Cierro los ojos y miro el calendario. Diez de septiembre y la vida me habla de inicios, de proyectos por abordar, de nuevas ideas y situaciones.
Y, a la vez, mi pecho me habla de viajar de nuevo a ese lugar inhóspito de mi memoria, con sabor a final.
La batalla entre morir y vivir mientras tu corazón te ofrece latidos cadenciosos.
Septiembre me lo enseñó. Lo aprendí. Y ahora lo sé.
Sé que vivir tiene que ver con esconder recuerdos, no con perderlos. Que la felicidad tiene que ver con dominarlos, no con olvidarlos. Con sumar latidos, uno tras otro, sin hacer caso al eco de la desesperanza que resuena incansablemente, sin buscar matices al vacío de un sonrisa para siempre diferente. La felicidad es empaparse del aroma puro de la flor solitaria desafiante del vertedero.
Por ti elegimos vivir y que vivieras en nosotros. Era difícil. Y trabajoso. Morir era sencillo. Solo se trataba de caminar, de dejarse llevar por este vacío que vivimos sin ti.
Mereció la pena intentarlo. Y conseguirlo, nuestro mayor triunfo.
Allá donde la vida nos llevó, Samuel, estuvimos siempre juntos. Hoy soy capaz de dominar nuestros recuerdos, sin olvidarte ningún día de mi vida.
Quizás, pensándolo mejor tras escribirte, no fue septiembre quien me lo enseñó. Fuiste tú. Fue tu última sonrisa para nosotros. Y el abrazo <<apretao>> de nuestra gente necesaria. Eso también.
<<No lo ves,
la letra no habla de mí.
Habla de toda la mierda
y del mundo vacío que vivo sin ti.
No lo ves,
la letra no habla de mí.
Se trata de cada latido
y de cada momento que vivo sin ti>>.
Antonio Orozco - Te estaba esperando (2025).
Jueves, 10 de septiembre de 2026.
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