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10 de septiembre de 2014

4 años son demasiados incluso para nosotros

Es el recuerdo de cada amanecer lo que me convence. La huida hacia delante lo que nos salvó la vida. El tiempo que pasamos juntos lo que me mantiene fuerte.

Aquella vuelta a casa, aquel cojín, aquel grito a pleno pulmón hundido en el sofá, la ducha de después, la primera noche en cobardía, el primer domingo en negro del calendario, aquellos llantos camino al trabajo durante las primeras semanas. Cuatro años hace ya de tanto que me da pavor que el reloj siga caminando y que la vida siga empujándome hacia el único sitio en el que tú no estás. 

Por eso vengo aquí. Porque aquí te guardo a los ojos de todos. Aquí, a plena luz, te escondo y te llamo para mí. Porque sé que aquí regresas cada vez que te necesito. A veces, aun, con mucha tristeza y muchas lágrimas. Otras, en cambio, con pasión de padre, con amor rebosante, con caricias introvertidas. 

Cuatro años son demasiados para mí. Tiemblo sintiendo que la rutina me invita a veces a no tener tu momento, a no vivir tu vida en mí. Me sobrecoge que el tiempo me obligue a caminar en el sentido contrario al que necesito. Me aterra notar que la virtud de poseerte es cada vez más voluntaria. Me estremece que la noche calme más que el día, que el camino se vuelva circular. 

Es diez de septiembre otra vez. Y lo celebro. Porque vuelvo a tener esa tristeza que necesito para no despiadarme.

A ti, Samuel. 
 Miércoles 10 de septiembre de 2014

26 de julio de 2011

Sobre almas no preparadas para sentir.

Hace poco alguien osó decirme que debería quitar la foto de mi hijo del móvil, porque así sería más fácil pasar página y superar su muerte.

Superar su muerte... ¿eso qué significa? La muerte de tu hijo no puede esconderse en el fondo de un baúl. Unos padres no pueden renacer desde el olvido. Eso es imposible. O, mejor dicho, para mí sería imposible, por mi propia naturaleza, por mi forma de entender la vida... y la muerte.

La idea es la contraria. Es salir a flote desde el recuerdo. La muerte de un hijo es superable, pero no desde la negación de su existencia. No se trata de ponerle muros a la memoria. Se trata de convertir la tristeza en recuerdo, la nostalgia en energía.

La vida de cada uno de nosotros está formada por nuestra experiencia. Experiencias, algunas, buscadas, elegidas, y otras encontradas, impuestas. A veces son nuestras decisiones las que pesan en nuestro destino. A veces, simplemente la casualidad toma el mando. Pero ambas experiencias te hacen personas. Y ahora eres así por esa suma de experiencias pasadas. Negar todo eso es negar tu propia vida. 

Somos un continuo de carne y tiempo. Las etapas vitales no son más que artificios humanos. 

Ahora soy porque fui antes. Y después seré, porque ahora soy. Así me he hecho. Así me ha hecho la vida. Y así la vivo, sintiendo cada ratito.

Porque prefiero mil veces sentir tristeza que negar la existencia de un pasado que, además, me dio la mayor alegría que pude sentir.

Porque hay minutos que valen más que años. Porque hay días que cunden más que décadas.

Y hoy también puede
ser el día menos pensado.
Martes 26 de julio de 2011

21 de julio de 2011

Futuro soñado. Perfecto futuro

Empiezo a contar el tiempo hacia atrás. Las manos no agarran los minutos, que pesan como plomo. 

Vivo en un día y a una hora. Ya todo mi ser está allí. Hace tiempo que el horizonte dejó de ser el horizonte, para ser el suelo que piso.

Respiro un aire ya respirado por otros. Mi ojo izquierdo llora lágrimas de tristeza, mi ojo derecho derrama lágrimas de alegría.

Hay plantas que aún no han brotado, pero ya murieron.

Mañana es mi pasado. Pasado mañana es mi pasado también. Hoy ya casi no existe.

Y mi futuro..., mi futuro tiene banda sonora.

A mi amiga Rocío,
por tener el coraje de luchar
   por su futuro soñado.
Eres mi ejemplo, desde hace mucho.
 Te quiero amiga.
Miércoles 20 de julio de 2011

12 de julio de 2011

Vidas tomadas al azar.

He notado que las sensaciones llenan caminos. Que la gloria, aún a cuentagotas, se confunde demasiadas veces con el artificio. He notado que llueve cuando la tristeza se escapa de las manos de las personas buenas.

Las palabras feas también llenan las hojas del diccionario. Las noticias malas son siempre de madrugada. Los esclavos siguen buscando amos que los maltraten. 

He visto llorar ojos que guardaban demasiados secretos. He escuchado voces que mentían como niños volviendo del recreo. He sentido pieles demasiado ásperas para calmar llantos pueriles. He captado aromas de ciudad en pies descalzos. 

Y he tomado una determinación en consonancia. No quiero puntos y apartes desmemoriados. Dame puntos y seguidos que ya los colocaré yo allá donde las personas hallen personas y las sombras sean dominadas por los árboles.

Presente imperfecto.
Martes 12 de julio de 2011

27 de mayo de 2011

Momentos y licencias.

Desde entonces existen dos palabras en nuestro vocabulario que solo podremos escribir con letra mayúscula. La una hace referencia a lo vivido y la otra a lo que no viviremos, a lo que nos estamos perdiendo. Suena egoísta. Es centrar todo esto en el dolor de unos padres sin hijo. Pero hoy necesito volver mis ojos para mirarme un poco, para tomar introspectiva. Porque existen momentos de agobio, de dolor inmedible, de gritos ahogados en océanos sin memoria, de pechos que viven alejados de las calles y los ruidos, de soledad en compañía.

Es complicado, y duro, salir poco a poco de todo y esperar en cualquier lugar, sin ver más allá de lo que tus pupilas alcanzan a contemplar. Es duro, y complicado, imaginar que tu camino no estará nunca enlosado con baldosas amarillas y que, en su final, no te espera la tierra de Oz, aquella en la que todo era posible.

El mar, un par de veces al día, pierde la partida frente a la arena, y se retira con aires de grandeza, sabiéndose vencedor en la próxima batalla, porque la costumbre así se lo asegura. 

Volveré para vencerte, aunque sea un par de veces al día. Hasta que la eternidad comprenda que mis fuerzas son infinitas y que no habrá tristeza en mí que me quite las ganas de sonreír por la más nimia de las situaciones por vivir.

Y será entonces cuando SIEMPRE y NUNCA no vengan teñidas de soledad.

Ahora que todo empieza a aproximarse.
Viernes 27 de mayo de 2011 

8 de mayo de 2011

Ahora me lo permito.

Me doy cuenta, con el paso impasible del tiempo, que los ratitos de tristeza son necesarios en esta tarea de hilvanar un corazón descosido. Hace meses, todo dolía tanto, que el miedo se apoderaba de nosotros e intentábamos no caer en los tentáculos del recuerdo, para que la cinta andadora ganara en velocidad y el tiempo, cual parche viejo de tela, fuera remendando poco a poco todos los pesares. Básicamente, era cobardía, miedo a caer y tener serias dificultades para levantarse. Porque de vez en cuando nos asomábamos al pozo, más por obligación que por curiosidad, y aquello no tenía fondo alguno; ni siquiera cubo y cuerda a los que asirse como último trance. 

Hoy sé que todo fue necesario. Y que nuestro cerebro es más listo en modo automático que en modo manual. Quizás se activó el mecanismo de supervivencia y entendimos, por fortuna, que no era momento para pararse demasiado. Era momento para dejar salir, para fluir, para dejarse atrapar por la rutina más rutinaria y empujar las agujas del reloj lo máximo posible. Era tiempo para eso. 

Ahora, poco a poco, van llegando nuevos tiempos. Estamos un poco más recuperados del trauma y, aunque la sensación de vacío es infinita, volvemos a necesitar momentos tristes y abrazos entre lágrimas. Simplemente, porque ya nuestro corazón tiene los remiendos necesarios para aguantar nuevas lágrimas de vieja tristeza. Y ahora las necesitamos para no caer en lo inhumano, en la frialdad innecesaria. Rompemos la rutina sin miedo, para darnos un abrazo pensando y llorando, llorando y sintiendo, sintiendo y recordando. Y eso, se convierte en conveniente, e incluso en imprescindible, para poder seguir adelante. Para poder sonreír mañana. Para dar nuevos sentidos a estas vidas desangeladas por momentos.

No tengo miedo a la tristeza. He aprendido que puedo ser feliz aún siendo triste. Sé que mi cota de felicidad ya llegó. Sabemos que no seremos nunca más felices que aquellos días de junio en los que aún éramos ignorantes. Lo sabemos. Pero no nos agobia, ni siquiera nos preocupa en demasía, porque esto no significa que la nueva felicidad que nos espera, aún con matices, no merezca la pena ser vivida. 

Si algo tienen los momentos tan duros es que te dan una lección vital inolvidable: ¡¡VIVE!!

Ahora entenderás que
me haya quedado con las ganas
de bailar una sevillana 
con mi mujer y Paola...
Domingo (de feria) 08 de mayo de 2011

11 de abril de 2011

Entre dos... mundos.

Es difícil vivir en presente. Muy complicado. La vida vivida y la vida por vivir hace muy complicado pensar en la vida que vivo, que vivimos mi mujer y yo. Porque la vida que vivimos se sitúa entre dos mundos: uno que se fue y otro que vendrá. Dos mundos imaginarios, porque no existen. Ni uno, ni otro. Existieron y existirán, pero no existen.

De uno tenemos imágenes, olores, vida vivida, sensaciones, sonidos, sonrisas y lágrimas, llanto, dolor, alegría, pena. Tenemos recuerdos.

Del otro no tenemos nada; solo, vida por vivir.

Pero ambos marcan nuestro presente. Ambos nos modelan y moldean. Ambos decoran nuestro aquí y ahora. 

Luchamos por no vivir lo que fuimos, por no vivir lo que seremos. Luchamos por vivir lo que somos. Y no dejar pasar. Entendemos que lo más importante del camino no es la salida ni la llegada. Es el camino en sí, más aún cuando el camino es de un solo sentido y sin paradas. Pero es muy difícil, dificilísmo, porque cuesta mucho esfuerzo quedarse en la tristeza cuando se escuchan cantos de sirenas felices a todas horas. El pasado nos llama a voces. El futuro se presenta sin avisar, casi sin dar opciones. ¿Cómo quedarse en el vacío de un presente sin vida? ¿Cómo elegir la hiel, entre mieles y azúcares? Tuvimos un pasado feliz y esperamos un futuro pleno. ¿Cómo pedirle a tu corazón que se quede en la oquedad del instante que vive?

Por eso necesitamos de todos. De toda nuestra gente. Porque necesitamos mucho presente a nuestro alrededor. Muchas historias cotidianas. Muchas cosas con poca importancia, que nos devuelvan a la vida y que no nos permitan deambular por mundos huérfanos. Una comida familiar para hablar de cosas menos importantes, un cafelito con nuestra gente necesaria, un sábado con los amigos de siempre. Es solo llenar el presente, aunque sea un poquito. 

Claro que sí. Claro que hay licencia para recordar. Claro que hay licencia para imaginar. Pero sabiendo que recordamos y que imaginamos.

Estad tranquilos. Lo llevamos bien, porque somos los más afortunados del mundo. Nos lleváis en volandas, dejándonos el espacio que necesitamos. Sabemos lo duro que es esto para todos vosotros, también. Imaginamos lo difícil que debe ser para todos los que nos rodean; la de preguntas que debéis haceros, propiciadas seguramente por nuestra forma hermética de ser. No es nada personal, simplemente, somos así.

Pero no lo dudéis, gente. Lo estáis haciendo de puta madre. Estamos todo lo bien que se puede estar en esta situación, en gran parte, gracias a todos vosotros. Padres, madres, hermanos, cuñados, familia y amigos; seguid ahí y así. Pronto volveremos a ser los de siempre. Pronto nuestra vida será menos pasado y más presente con destellos felices de imaginación. Solo es cuestión de tiempo y paciencia. Sabemos que la tenéis, por eso, quizás, abusamos de ella.

Besos a todos.
Os queremos mucho, 
os necesitamos mucho.
¿Cómo no?.
Lunes, 11 de abril de 2.011