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17 de octubre de 2018

Aquello, era esto.

Aquel 17 de octubre parecía rubricar el camino elegido. La búsqueda de la compleción de algo que en sí mismo ya era completo. Por decirlo de alguna manera, ya eramos felices. Pero cuando llegas a una meta como esta, necesitas que deje de ser meta para ser camino. Y eso era lo que queríamos: la felicidad como paisaje en nuestra verea. Ser felices haciendo: aquel 17 de octubre del 2009, como no, fue un día muy feliz.

Lo que vino después tiene que ver más con la necesidad, quizás, que con cualquier otra cosa. Entiéndannos, echábamos de menos la vida conseguida y arrebatada. Habíamos amado en plenitud; habíamos aprendido a amar en plenitud. Cualquier otro amor ya jugaba en desventaja. Parecía poca cosa, amor limosnero, miseria. Amar a un hijo es amor verdadero. 

Cierto es que aquella valentía invertida salió cara; tan cierto como que pudo, también, salir cruz. Cierto es, por supuesto, que si hubiéramos conocido el decorado de nuestra vida de 2018 de antemano, no hubiese sido valentía, sino egoísmo, sino el camino ya caminado, sino nada por descubrir.




Tan verdadero todo, tan cierto todo, como que los sentimientos genuinos nunca se reflejarán en un espejo; y, menos aun, en un espejo de madera.

9 años.
Miércoles 17 de octubre de 2018

27 de octubre de 2013

La felicidad sigue en el mismo sitio

En la era de lo virtual, del 3D, de Internet..., la felicidad sigue hallándose en el corazón de una niña con botas de agua que juega en el barro.

Y el amor, el amor reside en los ojos de un padre que admira una estampa diseñada en más de una madrugada de vela y sueño, de sueño y vela.

Y es que la felicidad viaja entre sonrisas infantiles, el único lugar aún lleno de pura pureza.



"Diseñando madrugadas..."
Sevillana "Pienso en ti" 
Disco: Rompeola 1987. 
Salmarina
Domingo 27 de octubre de 2013

13 de abril de 2013

De cómo crece el amor.

"Lolillo, el amor nunca se divide por unos hijos, siempre se multiplica", me dijo mi hermana mayor, haciendo maravillosamente bien de hermana mayor, en aquellos tiempos en los que la tristeza y la felicidad luchaban en un corazón en proceso de reconstrucción, con remiendos emocionales en cada esquina, con burbujas de jabón que iban y venían según dictaban vientos de dirección errante.

Hoy volvemos a revivir toda aquella emoción de la primera vez, de la segunda vez.

Bienvenido seas a nuestras vidas, chiquitillo. Bienvenida seas a nuestras vidas, chiquitilla.

Tú también traerás un trocito de tu hermano en el pecho.

Y para ti,esposa mía, esta sevillana. Por tu valentía, por tu lección de vida diaria, por tus ojos transparentes, por hacerme mejor persona a tu lado, porque te quiero y por todo lo que nos queda por vivir.




Empezar a querer 
siempre es muy bonito.
Sábado 13 de abril de 2012. 

18 de marzo de 2013

Vive tu tristeza

¡¡Ayyyy Canija!!

Que la tristeza no tiene grados debes aprenderlo pronto. Que el amor todo lo puede, también. Que el tiempo necesita del tiempo para cicatrizar heridas del alma, puedo asegurarte.

Ni compares ni te compares, hermana, que esto no tiene modo único ni estrategia definitiva. Cada uno lo lleva a su forma. Ni la tristeza si es húmeda es más tristeza, ni el pozo si está seco es menos profundo.

Por cruel o triste que sea, todo en la vida debe acabar haciéndote mejor persona. Si no, es cuando nada tendría sentido.  Ha pasado. Es inamovible. ¡Qué sirva! Qué fácil decirlo, ¿verdad?

La vida me enseñó que todo es cuestión de llenar los espacios vacíos, aunque sea con nimiedades de una rutina repugnante por momentos. Porque mientras llenamos nuestra vida, el tiempo va dando buena cuenta de todo lo que ocurre. Y entiendes que al final, él es tu único aliado. Y entonces te das cuenta que no es solo cuestión de esperar un día feliz, o mejor. Los días tristes también son días de tu vida. También debes vivirlos. ¿Cómo saborear tu próxima alegría si no conoces la tristeza?. Para que viva la alegría debe morir la tristeza. 

Y después está el amor. El que das y el que recibes. Y de eso, nadie podrá darte lecciones nunca. Porque el amor es primera persona del singular cuando lo das y primera persona del plural cuando lo recibes. 

Tienes tiempo. Tienes amor. Todo llegará. Y yo lo veré contigo. Y con nuestra gente necesaria. 

"No llores hermana, que yo te quiero mucho como la trucha al trucho."

.
Lunes 18 de febrero de 2013


18 de enero de 2012

15

Las fotografías son siempre del pasado. La mejor cámara fotográfica del mundo no es siquiera capaz de captar el instante presente. 

Pero mi mente, en mis sueños, sí es capaz de fotografiar el futuro. Y en mi foto estás tú, con tu sonrisa; estoy yo, con mi sonrisa y, junto a nosotros, un gran ramo de rosas rojas y blancas que da fiel testimonio de la más bonita historia de amor jamás contada... 

18 de enero de 1.997 - 18 de enero de 2.012.

Me gusta quererte, esposa.

"Quince años tiene mi amor..."
El Dúo Dinámico
18 de enero de 2.012 

1 de enero de 2012

Una navidad después.

Llegué aquella tarde de trabajar, como otra cualquiera. Mi mujer bajaba las escaleras en el mismo instante en el que yo abría la puerta. Ya olía distinto.


Entrecortada, sin saludos que perdieran minutos, las palabras se escapaban de su boca. "Marío, estoy embarazada".


Nos abrazamos y rompí a llorar. Lloraba por Samuel. Lloraba por mi mujer. Lloraba por mí. Lloraba por abrir de nuevo el futuro. Lloraba porque, por fin, una nueva ilusión podría luchar contra tanta injusticia. El miedo no cabía, la desesperanza tampoco. Eran lágrimas de confusión, imparables todas. Lágrimas que ponían el broche a un 2010 impresionante, extraordinario, en sus más rigurosas ascepciones. Impresionante, porque nos impresionó. Extraordinario, porque se salía de lo ordinario, de lo normal.

Y salimos presurosos a nuestras casas. A gritarlo, a llorarlo, a sentirlo con nuestra gente necesaria. A recibir sus abrazos, a alegrarles la vida, a darles un motivo para, cuando menos, endulzar algo unas navidades que se presentaban demasiado amargas para poder siquiera intentar saborearlas. 

Ya hace una navidad de todo eso. La sonrisa de Paola analgesia nuestro alma. Nos da vida, porque nos permite recordar a Samuel, sin miedos ni fantasmas en nuestras cabezas. 

Un año de valientes, esposa. Un año para conocernos y amarnos en la desgracia mutua. Un año para tocar fondo e impulsarnos.

¡Disfrutemos!

"Te estoy queriendo tanto que..."
Domingo 1 de enero de 2012 

16 de noviembre de 2011

Duérmete, mi niña, duerme en mi pechera.

Duermes disimuladamente bajo la incrédula mirada de unos padres con demasiado amor acumulado en sus corazones.

Tu mirada llena nuestros ojos de vida. 

Tu sonrisa, cada vez menos fortuita, devuelve el aire robado a nuestros pechos.

Tus dedos regalan caricias de vida feliz.

Tu cuerpo, entre nuestros brazos, retiene sensaciones de antaño.

Tu voz pone banda sonora a nuestros recuerdos.


Duérmete mi niña, en mi pechera.

"Ea la ea...
que mi niña se duerme
ea la ea...
con esos ojitos verdes
de sementera,
en la almohada caliente
de mi pechera"
"Manuela"
 Miguel Moyares para Las Carlotas.
Martes 15 de noviembre de 2.011.

9 de noviembre de 2011

"Todo según el color del cristal con que se mira..."

Todo depende de dónde te sitúes. Todo depende de qué prefieras. Yo siempre lo he tenido claro. Nunca me ha dado miedo sufrir y nunca me dará. Y mis decisiones en la vida no serán nunca quedarme parado por miedo a sufrir si avanzo. No será nunca salvar la ropa por miedo a mojarme. Prefiero nadar. 

El asunto viene de algunas conversaciones mantenidas en las que no pocas personas piensan o intuyen que salir a flote después de la pérdida de tu hijo depende del tiempo que haya vivido tu hijo contigo, entendiéndose que a más roce, más cariño. 

Yo ni estoy del todo de acuerdo ni puedo negar en rotundo estos pensamientos. Creo que sí, que es más sencillo, perdón, menos difícil, renacer si tu hijo fallece a los pocos días, meses incluso, de vida que si lo hace con 5, 6 o 7 años. Ahí no puedo decir lo contrario.

Pero no es esa la pregunta correcta. La pregunta es desde otro lugar. No desde la tristeza por vivir, sino desde la alegría vivida. ¿Prefieres compartir menos vida y "superar" mejor la muerte o compartir más vida y tardar más en "superar" la muerte?

Samuel estuvo con nosotros 77 días, dos meses y medio. Nació un viernes 25 de junio a las 15h de la tarde. Falleció un maldito viernes 10 de septiembre a las 15h de la tarde. 11 semanas exactas de vida; 77 días junto a nosotros. Y nosotros junto a él. ¿Cuánto hubiéramos dado porque hubieran sido 78? ¿Cuánto porque hubieran sido 80... ó 100... ó 365? ¿Cuánto dolor hipotecarías por escuchar a tu hijo decir papá, por enseñarlo a dar sus primeros pasos, por verle su primer diente? ¿Cuánto dolor es canjeable por todo eso?

Prefiero la alegría vivida. No me importa la tristeza por vivir. Ya sacaré fuerzas de flaqueza. Ya me agarraré de alguna forma a la vida. Ya me sujetará quien me quiere.

Vive la vida
que en ella nada es verdad
ni mentira,
todo según el color,
con que se mira.
"Vive la vida" (Los Marismeños, 1987),
basado en la cita de Campoamor
"Nada es verdad ni mentira,
todo según el color del cristal
con que se mira"
Miércoles 9 de noviembre de 2011

12 de octubre de 2011

Si tú estás sobre mi pecho...

... entonces no tengo miedo al llanto. La oquedad de mi corazón desvalido se llena con la energía que brota de cada uno de tus latidos. Pecho con pecho el aire nace en cualquier rincón.

Porque si tú estás sobre mi pecho, la vida vuelve a parecerse a la vida y las estrellas engalanan cielos de ciudad.




Y en ese momento preciso, los cuentos infantiles cambian lágrimas eternas por sonrisas incomprendidas, pero comprensibles.



A Paola, mi niña.
Miércoles 12 de octubre de 2011

25 de agosto de 2011

Sentimientos improvisados

Una vida no suple a otra. Una hija no sustituye a un hijo. La felicidad de un nacimiento no apaga la tristeza de una muerte. No la apaga y tampoco, siquiera, la matiza. 

La muerte duele igual antes que ahora porque es igual de innecesaria, de cruel, de desgarradora. El pasado es tan feliz y triste como antes, porque es eso, pasado, y como tal está acabado. El presente, sin embargo, sí cambia. Porque sí es verdad que parte de la ausencia de Samuel es llenada con la presencia de Paola; porque sí es verdad que cuando ríes por Paola no lloras por Samuel. 

Sin embargo, todo tiene sus tonalidades. Porque hay más, mucho más. Alegría, tristeza y mil y un sentimientos que afloran impermisivamente. Y es que todo es muy difícil de explicar. Si ya los sentimientos conocidos no saben de letras que los representen, imaginen los sentimientos desconocidos, sentidos con mayor fuerza aún, si cabe. Estos están incluso atrincherados, enfrentados, con el diccionario. Y lo más que uno llega a comprender es que no sabe qué siente. ¿Cómo explicarlo entonces? Me siento feliz, triste... y raro.

Pero bienvenida sea la rareza. Mejor confundido por este maremagnum de sentimientos que, simplemente, estar triste por la muerte de tu hijo. Mejor, claro está, no entender tus lágrimas que saber que son de exacta tristeza. 

Sabía(mos) que sería díficil (¿o es raro? ¿o quizás es extraño?) desempolvar besos de Samuel para posarlos en Paola, recuperar abrazos de Samuel para arrullar a Paola, desempaquetar caricias de Samuel para sentir a Paola...

Era eso. Es eso. Almas preparadas para sentir. ¿Qué esperaba? ¿No es acaso la mejor forma de vivir la vida?

¡Vaya lío!
 Mejor medio feliz,
que medio triste.
Jueves 25 de agosto de 2.011

22 de agosto de 2011

Dulces sueños, Paola.

Hoy los espejos no devuelven lágrimas de sola tristeza.

Las noches vuelven a guardar vida y los llantos esconden mil y un matices.

Me siento grande de nuevo porque soy responsable de tu sonrisa desintencionada.

Hoy, ahora, todo no se convierte en humo.

Esta mañana el sol trasmina destellos de alegría y mi vieja persiana ya no deja entrar la ausencia a casa.

Parece que hoy ya no será un día tan raro.

Estoy en un mundo diferente porque los ojos de mi mujer ya no piden permiso para brillar y yo he dejado de contar las horas para volver a soñar en mi cama.

A Katia por regalarnos
momentos inolvidables.
Muchas gracias.
Domingo 21 de agosto de 2011

8 de agosto de 2011

Ahora que todo comienza

Ahora que los besos tendrán, de nuevo, donde posarse; que las caricias recobrarán olores.

Ahora que las canciones serán acabadas; que los recuerdos no tendrán que luchar contra el olvido. 

Ahora que fotografiaremos sonrisas; que el sol vuelve a la mañana del domingo. 

Ahora que todo vuelve a comenzar...




"Ahora que todo comienza..."
(Martín Lucía)
A mi hermana Úrsula, 
A mi cuñaíta Eli.
Ahora que volvéis a ser titas...
Domingo 08 de agosto de 2011

23 de julio de 2011

Sobre almas preparadas para sentir.

Dentro de dos semanas, día arriba, día abajo, nacerá Paola. Dos semanas puede ser muy poco tiempo o puede ser una eternidad, depende. Para nosotros, ahora mismo, dos semanas es más tiempo del que poseemos.

No tenemos miedo, aunque la vida nos haya concedido licencia para tenerlo. Hemos llevado un embarazo normal, aunque tuviéramos permiso para la paranoia. Incluso hemos sabido disfrutarlo en bastantes momentos. 

Las supersticiones tampoco han sido, ni son, muy de nosotros... ni  nosotros de ellas. Hemos repetido, casi paso por paso, el embarazo de Samuel. En pruebas, anécdotas, vídeos, álbumes de fotos, etc. Hay cosas más importantes en las que creer, hay mil cosas más importantes que sentir.

Dos semanas y estaremos de nuevo en paritorio. Dos semanas y llegarán de nuevo las visitas y con ellas, como diría mi cuñao Rafa, los clásicos: "uy qué manos y qué pies más grandes tiene", "hay que ver lo espabilada que está"... Dos semanas para todo eso y para mucho más. Porque dentro de dos semanas viviremos muchos de nosotros una explosión de sentimientos incontrables. La alegría de Paola, la nostalgia por Samuel, la tristeza desmedida... Recuerdos vividos y recuerdos por vivir. 

Por vivir y para vivir porque yo no quiero controlarme. No quiero in-sentir. No quiero y no lo haré. Quiero llorar sin saber si lo hago por Paola o por Samuel. Quiero mirar a mi mujer a los ojos y verle de nuevo aquel brillo de antaño. Quiero abrazar a mis padres, a mis hermanos, a mis suegros, a mis cuñadas. Quiero ver llorar a mi madrina por su ahijado. Quiero recibir los mil besos metralla de los Reche y sentir a fuego el cariño de mi tío Jesús y mi tía Paqui. Quiero que mi abuela derrame lágrimas de alegría por su bisnieta y por su nieto, ese que la intentó enseñar a leer a sus 84 años. Quiero darle una alegría inmensa a mis compadres, tan necesitados de ellas. Quiero que mi co-compadre Candela se ponga su peluca de Maradona. Quiero ver sonreír a mi Eli y a mi Rocío y refugiarme en el cariño de esos brazos en los que tan a gustito me encuentro. Quiero que mi móvil quede repleto de 18 céntimos llenos de palabras bonitas. Quiero que mis Mares'98 sean un poquito más felices porque la vida sonríe por fin a su capi. Quiero todo eso y mucho más.

Quiero sentir. Porque estoy vivo. Quiero que la vida me devuelva alguna de las sonrisas inmerecidas con que le obsequio. Quiero un muchito de todo y un poquito de nada.

Tengo un corazón preparado para sentir. Un alma necesitada de vida.

Porque desde el 10 de septiembre tengo más ganas de ser feliz que nunca.

Dos semanas.
Día arriba, día abajo.
Dos semanas.
Viernes 22 de julio de 2011.

28 de junio de 2011

Entre compadres

Muere junio y con él muchos de nuestros miedos. Era un mes para encararlo con valentía, y desconcierto. Mes de recuerdos ingrávidos, de pechos que suplicaban aire cuando querían vomitar llantos.

Muere junio. Mes con tartas de velas apagadas, con rayos de sol que no calientan cuerpos inocentes. Son más los rayos que llegan al suelo.

Se marcha junio. Mes para sentar a la valentía en primera fila. Ya no puede asustarnos nada. Nuestras almas han vivido más vidas que algunas otras con más primaveras descontadas.

Ya se escapa junio y nosotros seguimos mirando la vida de frente. Los pozos ya tienen escaleras para salir, las luces vuelven a iluminar túneles antes decorados con siniestras sombras.

Junio se despide con una lección importante para nuestras vidas. Somos dos parejas medio felices... y dos medias felicidades forman una felicidad completa.

¿A que sí? ¡¡Vamos comadre vamos!!

Y ahora llega julio...
Martes 28 de Junio de 2011

23 de mayo de 2011

Querer, poder y saber.

Hoy me he sentado ante el ordenador para escribir alegres sensaciones. Hoy quiero empezar un post de vida, aunque la sonrisa sea peor musa que la lágrima. Quiero centrarme en todo lo bonito que tengo, porque quiero que hoy, ahora, mi vida tenga sentido. No quiero esperar para ser feliz, porque necesito carcajadas a la par que empiezo estas letras que no sé si sabré acabar.

No quiero pasar mi vida en una estación de tren, en una parada de autobús, esperando esa línea que me lleve a algún país aún desconocido. Y es que no quiero vivir esperando un futuro mejor que el presente que vivo. Quiero extraerle el jugo a una vida, invivible por momentos. Quiero ver lo bonito de un callejón sin salida, la luz diferente de una noche de invierno cerrada, el sonido peculiar de un atasco. 

Quiero hacer todo eso. ¿Alguien sabe cómo?

Por ti, ahora.
Lunes 23 de mayo de 2.011

11 de mayo de 2011

Preparados...

No es posible prepararse para no sentir tristeza. Es imposible que algo duela menos de lo que duele, porque los sentimientos cuando explosionan son incontrolables e inmedibles. Eso lo tengo bastante claro. Tan claro como que sí es posible preparase para vivir en la tristeza, para saber que tu vida puede cambiar y que si lo hace no debes agobiarte, que la tranquilidad es tu mejor aliada y que llorar no mata. Ahí está el quid del asunto.

Por eso, cuando vimos cómo Samuel involucionaba después de su operación y cuando nos dijeron que todo tendría el peor de los finales posibles, mi señora y yo nos preparamos para vivir tristes. Nos convencimos con conversaciones de sofá, de cama, de salas de espera. Y nos ha servido mucho. Era cuestión de tener claro que la tristeza nos acompañaría durante mucho tiempo y entender que necesitaríamos mucha paciencia para encarar los meses posteriores e incluso los años que nos quedan por vivir. 

Ahora estamos en un momento raro. Y sabíamos que pasaría. Buscamos nuestro segundo hijo, en este caso niña, Paola, sabedores de que nos sentiríamos extraños durante muchos meses. Extraños por acariciar una barriga en la que no estaba Samuel o por imaginar su cuna con otra cara y otro cuerpo. Y esta preparación nos está ayudando de nuevo; porque tranquiliza saber que todo lo que nos ocurre es "normal", que la reinvención de nuestra vida va por buen camino, que estamos justo donde tenemos que estar.

Y, desde este lado del espejo, aprovechamos algunos ratitos y nos preparamos para el momento del nacimiento, que intuimos tan feliz como duro para ambos, porque todo se recrudecerá y reviviremos aquellos días en los que nuestra ignorancia nos convertía en los padres más felices del mundo. Y cuando Paola llore su primera vez, cuando se monte en el carro, cuando tome el pecho de su madre o cuando dé su primer bostezo, echaremos más de menos a nuestro niño si cabe. Pero todo será desde la tranquilidad, sin agobios, sin impaciencias... y con lágrimas.

Todo eso llegará, claro. Y sentiremos de nuevo. Y lloraremos de nuevo. Y volveremos a desconocer si nuestras lágrimas serán hijas de la alegría o de la tristeza. Pero nos volverá a dar los mismo, porque esas mismas lágrimas serán la demostración palpable de que necesitamos el recuerdo de Samuel para avanzar y que Paola, y su despreocupada felicidad, ya está con nosotros.

Hablando de pre-sentimientos
Miércoles 11 de mayo de 2011

8 de mayo de 2011

Ahora me lo permito.

Me doy cuenta, con el paso impasible del tiempo, que los ratitos de tristeza son necesarios en esta tarea de hilvanar un corazón descosido. Hace meses, todo dolía tanto, que el miedo se apoderaba de nosotros e intentábamos no caer en los tentáculos del recuerdo, para que la cinta andadora ganara en velocidad y el tiempo, cual parche viejo de tela, fuera remendando poco a poco todos los pesares. Básicamente, era cobardía, miedo a caer y tener serias dificultades para levantarse. Porque de vez en cuando nos asomábamos al pozo, más por obligación que por curiosidad, y aquello no tenía fondo alguno; ni siquiera cubo y cuerda a los que asirse como último trance. 

Hoy sé que todo fue necesario. Y que nuestro cerebro es más listo en modo automático que en modo manual. Quizás se activó el mecanismo de supervivencia y entendimos, por fortuna, que no era momento para pararse demasiado. Era momento para dejar salir, para fluir, para dejarse atrapar por la rutina más rutinaria y empujar las agujas del reloj lo máximo posible. Era tiempo para eso. 

Ahora, poco a poco, van llegando nuevos tiempos. Estamos un poco más recuperados del trauma y, aunque la sensación de vacío es infinita, volvemos a necesitar momentos tristes y abrazos entre lágrimas. Simplemente, porque ya nuestro corazón tiene los remiendos necesarios para aguantar nuevas lágrimas de vieja tristeza. Y ahora las necesitamos para no caer en lo inhumano, en la frialdad innecesaria. Rompemos la rutina sin miedo, para darnos un abrazo pensando y llorando, llorando y sintiendo, sintiendo y recordando. Y eso, se convierte en conveniente, e incluso en imprescindible, para poder seguir adelante. Para poder sonreír mañana. Para dar nuevos sentidos a estas vidas desangeladas por momentos.

No tengo miedo a la tristeza. He aprendido que puedo ser feliz aún siendo triste. Sé que mi cota de felicidad ya llegó. Sabemos que no seremos nunca más felices que aquellos días de junio en los que aún éramos ignorantes. Lo sabemos. Pero no nos agobia, ni siquiera nos preocupa en demasía, porque esto no significa que la nueva felicidad que nos espera, aún con matices, no merezca la pena ser vivida. 

Si algo tienen los momentos tan duros es que te dan una lección vital inolvidable: ¡¡VIVE!!

Ahora entenderás que
me haya quedado con las ganas
de bailar una sevillana 
con mi mujer y Paola...
Domingo (de feria) 08 de mayo de 2011

29 de marzo de 2011

Conversaciones inacabadas para vidas en construcción

¿Se puede dejar de pensar en algo? ¿Nuestro cerebro es un órgano voluntario o invontulario? ¿Se parece más a mis dedos, que puedo si quiero dejarlos quietos, o más a mi corazón, o a mi páncreas, o a mi hígado, que funcionan involuntariamente? ¿Cómo se sale de un pensamiento? ¿Cómo se deja de cantar una de esas canciones que se meten en la cabeza y que involuntariamente repites hasta la saciedad? ¿Cómo?

No sé hasta qué punto pensar es voluntario. No sé hasta qué punto puedo dejar la mente en blanco. Nunca supe qué significaba exactamente esa expresión, porque nunca supe si nuestro cerebro deja alguna vez de pensar o está 24 horas funcionando.
¿Y las emociones? ¿Se puede controlar lo que se siente? ¿Puedo pasar de la alegría a la tristeza voluntariamente? Ahora estoy triste, ahora alegre. ¿Puedo dominarme?

¿Mi opinión? Pues... creo que podemos controlarnos mucho más de lo que creemos. Que puedo pensar en positivo mucho más de lo que pienso y que puedo elegir ser feliz entre tristeza. Verás, básicamente creo que la dejadez te lleva al descontrol. Es decir, si no luchas, si te dejas llevar, tu cerebro te controla a ti, en lugar de controlar tú a tu cerebro. Y tus emociones caminarán con la tristeza como esa Roma a la que llegaban todos los caminos en la antigüedad. Eso creo. Y eso es lo que no permito. 

Cuando los motivos de tristeza son inamovibles y no puede hacerse nada, te quedan dos opciones: ser/estar triste o luchar por ser feliz. Si dejas de hacer, si no luchas, llevarás una vida triste con matices de alegría. Si te lo propones, si luchas por ti y por los que te rodean, quizás, seas capaz de llevar una vida feliz con matices de tristeza. Se puede intentar.

Yo no soy el mismo. Ni tú eres la misma, comadre. No lo seremos nunca. Pero es que, además, seguramente, aún nos queden varios episodios de tristeza por delante en nuestra vida. Seguramente, el hecho de vivir lleve aparejado una serie de sucesos desagradablemente tristes. Claro que la crueldad de lo vivido no puede compararse casi con nada. Pero no te autocomplazcas. No pierdas tiempo en darte pena, porque entonces se la darás a los demás. Y eso no. Que nadie sienta pena por nosotros, Margari.

Nos ha pasado lo peor que le puede pasar a una persona, a un padre, a una madre. Y ahora podemos quedarnos llorando y dándonos golpecitos en la espalda o salir más fuerte de esto y con otra visión de la vida, con lo importante por bandera, con lo nimio en la cola. Podemos entrar en ese círculo vicioso de pensamientos viciados, que te llevan de la mano a la tristeza, a la desgana, a la apatía, al llanto, al insomnio, a la autocomplacencia, al "por qué a mí", al sufrimiento. O lo rompemos. O luchamos contra nuestro cerebro y contra nuestras emociones. Y gritamos que aquí estamos nosotros, que iremos y buscaremos esa felicidad.

Viviremos una vez, comadre. No sabemos hasta cuándo. No perdamos el tiempo en lamentaciones que solo sirven para poner trabas en nuestro camino. Luchemos contra los infortunios, contra las injusticias. Y hagámoslo con una sonrisa en la cara y de la mano, como siempre hemos hecho. No tengas miedo en caer, que pa´eso está tu compadre. Ya sabes que siempre guardo fuerzas para ti. Caer es normal y está permitido, a nosotros más que a nadie. Pero no dejes de levantarte nunca, sacudirte el polvo y fijarte en tu horizonte. Búscalo. Imagínalo y dime que allí no está tu Pablo con su padre, y tus compadres. Míralo bien, que seguro que te gusta. ¿Te lo vas a perder por no intentar alcanzarlo? El camino será duro, pero la recompensa será el propio camino. Por eso es nuestro horizonte.

Comadre, la única forma de no sufrir en esta vida es morirse el primero... y yo prefiero dar mucha guerra por aquí, que aún me queda mucho más que disfrutar. Mi vida será feliz, aunque con matices de tristeza. Así lo elijo y por ello lucharé y confío en que tú lo hagas conmigo, para seguir enseñándome las cosas importantes de la vida... quién mejor que tú. 


Los maestros somos los primeros que necesitamos buenos maestros y yo encontré la mejor.

¿No crees que se lo debemos a Alex y a Samuel? ¿O no lucharon ellos?

A mi comadre, 
que la quiero mucho, 
porque saca lo mejor de mí.
Martes 29 de marzo de 2011