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31 de julio de 2015

Martín 1.

Cada fecha es una oportunidad. Una pausa. Una "sentá" en el camino.

Hoy, mi pequeño Martín cumple un año. El tío más sonriente que conozco. Un año lleva, por tanto, recordándonos que nuestros pasos no debieran nunca dejar el camino por tomar una verea.

Tengo pocas palabras. Ninguna a la altura de lo que nos da tu sonrisa, tu carcajada limpia.

Solo espero, churra mía, estar a tu altura; y enseñarte a ser un tipo honrado...  y así la vida te devuelva con sentimientos cada sentimiento que tu regales.

Soy mejor persona gracias a ti y eso que tú me das es mucho más de lo que yo podré ofrecerte.

Felicidades tunante.  Te quiero.

Sábado 1 de agosto de 2105

31 de agosto de 2014

Sueños

Relato corto enviado a Ediciones en Huida para colaborar en la campaña que junto con UNICEF lleva a cabo en pos de la Infancia. Tú también colaborar de varias formas.

Escribe sobre la solidaridad o cualquier otro valor positivo. Relatos, poesía, reflexiones, ensayos, etc... y deja tu granito de arena.

Pincha aquí y obtén más información.


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SUEÑOS

Se paró a atarse los zapatos llenos de remiendos. Eran cómodos. "Heredar zapatos tiene su parte buena. Te ahorras rozaduras de niño rico" pensó sonriente. Volvió a meterse la mano en el bolsillo, quitó la gomilla para desatar su pañuelo y volvió a recontar el dinero, moneda a moneda, por enésima vez aquella mañana: diez monedas de un duro, cincuenta pesetas.

Había pasado mucho miedo y muchas horas haciendo recados a la vieja del bajo A, del bloque encantado de la esquina. Nadie se acercaba a esa ventana, nadie osaba hablar con la vieja huraña y despiadada, de mirada fría y acusadora. Todo el mundo sabía en el barrio que se había comido a sus hijos. Cada recado, una peseta. Cincuenta recados para tener suficiente dinero.

Aquel escaparate lo sacó de sus pensamientos. Allí seguía su camión de bomberos. El camión de bomberos de sus sueños. Con manguera enrollable y una escalera que crecía y crecía. Puso sus pies en el escalón de entrada y se paró un instante desviando su mirada hacia el lado de la puerta. Allí seguía también aquel niño de mirada triste y ojos esperanzados, de famélica expresión, sentado, con su gorra del revés apoyada en el suelo y su cartón:

"alludame tengo ambre grasias"

Volvió a mirar su dinero.

Muchos poquitos juntos...
Domingo 31 de agosto de 2014

7 de julio de 2014

Julio

Julio es mar oscura que huele a vida. Es castillo de arena desbordado por vientos errantes que no precisan permiso para imponerse. Es noche de paseo marítimo inundado por olas de vaivén amenazante. Es julio olor a desayuno con pan de ayer, aderezado con gorjeos de ladronas gaviotas al acecho.

¿Quién te entiende Julio? ¿Cómo recordarlo con tristeza si julio siempre olerá a vida? ¿Cómo sentirlo con alegría si julio nunca volverá a predecir agosto? ¿¡Quién!? ¿¡Quién logrará entenderte!?

Retienes manos y caricias escondidas en lugares remotos; retienes primeros besos, abrazos, amor esmerado que por vigorosos ojos brota a caudales de naturaleza impía. Retienes miradas inmaculadas con permiso para posarse en cada triza cándida de olor a vida naciente.¿Cómo no quererte Julio?

Pero desprendes mucho. Desprendes desasosiego y cobardía en lágrimas manadas de forma prematura. Desprendes latigazos de pavor calmados en mil abrazos protectores. Desprendes sollozos ahogados entre caretas que rezuman apariencia. ¿Como no temerte, entonces, Julio?

Es julio amor y recelo. Es julio soledad y compañía. Una isla rodeada de embaucadoras imágenes sostenidas por la fuerza de un sonrisa que ilumina una ciudad entera para siempre.

Es julio un continuo ir y venir de emociones. Agitación. Turbación. Vida. 



Julio: Donde mis recuerdos se posan
Lunes 07 de julio de 2014 


27 de octubre de 2013

La felicidad sigue en el mismo sitio

En la era de lo virtual, del 3D, de Internet..., la felicidad sigue hallándose en el corazón de una niña con botas de agua que juega en el barro.

Y el amor, el amor reside en los ojos de un padre que admira una estampa diseñada en más de una madrugada de vela y sueño, de sueño y vela.

Y es que la felicidad viaja entre sonrisas infantiles, el único lugar aún lleno de pura pureza.



"Diseñando madrugadas..."
Sevillana "Pienso en ti" 
Disco: Rompeola 1987. 
Salmarina
Domingo 27 de octubre de 2013

11 de marzo de 2012

Tres palabras y una sonrisa

Eran los mismos paisajes, los mismos decorados. Las mismas fotografías en movimiento. Predecibles vaivenes en las copas de los árboles. Sincronizadas las nubes. Pintado el tímido sol dispuesto a la retirada. Un día más.

Solo quedaban mis pensamientos escurridizos como prueba de mi existencia.

Un niño me rodeaba. Utilizaba mi cuerpo como juguete. Yo andaba y él me daba vueltas. Pura diversión sin hipotecas.

Su madre, hizo de madre, y le llamó la atención. Tres palabras:
- ¡Samuel, déjalo tranquilo!

Sonreí.

Matices
Domingo, 11 de marzo de 2012

 

16 de noviembre de 2011

Duérmete, mi niña, duerme en mi pechera.

Duermes disimuladamente bajo la incrédula mirada de unos padres con demasiado amor acumulado en sus corazones.

Tu mirada llena nuestros ojos de vida. 

Tu sonrisa, cada vez menos fortuita, devuelve el aire robado a nuestros pechos.

Tus dedos regalan caricias de vida feliz.

Tu cuerpo, entre nuestros brazos, retiene sensaciones de antaño.

Tu voz pone banda sonora a nuestros recuerdos.


Duérmete mi niña, en mi pechera.

"Ea la ea...
que mi niña se duerme
ea la ea...
con esos ojitos verdes
de sementera,
en la almohada caliente
de mi pechera"
"Manuela"
 Miguel Moyares para Las Carlotas.
Martes 15 de noviembre de 2.011.

12 de octubre de 2011

Si tú estás sobre mi pecho...

... entonces no tengo miedo al llanto. La oquedad de mi corazón desvalido se llena con la energía que brota de cada uno de tus latidos. Pecho con pecho el aire nace en cualquier rincón.

Porque si tú estás sobre mi pecho, la vida vuelve a parecerse a la vida y las estrellas engalanan cielos de ciudad.




Y en ese momento preciso, los cuentos infantiles cambian lágrimas eternas por sonrisas incomprendidas, pero comprensibles.



A Paola, mi niña.
Miércoles 12 de octubre de 2011

8 de agosto de 2011

Ahora que todo comienza

Ahora que los besos tendrán, de nuevo, donde posarse; que las caricias recobrarán olores.

Ahora que las canciones serán acabadas; que los recuerdos no tendrán que luchar contra el olvido. 

Ahora que fotografiaremos sonrisas; que el sol vuelve a la mañana del domingo. 

Ahora que todo vuelve a comenzar...




"Ahora que todo comienza..."
(Martín Lucía)
A mi hermana Úrsula, 
A mi cuñaíta Eli.
Ahora que volvéis a ser titas...
Domingo 08 de agosto de 2011

26 de julio de 2011

Sobre almas no preparadas para sentir.

Hace poco alguien osó decirme que debería quitar la foto de mi hijo del móvil, porque así sería más fácil pasar página y superar su muerte.

Superar su muerte... ¿eso qué significa? La muerte de tu hijo no puede esconderse en el fondo de un baúl. Unos padres no pueden renacer desde el olvido. Eso es imposible. O, mejor dicho, para mí sería imposible, por mi propia naturaleza, por mi forma de entender la vida... y la muerte.

La idea es la contraria. Es salir a flote desde el recuerdo. La muerte de un hijo es superable, pero no desde la negación de su existencia. No se trata de ponerle muros a la memoria. Se trata de convertir la tristeza en recuerdo, la nostalgia en energía.

La vida de cada uno de nosotros está formada por nuestra experiencia. Experiencias, algunas, buscadas, elegidas, y otras encontradas, impuestas. A veces son nuestras decisiones las que pesan en nuestro destino. A veces, simplemente la casualidad toma el mando. Pero ambas experiencias te hacen personas. Y ahora eres así por esa suma de experiencias pasadas. Negar todo eso es negar tu propia vida. 

Somos un continuo de carne y tiempo. Las etapas vitales no son más que artificios humanos. 

Ahora soy porque fui antes. Y después seré, porque ahora soy. Así me he hecho. Así me ha hecho la vida. Y así la vivo, sintiendo cada ratito.

Porque prefiero mil veces sentir tristeza que negar la existencia de un pasado que, además, me dio la mayor alegría que pude sentir.

Porque hay minutos que valen más que años. Porque hay días que cunden más que décadas.

Y hoy también puede
ser el día menos pensado.
Martes 26 de julio de 2011

23 de julio de 2011

Sobre almas preparadas para sentir.

Dentro de dos semanas, día arriba, día abajo, nacerá Paola. Dos semanas puede ser muy poco tiempo o puede ser una eternidad, depende. Para nosotros, ahora mismo, dos semanas es más tiempo del que poseemos.

No tenemos miedo, aunque la vida nos haya concedido licencia para tenerlo. Hemos llevado un embarazo normal, aunque tuviéramos permiso para la paranoia. Incluso hemos sabido disfrutarlo en bastantes momentos. 

Las supersticiones tampoco han sido, ni son, muy de nosotros... ni  nosotros de ellas. Hemos repetido, casi paso por paso, el embarazo de Samuel. En pruebas, anécdotas, vídeos, álbumes de fotos, etc. Hay cosas más importantes en las que creer, hay mil cosas más importantes que sentir.

Dos semanas y estaremos de nuevo en paritorio. Dos semanas y llegarán de nuevo las visitas y con ellas, como diría mi cuñao Rafa, los clásicos: "uy qué manos y qué pies más grandes tiene", "hay que ver lo espabilada que está"... Dos semanas para todo eso y para mucho más. Porque dentro de dos semanas viviremos muchos de nosotros una explosión de sentimientos incontrables. La alegría de Paola, la nostalgia por Samuel, la tristeza desmedida... Recuerdos vividos y recuerdos por vivir. 

Por vivir y para vivir porque yo no quiero controlarme. No quiero in-sentir. No quiero y no lo haré. Quiero llorar sin saber si lo hago por Paola o por Samuel. Quiero mirar a mi mujer a los ojos y verle de nuevo aquel brillo de antaño. Quiero abrazar a mis padres, a mis hermanos, a mis suegros, a mis cuñadas. Quiero ver llorar a mi madrina por su ahijado. Quiero recibir los mil besos metralla de los Reche y sentir a fuego el cariño de mi tío Jesús y mi tía Paqui. Quiero que mi abuela derrame lágrimas de alegría por su bisnieta y por su nieto, ese que la intentó enseñar a leer a sus 84 años. Quiero darle una alegría inmensa a mis compadres, tan necesitados de ellas. Quiero que mi co-compadre Candela se ponga su peluca de Maradona. Quiero ver sonreír a mi Eli y a mi Rocío y refugiarme en el cariño de esos brazos en los que tan a gustito me encuentro. Quiero que mi móvil quede repleto de 18 céntimos llenos de palabras bonitas. Quiero que mis Mares'98 sean un poquito más felices porque la vida sonríe por fin a su capi. Quiero todo eso y mucho más.

Quiero sentir. Porque estoy vivo. Quiero que la vida me devuelva alguna de las sonrisas inmerecidas con que le obsequio. Quiero un muchito de todo y un poquito de nada.

Tengo un corazón preparado para sentir. Un alma necesitada de vida.

Porque desde el 10 de septiembre tengo más ganas de ser feliz que nunca.

Dos semanas.
Día arriba, día abajo.
Dos semanas.
Viernes 22 de julio de 2011.

4 de julio de 2011

Sobre la tristeza y otros sentimientos satélites.

Tiro de imágenes. Sí, eso hago. Para no permitirme deambular. Para seguir soñando, aún sabiendo que sueño. Tiro de imágenes gratas. Para reír, aunque sea por fuera. Para seguir llorando solo por dentro. Tiro de imágenes que suplan al color verde, al pitido incesante, al azul del sillón.

Es que a veces me ahogo, porque me roban el aire del pecho. La soledad, quizás. La tristeza, tal vez. La melancolía, quién sabe. El infortunio, puede ser. La angustia, la impaciencia, la desilusión, la añoranza, la apatía, la lamentación... o un poquito de todas... o ninguna quizás. ¿Quién puede ponerle nombre a todo?

Por eso recurro a esas imágenes de ternura. De un padre en vela con su hijo. De una madre cantándole a su cuerpo. De unos padres disfrutando de la vida, aun cuando la vida no disfrutaba de ellos.

Y te veo tranquilo y feliz. Y me veo riendo. Y veo a mi señora con ojos que gritan pasión.

Y todas ellas, entonces, huyen de mí avergonzadas. Y salen presurosas sin echar la vista atrás, sabedoras de que volvieron a perder la batalla. Se marchan a su escondite cual hienas. Y esperan, pacientes. Y esperan, agazapadas. Y esperan, petrificadas. Y esperan incansables alguna oquedad en estas débiles almas de padres sin hijos, de padres ladrones de sentimientos al amanecer, de antónimos de huérfanos.

Que la tristeza sea algo más
que la ausencia de alegría.
Lunes 4 de julio de 2.011

28 de junio de 2011

Entre compadres

Muere junio y con él muchos de nuestros miedos. Era un mes para encararlo con valentía, y desconcierto. Mes de recuerdos ingrávidos, de pechos que suplicaban aire cuando querían vomitar llantos.

Muere junio. Mes con tartas de velas apagadas, con rayos de sol que no calientan cuerpos inocentes. Son más los rayos que llegan al suelo.

Se marcha junio. Mes para sentar a la valentía en primera fila. Ya no puede asustarnos nada. Nuestras almas han vivido más vidas que algunas otras con más primaveras descontadas.

Ya se escapa junio y nosotros seguimos mirando la vida de frente. Los pozos ya tienen escaleras para salir, las luces vuelven a iluminar túneles antes decorados con siniestras sombras.

Junio se despide con una lección importante para nuestras vidas. Somos dos parejas medio felices... y dos medias felicidades forman una felicidad completa.

¿A que sí? ¡¡Vamos comadre vamos!!

Y ahora llega julio...
Martes 28 de Junio de 2011

23 de mayo de 2011

Querer, poder y saber.

Hoy me he sentado ante el ordenador para escribir alegres sensaciones. Hoy quiero empezar un post de vida, aunque la sonrisa sea peor musa que la lágrima. Quiero centrarme en todo lo bonito que tengo, porque quiero que hoy, ahora, mi vida tenga sentido. No quiero esperar para ser feliz, porque necesito carcajadas a la par que empiezo estas letras que no sé si sabré acabar.

No quiero pasar mi vida en una estación de tren, en una parada de autobús, esperando esa línea que me lleve a algún país aún desconocido. Y es que no quiero vivir esperando un futuro mejor que el presente que vivo. Quiero extraerle el jugo a una vida, invivible por momentos. Quiero ver lo bonito de un callejón sin salida, la luz diferente de una noche de invierno cerrada, el sonido peculiar de un atasco. 

Quiero hacer todo eso. ¿Alguien sabe cómo?

Por ti, ahora.
Lunes 23 de mayo de 2.011

8 de mayo de 2011

Ahora me lo permito.

Me doy cuenta, con el paso impasible del tiempo, que los ratitos de tristeza son necesarios en esta tarea de hilvanar un corazón descosido. Hace meses, todo dolía tanto, que el miedo se apoderaba de nosotros e intentábamos no caer en los tentáculos del recuerdo, para que la cinta andadora ganara en velocidad y el tiempo, cual parche viejo de tela, fuera remendando poco a poco todos los pesares. Básicamente, era cobardía, miedo a caer y tener serias dificultades para levantarse. Porque de vez en cuando nos asomábamos al pozo, más por obligación que por curiosidad, y aquello no tenía fondo alguno; ni siquiera cubo y cuerda a los que asirse como último trance. 

Hoy sé que todo fue necesario. Y que nuestro cerebro es más listo en modo automático que en modo manual. Quizás se activó el mecanismo de supervivencia y entendimos, por fortuna, que no era momento para pararse demasiado. Era momento para dejar salir, para fluir, para dejarse atrapar por la rutina más rutinaria y empujar las agujas del reloj lo máximo posible. Era tiempo para eso. 

Ahora, poco a poco, van llegando nuevos tiempos. Estamos un poco más recuperados del trauma y, aunque la sensación de vacío es infinita, volvemos a necesitar momentos tristes y abrazos entre lágrimas. Simplemente, porque ya nuestro corazón tiene los remiendos necesarios para aguantar nuevas lágrimas de vieja tristeza. Y ahora las necesitamos para no caer en lo inhumano, en la frialdad innecesaria. Rompemos la rutina sin miedo, para darnos un abrazo pensando y llorando, llorando y sintiendo, sintiendo y recordando. Y eso, se convierte en conveniente, e incluso en imprescindible, para poder seguir adelante. Para poder sonreír mañana. Para dar nuevos sentidos a estas vidas desangeladas por momentos.

No tengo miedo a la tristeza. He aprendido que puedo ser feliz aún siendo triste. Sé que mi cota de felicidad ya llegó. Sabemos que no seremos nunca más felices que aquellos días de junio en los que aún éramos ignorantes. Lo sabemos. Pero no nos agobia, ni siquiera nos preocupa en demasía, porque esto no significa que la nueva felicidad que nos espera, aún con matices, no merezca la pena ser vivida. 

Si algo tienen los momentos tan duros es que te dan una lección vital inolvidable: ¡¡VIVE!!

Ahora entenderás que
me haya quedado con las ganas
de bailar una sevillana 
con mi mujer y Paola...
Domingo (de feria) 08 de mayo de 2011

31 de agosto de 2010

Causas y efectos

Es un momento de sonrisas contadas. Quizás más sinceras, quizás más sentidas. 

Cuando todo va, uno no se percata de cuándo ríe. Ríe, sonríe, sin ser consciente de ello, muchas veces. Pero sobre todo, ríe porque es feliz, aunque sea en ese momento preciso. 

Cuando la carretera se vuelve montañosa la risa, la sonrisa, es quizás el primer peaje que se presenta. Uno es capaz de pasar un día entero sin reír, sin sonreír. No sonríe, no ríe, porque no es feliz. 

Estos días de agobio me han dado para pensar mucho y sobre muchas cosas. Y una de ellas ha sido la felicidad y la risa, y la sonrisa. Y la conclusión más importante que he sacado ha sido, sin duda, que si la felicidad trae la sonrisa espontánea, la sonrisa también puede traer la felicidad. No solo debo reírme, sonreírme si soy feliz, también debo ser feliz porque soy capaz de reírme, aunque tenga que hacer un esfuerzo para ello. 

No pienso volver a acostarme ningún día, si antes no he sonreído y mucho menos, si antes no he sido capaz de hacerte sonreír, esposa... Ya te lo dije aquel día que íbamos tan guapos... "buscaré tu sonrisa, porque sin ella ni sé ni quiero vivir".

No dudes que llegará ese día en que los tres sonriamos porque somos felices. Mientras, hagamos el esfuerzo de sonreír, que lo merecemos tanto como el que más.

Sonríe esposa, ya verás como la felicidad viene después.

Sonrían todos.

Besos. 
Maestro Lolo. 

1 de febrero de 2010

¿Rutina o carácter?

Un niño. Eso nos dijo la ecógrafa. Como si estuviéramos hablando de papa o bistec, de si me pongo hoy el vaquero negro o el azul o de si prefiero ensalada o papas fritas para acompañar al filete de pez espada. Más o menos.

Quizá la pobre no sabía que allí había dos padres, bueno una madre y un padre, primerizos ambos, ilusionados ambos, medio acojonados ambos. Quizá no entendía que dentro de aquella sala había demasiadas lágrimas esperando su turno, demasiados vellos esperando rizarse o demasiados melocotones en la garganta. O quizás, simplemente quizás, sí lo sabía, pero prefería convertir aquello en una rutina, para no involucrarse demasiado. No lo sé y tampoco sé si me importa.

Pero aquello no me gustó nada. No me gustó su actitud rutinaria, su monotonía en la voz, su ausencia de sonrisas o de gestos ni su lejana lejanía. Entre ella y nosotros había una simple mesa, pero desde el inicio se construyó un muro infranqueable. Su boca lanzaba palabras que llegaban a nuestro cerebro, claro, pero nunca a nuestro corazón. 

Una lástima que aquella profesional de la medicina no tuviera siquiera una leve sonrisa en cuarenta minutos de consulta para unos padres esperando motivos para sonreír.

Por cierto, será Samuel Luna Molina. Será no, es, que ya mandas en nuestra vida. 

Lunes 01 de febrero de 2010

18 de julio de 2009

El perfume de tu pelo mantenía mi ansiedad...

La situación era la idónea:

Él sentado pensativo, esperando para ejecutar sus planes, ensayando entre imágenes de amaneceres bajo sábanas y con aquel perfume aderezando cada final feliz.
Ella sentada, pareciendo dejar hacer, sonriendo inocente sabedora de su dominio, como solo sonríen las mujeres bonitas, doctoras en provocar caricias fortuitas y expertas en convertir instantes.
El resto acompañando, ¿por qué seguían allí si hacía tiempo que vivían en el mañana?
Y la Luna, otra vez la Luna, siendo testigo de aquel sueño a punto de empezar a ser soñado.

A Lidia, mi Lidia.
"Yo soñé que me querías,
no me quise despertar.
Hermanos Reyes.
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Sábado, 18 de julio de 2009