernes Santo 18 de abril de 2014

1 de enero de 2012

Una navidad después.

Llegué aquella tarde de trabajar, como otra cualquiera. Mi mujer bajaba las escaleras en el mismo instante en el que yo abría la puerta. Ya olía distinto.


Entrecortada, sin saludos que perdieran minutos, las palabras se escapaban de su boca. "Marío, estoy embarazada".


Nos abrazamos y rompí a llorar. Lloraba por Samuel. Lloraba por mi mujer. Lloraba por mí. Lloraba por abrir de nuevo el futuro. Lloraba porque, por fin, una nueva ilusión podría luchar contra tanta injusticia. El miedo no cabía, la desesperanza tampoco. Eran lágrimas de confusión, imparables todas. Lágrimas que ponían el broche a un 2010 impresionante, extraordinario, en sus más rigurosas ascepciones. Impresionante, porque nos impresionó. Extraordinario, porque se salía de lo ordinario, de lo normal.

Y salimos presurosos a nuestras casas. A gritarlo, a llorarlo, a sentirlo con nuestra gente necesaria. A recibir sus abrazos, a alegrarles la vida, a darles un motivo para, cuando menos, endulzar algo unas navidades que se presentaban demasiado amargas para poder siquiera intentar saborearlas. 

Ya hace una navidad de todo eso. La sonrisa de Paola analgesia nuestro alma. Nos da vida, porque nos permite recordar a Samuel, sin miedos ni fantasmas en nuestras cabezas. 

Un año de valientes, esposa. Un año para conocernos y amarnos en la desgracia mutua. Un año para tocar fondo e impulsarnos.

¡Disfrutemos!

"Te estoy queriendo tanto que..."
Domingo 1 de enero de 2012 

12 de diciembre de 2011

Evidencia

Era evidente. La vida se te escapaba. Tu cara era una fotografía de la muerte. Tu cuerpo apenas podías guardar vida. Realidad...

Nuestra sonrisa, por momentos, también se esfumó aquella noche. Ni siquiera pudimos evitar llorar en tu presencia. Morías poco a poco, junto con nuestra esperanza, junto con nuestras ilusiones, junto con nuestra felicidad. Tristeza...

La muerte tiene cara. Y cuando la ves entiendes que por más que desees, por más que empujes, por más que aprietes tu alma, no hay nada que hacer. La muerte siempre gana la partida. Impotencia...

"Id a casa, descansad, pero no apaguéis el móvil...".

Frase que dio comienzo a la noche más larga de nuestra vida; incluso más que aquella primera noche en soledad en la que la ausencia fue vencida por el cansancio. Pesadilla...

Recuerdos mojados...
Lunes 12 de diciembre de 2011

17 de octubre de 2011

Lo primero y lo último

Lo último que hago, cada noche, cuando decido poner fin al día, es mirar mi móvil. Cada mañana, cuando mi despertador decide poner inicio a mi día, lo primero que hago es mirar mi móvil. Y me desgarro el alma, mi alma, al acostarme y al despertar.


Me desgarro mi alma al dormir y al despertar y mil veces más al día, cada una de las cienes de veces que desbloqueo mi móvil solo para acariciar la foto de tiempos pasados, y mejores. Cada una de las cienes de veces que acudo al recuerdo de mi hijo para no olvidarlo.

Yo, para estar de pie hoy necesito ver la foto de mi hijo. Para sonreír hoy, necesito saber que lloré ayer y que lloraré mañana. Necesito transportarme al feliz pasado, al pleno pasado, cada ratito, porque si llevo mucho sin hacerlo, noto que me falta algo.

Entendí desde el primer día que necesitaba incorporar mi pasado como parte de mi presente para llegar a superarlo. Borrar el pasado para tener un presente feliz no puede nunca convertirse en una estrategia buena. Llenar el presente de preguntas incontestables, tampoco.

La vida está llena de puntos y seguido. El punto y aparte se parece demasiado al punto y final.

Dos años después. 
Nunca una alegría como aquella. 
Quizás alguna tristeza nos quede.
Lunes 17 de octubre de 2.011

11 de septiembre de 2011

El peor camino de mi vida

Hace hoy un año que hice el peor camino de mi vida. Porque el peor camino de todos no es el que tiene como llegada el crematorio, sino el que lo tiene como salida. Es ahí donde todo el aire falta y el corazón se hace pequeñito.

Porque es en ese momento cuando es más difícil encontrar las fuerzas, porque en ese momento se hace casi imposible encontrar motivos para sonreír, aun cuando la sonrisa sea una obligación diaria. Y no solo encontrar motivos para sonreír, sino también para hacer sonreír a tu mujer.

Hoy, un año después, vuelvo la vista atrás, ya con aire en el pecho, con sonrisas en la cara, con nostalgia en el corazón. Ahora no sé cómo pudimos echar un paso tras otro. No sé cómo volvimos a cocinar, a ducharnos, a limpiar... No sé cómo, de dónde, sacamos fuerzas para guardar recuerdos en cajas de cartón. Supongo que gracias a nuestro coraje y a nuestra gente necesaria. Supongo, no. Lo sé. Gracias a nosotros y a vosotros. Y más tarde, gracias a Paola.

Hoy hace un año que, a pesar de que la vida se olvidó de nosotros, elegimos vivirla. La decisión más sencilla de nuestra vida. La decisión más difícil de poner en práctica.


...como si fuera ayer.
Domingo 11 de septiembre de 2011

8 de agosto de 2011

Ahora que todo comienza

Ahora que los besos tendrán, de nuevo, donde posarse; que las caricias recobrarán olores.

Ahora que las canciones serán acabadas; que los recuerdos no tendrán que luchar contra el olvido. 

Ahora que fotografiaremos sonrisas; que el sol vuelve a la mañana del domingo. 

Ahora que todo vuelve a comenzar...




"Ahora que todo comienza..."
(Martín Lucía)
A mi hermana Úrsula, 
A mi cuñaíta Eli.
Ahora que volvéis a ser titas...
Domingo 08 de agosto de 2011

26 de julio de 2011

Sobre almas no preparadas para sentir.

Hace poco alguien osó decirme que debería quitar la foto de mi hijo del móvil, porque así sería más fácil pasar página y superar su muerte.

Superar su muerte... ¿eso qué significa? La muerte de tu hijo no puede esconderse en el fondo de un baúl. Unos padres no pueden renacer desde el olvido. Eso es imposible. O, mejor dicho, para mí sería imposible, por mi propia naturaleza, por mi forma de entender la vida... y la muerte.

La idea es la contraria. Es salir a flote desde el recuerdo. La muerte de un hijo es superable, pero no desde la negación de su existencia. No se trata de ponerle muros a la memoria. Se trata de convertir la tristeza en recuerdo, la nostalgia en energía.

La vida de cada uno de nosotros está formada por nuestra experiencia. Experiencias, algunas, buscadas, elegidas, y otras encontradas, impuestas. A veces son nuestras decisiones las que pesan en nuestro destino. A veces, simplemente la casualidad toma el mando. Pero ambas experiencias te hacen personas. Y ahora eres así por esa suma de experiencias pasadas. Negar todo eso es negar tu propia vida. 

Somos un continuo de carne y tiempo. Las etapas vitales no son más que artificios humanos. 

Ahora soy porque fui antes. Y después seré, porque ahora soy. Así me he hecho. Así me ha hecho la vida. Y así la vivo, sintiendo cada ratito.

Porque prefiero mil veces sentir tristeza que negar la existencia de un pasado que, además, me dio la mayor alegría que pude sentir.

Porque hay minutos que valen más que años. Porque hay días que cunden más que décadas.

Y hoy también puede
ser el día menos pensado.
Martes 26 de julio de 2011

12 de julio de 2011

Vidas tomadas al azar.

He notado que las sensaciones llenan caminos. Que la gloria, aún a cuentagotas, se confunde demasiadas veces con el artificio. He notado que llueve cuando la tristeza se escapa de las manos de las personas buenas.

Las palabras feas también llenan las hojas del diccionario. Las noticias malas son siempre de madrugada. Los esclavos siguen buscando amos que los maltraten. 

He visto llorar ojos que guardaban demasiados secretos. He escuchado voces que mentían como niños volviendo del recreo. He sentido pieles demasiado ásperas para calmar llantos pueriles. He captado aromas de ciudad en pies descalzos. 

Y he tomado una determinación en consonancia. No quiero puntos y apartes desmemoriados. Dame puntos y seguidos que ya los colocaré yo allá donde las personas hallen personas y las sombras sean dominadas por los árboles.

Presente imperfecto.
Martes 12 de julio de 2011

4 de julio de 2011

Sobre la tristeza y otros sentimientos satélites.

Tiro de imágenes. Sí, eso hago. Para no permitirme deambular. Para seguir soñando, aún sabiendo que sueño. Tiro de imágenes gratas. Para reír, aunque sea por fuera. Para seguir llorando solo por dentro. Tiro de imágenes que suplan al color verde, al pitido incesante, al azul del sillón.

Es que a veces me ahogo, porque me roban el aire del pecho. La soledad, quizás. La tristeza, tal vez. La melancolía, quién sabe. El infortunio, puede ser. La angustia, la impaciencia, la desilusión, la añoranza, la apatía, la lamentación... o un poquito de todas... o ninguna quizás. ¿Quién puede ponerle nombre a todo?

Por eso recurro a esas imágenes de ternura. De un padre en vela con su hijo. De una madre cantándole a su cuerpo. De unos padres disfrutando de la vida, aun cuando la vida no disfrutaba de ellos.

Y te veo tranquilo y feliz. Y me veo riendo. Y veo a mi señora con ojos que gritan pasión.

Y todas ellas, entonces, huyen de mí avergonzadas. Y salen presurosas sin echar la vista atrás, sabedoras de que volvieron a perder la batalla. Se marchan a su escondite cual hienas. Y esperan, pacientes. Y esperan, agazapadas. Y esperan, petrificadas. Y esperan incansables alguna oquedad en estas débiles almas de padres sin hijos, de padres ladrones de sentimientos al amanecer, de antónimos de huérfanos.

Que la tristeza sea algo más
que la ausencia de alegría.
Lunes 4 de julio de 2.011

27 de mayo de 2011

Momentos y licencias.

Desde entonces existen dos palabras en nuestro vocabulario que solo podremos escribir con letra mayúscula. La una hace referencia a lo vivido y la otra a lo que no viviremos, a lo que nos estamos perdiendo. Suena egoísta. Es centrar todo esto en el dolor de unos padres sin hijo. Pero hoy necesito volver mis ojos para mirarme un poco, para tomar introspectiva. Porque existen momentos de agobio, de dolor inmedible, de gritos ahogados en océanos sin memoria, de pechos que viven alejados de las calles y los ruidos, de soledad en compañía.

Es complicado, y duro, salir poco a poco de todo y esperar en cualquier lugar, sin ver más allá de lo que tus pupilas alcanzan a contemplar. Es duro, y complicado, imaginar que tu camino no estará nunca enlosado con baldosas amarillas y que, en su final, no te espera la tierra de Oz, aquella en la que todo era posible.

El mar, un par de veces al día, pierde la partida frente a la arena, y se retira con aires de grandeza, sabiéndose vencedor en la próxima batalla, porque la costumbre así se lo asegura. 

Volveré para vencerte, aunque sea un par de veces al día. Hasta que la eternidad comprenda que mis fuerzas son infinitas y que no habrá tristeza en mí que me quite las ganas de sonreír por la más nimia de las situaciones por vivir.

Y será entonces cuando SIEMPRE y NUNCA no vengan teñidas de soledad.

Ahora que todo empieza a aproximarse.
Viernes 27 de mayo de 2011 

8 de mayo de 2011

Ahora me lo permito.

Me doy cuenta, con el paso impasible del tiempo, que los ratitos de tristeza son necesarios en esta tarea de hilvanar un corazón descosido. Hace meses, todo dolía tanto, que el miedo se apoderaba de nosotros e intentábamos no caer en los tentáculos del recuerdo, para que la cinta andadora ganara en velocidad y el tiempo, cual parche viejo de tela, fuera remendando poco a poco todos los pesares. Básicamente, era cobardía, miedo a caer y tener serias dificultades para levantarse. Porque de vez en cuando nos asomábamos al pozo, más por obligación que por curiosidad, y aquello no tenía fondo alguno; ni siquiera cubo y cuerda a los que asirse como último trance. 

Hoy sé que todo fue necesario. Y que nuestro cerebro es más listo en modo automático que en modo manual. Quizás se activó el mecanismo de supervivencia y entendimos, por fortuna, que no era momento para pararse demasiado. Era momento para dejar salir, para fluir, para dejarse atrapar por la rutina más rutinaria y empujar las agujas del reloj lo máximo posible. Era tiempo para eso. 

Ahora, poco a poco, van llegando nuevos tiempos. Estamos un poco más recuperados del trauma y, aunque la sensación de vacío es infinita, volvemos a necesitar momentos tristes y abrazos entre lágrimas. Simplemente, porque ya nuestro corazón tiene los remiendos necesarios para aguantar nuevas lágrimas de vieja tristeza. Y ahora las necesitamos para no caer en lo inhumano, en la frialdad innecesaria. Rompemos la rutina sin miedo, para darnos un abrazo pensando y llorando, llorando y sintiendo, sintiendo y recordando. Y eso, se convierte en conveniente, e incluso en imprescindible, para poder seguir adelante. Para poder sonreír mañana. Para dar nuevos sentidos a estas vidas desangeladas por momentos.

No tengo miedo a la tristeza. He aprendido que puedo ser feliz aún siendo triste. Sé que mi cota de felicidad ya llegó. Sabemos que no seremos nunca más felices que aquellos días de junio en los que aún éramos ignorantes. Lo sabemos. Pero no nos agobia, ni siquiera nos preocupa en demasía, porque esto no significa que la nueva felicidad que nos espera, aún con matices, no merezca la pena ser vivida. 

Si algo tienen los momentos tan duros es que te dan una lección vital inolvidable: ¡¡VIVE!!

Ahora entenderás que
me haya quedado con las ganas
de bailar una sevillana 
con mi mujer y Paola...
Domingo (de feria) 08 de mayo de 2011

21 de abril de 2011

¿Palabras para todo?

Lo cruel es la sensación de que el tiempo te obliga a olvidar y tú no quieres hacerlo. Lo verdaderamente cruel del aquí y ahora es que el tiempo pasa e irremediablemente empiezas a sentirte mejor y empiezas a llenar tu vacío con nimiedades propias de otras vidas. Pero tú no quieres.

Lo cruel es darte cuenta de que a veces, más de cuatro veces, pasas un ratito sin recordar un olor, sin evocar alguna sensación de antaño, sin volver a sentir la felicidad antigua o el desconsuelo presente. Y te duele. Y te preguntas si no estás olvidando más de lo necesario, si no debieras resentir más de lo que resientes, sentir más de lo que sientes.

Es difícil vivir con la necesidad de estar más triste de lo que estás por miedo a poder traicionar el recuerdo de tu hijo. Sé que merecemos la felicidad más que nadie. Y me lo repito diariamente. Pero cuando llega, a cuentagotas, no la siento en todo su esplendor porque tengo el alma esposada, seguramente, por mí mismo.

Y es que quizás el problema sea más sencillo que todo esto. Tal vez, sea cuestión, simplemente, de dejar fluir y no buscar palabras para todo. Y reír cuando el cuerpo te pida reír, y llorar cuando el alma te pida llorar... ¿Pero qué hacer cuando el cuerpo te pide reír y el alma te pide llorar a la vez? ¿Puedo reír? ¿Debo reír? ¿Puedo llorar? ¿Debo llorar? ¿Me pongo límites?

Es difícil vivir en el alambre de los sentimientos sin resbalar siquiera.

Espero no volveros locos. O al menos, no definitivamente.


Hoy es un día
(senti)mentalmente lluvioso
Jueves Santo 21 de abril de 2011