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21 de enero de 2010

¡¡Nuevo blog!!

Por aquello de organizar un poco, quizás más por mí que vosotros, he creado un nuevo blog dedicado exclusivamente a la educación: sentimientos, reflexiones, noticias, opiniones.

Un enlace estará siempre disponible en la columna de la derecha para aquellos que quieran echar un vistazo.

De momento, también os lo dejo por aquí...


Este blog quedará, básicamente, para todo lo demás... aquí todo ha cabido, cabe y cabrá: reflexiones no educativas, dedicatorias, relatos cortos, sentimientos, abrazos, besos, etc. , como en aquel cajón de los juguetes que nos hizo papá y guardabamos debajo de la cama... ¿te acuerdas, Cabesa?

¡¡Qué buen día echamos pintando y decorando nuestro cajón de los juguetes...!!

No hay nada más bonito que algo hecho por la familia, ¿qué no?

Jueves, 21 de enero de 2.010

4 de junio de 2009

Gracias

Me lo han ofrecido y he aceptado. Decir que no he mirado por mí sino por el cole es poco modesto, pero no por ello menos realidad. La postura cómoda para mí hubiera sido no buscarme posibles problemas y quedarme tal y como estoy. Pero no he podido. Mi vocación me lo ha impedido. Quiero entregarme e intentarlo y la oportunidad era ahora. Simplemente me han invitado y he aceptado.
Claro que no puedo negar que la decisión tiene un lado que no llevo del todo bien. Que me hubiera gustado más entrar de otra forma. Hacerlo sin que nadie tuviera que abandonar a disgusto su puesto. Pero demasiadas veces las cosas no son como uno quiere, sino como son. Y ahora han sido así. Quizás en el futuro hubieran sido de otra forma o quizás no. Pero es que han sido así y eso, desde el día en que me lo propusieron, no puedo cambiarlo. Y ahora es el momento de contestar, mi momento. Y por eso digo que sí. Que voy. Que quiero.
Mis padres, que me hicieron así. Y yo les estaré eternamente agradecido. No habrá fiestas de prejubilaciones suficientes para demostrar tanto como me gustaría. Malaje o serio según quien me mire, pero muy honrao. Y eso lo llevo muy a gala. Nadie puede decir de mí que obro de mala fe. ¡¡Ahh!! también me hicieron un poco torpe, tanto que nunca he sabido (¿querido?) protegerme. Me da igual que puedan hacerme daño. Prefiero mil veces el daño de la transparencia que el beneficio de la opacidad, de las dobleces.

Hoy me siento un tío feliz. Plenamente feliz. Lleno. Sin vacíos. Sin apenas necesidad de buscar he encontrado a mi gente necesaria. Y quien puede utilizar a su gente necesaria es muy rico. Y más si tu gente necesaria son tus padres, tus hermanos, tus suegros, tus cuñados, tus tíos, tus compadres, Enrique y Laura, Eva, Germán, Eli y Luis, Rocío y Alfonso, Paquito y Peña, María, Marina, Bea, May... y mi mujer.

Muchas gracias a todos. Os quiero.

Pd. ¡¡Qué agustito tiene que vivir un trepa, coño!!
"Eso te pasa por ser honrao"
- Mi padre
Viernes 05 de junio de 2009

6 de mayo de 2009

Vísteme despacio...

La escuela pública está siendo arrastrada poco a poco, muy poco a poco, sin prisas pero sin pausa, por la escuela privada. Y un claro ejemplo son las prisas que nos están contagiando. Ahora está de moda que los niños y niñas sepan leer y escribir en preescolar (¡uy qué antiguo soy!!) en Educación Infantil, digo. Y a mí esto empieza a darme un poco de canguelo... o como mínimo, de respeto.

No me gusta encontrarme con niños en el primer ciclo con dificultades de aprendizaje en lectoescritura por traer déficits en los prerriquisitos básicos. No me gusta que expongamos a críos sin esos prerrequisitos a procesos de enseñanza aprendizaje que obvian la procedencia, las ideas previas de nuestros críos o su bagaje curricular. En primaria tenemos el defecto de empezar a trabajar con los críos la enseñanza de la lecto-escritura dando por hecho demasiadas cosas y obviando muchas otras, y yo ya no sé qué es peor.

Para enseñar a leer y escribir un crío debe tener un nivel adecuado en percepción visual (que le permita diferenciar una p de una q, por ejemplo); de percepción auditiva (que le permita diferenciar el sonido /b/ del sonido /p/, muy similares fonológicamente hablando); una buena memoria (para retener la asociación arbitraria establecida entre letra -grafema- y sonido -fonema-); capacidad de atención y concentración suficiente para enfrentarse a tareas individuales y desechar estimulos irrelevantes o distractores; o una buena comprensión verbal o expresión oral. Pero además, debe poseer una buena organización espacial (izquierda, derecha, arriba, abajo, delante, detras...) y una buena organización temporal (antes, después, ahora...) que le permitan trasladar el plano vivencial al papel (porque el arriba en tu espacio vivencial es distinto al arriba de un folio, por ejemplo).

Y todos estos objetivos, sin duda de la Educación Infantil y del primer Ciclo de Primaria, los estamos dejando de lado para dedicar más tiempo y esfuerzo a la enseñanza de la lecto-escritura. Y es que vende mucho más una escuela en la que los niños de 5 años ya saben leer que otra en la que los niños aprenden a leer a los 6 ó 7 años. Independientemente de los que se quedan en el camino, de los que no van, porque ir pa ná es tontería.
En educación,
el fin no justifica los medios
Jueves, 07 de mayo de 2009

20 de abril de 2009

De locus de control y otras palabrotas psicopedagógicas...

La semana pasada explicaba a uno de mis alumnos una tarea de matemáticas. Este alumno era de esos a los que los maestros nos gusta llamar "alumno con dificultades de aprendizaje". Y nos gusta llamarlo así porque decir "maestros con dificultades de enseñanza" es demasiado descarado, ¿no?. Pues eso, le explicaba y mi alumno lo entendió a la primera, a lo que sorprendido me dijo:

- Maestro, no sé lo que me pasa pero es que hoy vengo "to listo".
- Es que tú cuando te pones eres muy listo, chaval.
- ¿Sabes qué, maestro? Yo creo va a ser el Sunny the Light que me tomao esta mañana...

A mí esto me hizo gracia al principio pero luego me dejó pensativo. ¿Qué mensajes subliminales le manda el sistema a algunos niños y niñas? Nuestra forma de hablar con ellos, de interactuar, nuestro lenguaje no verbal, incluso el verbal también, qué les está diciendo, qué sacan en claro ellos.

Sus palabras denotan una cosa muy clara. El éxito en la tarea no depende de él, sino de algo externo. No es su capacidad lo que le permite hacerlo bien, si no un zumo que se ha tomado esa mañana. Una autoestima por los suelos, una expectativa bastante negra, un concepto de sí mismo algo deteriorado.

En definitiva, un alumno que fracasará porque el sistema, la escuela, sus maestros, no paramos de recordarle que es un alumno con dificultades y que por su culpa no puede aprender más de lo que lo hace.

¿Y yo, puedo enseñarle mejor?

Los peligros del lenguaje no verbal.
Lunes, 20 de abril de 2009

27 de febrero de 2009

5 días más...

Las AMPAS exigen a la Junta que el colegio empiece una semana antes. Y así se hará. Dicen ellos que comparativamente con otras Comunidades Autónomas tenemos menos días lectivos y eso repercute en una enseñanza y un aprendizaje de menos calidad.

Los Síndicatos docentes abogan que no se ha contado con la opinión del profesorado andaluz y que se ha tomado una decisión unilateral sin escuchar propuestas... y que si esas tenemos, el profesorado va a la huelga.

En mi opinión entrar el día 7 no soluciona absolutamente nada. No mejorará los "niveles" de nuestro alumnado ni una décima. Además, de que se ningunea y piosotea el trabajo realizado por el maestro del 1 al 15 de septiembre, quedando ya tan solo una semana para organizar el curso: programación anual de aula, organización de ciclos, plan anual de centro, preparación de evaluaciones iniciales, recogida de material y valoración de materiales didácticos oportunos, limpieza y organización del aula, estudio de informes de tránsito del alumnado, etc.

Que digo yo, que si los padres realmente quieren que suba el "nivel" de sus hijos, mejor será que protesten por lo que de verdad afecta a la calidad de la enseñanza: que siga dándose religión en la escuela laica (más de 5o horas anuales se dedica en las escuelas a adoctrinar... para enseñar religión ya están las iglesias, ¿no?), que se equipare la ratio andaluza con la europea (clases con 15 alumnos y no con 25-30), que se reduzca la burocracia al profesorado para que destine su tiempo a enseñar y no a rellenar papeles o que se introduzcan definitivamente las TIC en la escuela.

A no ser que los padres estén pensando más en tener colocado al niño 5 días más en la escuela. Que no olvidemos, son 5 días menos dando la lata en casa o en casa de la abuela en su defecto. Entonces hay poco que decir.

¿Que escondemos?
27 de febrero de 2009
Día del Maestro, para más INRI

4 de febrero de 2009

Cuestión de prioridades

Uno no elige nacer, pero nace. Tampoco elige la familia, pero tiene que aguantarse con la que le toca y esto puede llegar a ser cruel, injusto, muy cruel, muy injusto.

En pocos años he presenciado multitud de potencialidades tiradas a la basura, muchos proyectos que acaban en la más absoluta mediocridad, demasiados bocetos que nunca se plasmarían en realidades tangibles. Falta de sensatez, de cordura, de madurez, de amor... ¿quién sabe?.

Cualquier colegio, incluso los concertados y privados (¡buen tema!), está lleno de víctimas. Colegiales y colegialas que deambulan perdidos, niños y niñas que son aparcados cual automóvil de 9 a 14h (si es más con las extraescolares, mejor), consecuencias de familias sin ideas claras (¿pero tienen ideas?), sin estructura, sin sentido común, como barcos a la deriva en medio de un temporal.

Y te partes la cara, y lo intentas, y buscas estrategias, y repasas apuntes, y consultas libros de la carrera, y metes barbaridades en la barra de San Google o buscas asilo (¿o consuelo?) en compañeros más expertos a ver si ellos tienen la pócima mágica. Y funciona, o eso parece, y te sientes bien, y te vienes arriba, y te motivas, e incluso te crees buen maestro... hasta que llega ese día, esa puñalá trapera por la espalda, ese momento en el que dices en clase:

- A ver, sacamos los colores.
- Maestro, es que yo no tengo.
- ¿Y por qué no te compras ya unos de una vez?
- Es que mi madre dice que no tenemos dinero.

Pero sí para la PSP, la Play 2 o la Wii... no sea que mi niño crezca con un trauma.

Y la solución es que
el cole empiece
el 7 de septiembre.
¡Tiene cojones!
Miércoles, 4 de febrero de 2009

12 de febrero de 2008

Hijos e hijas sin manual de instrucciones (VI). Epílogo

En fin, para cerrar este pequeño capricho solo me queda resaltar algunas cosillas que creo imprescindibles para hacer más llevadero todo este proceso de criar, educar, formar, instruir... ¿cuál será la palabra correcta?.

Seré concreto.

Uno. Lo más importante de todo: el amor, el cariño. Sin esto, todo lo demás carecería de sentido.

Dos. Usemos el sentido común, ¡siempre!. Es nuestra mejor arma. Es el mejor libro en el que buscar y encontrar respuestas a mis preguntas como padre, a mis dudas cuando tomo decisiones.

Tres. Exige, porque tienen derecho a ser exigidos.

Cuatro. No rehuyas el conflicto. Afróntalo desde el sentido común. Con la firmeza que te da ser tú quien debe poner siempre los límites, unos límites coherentes e inflexibles. No caigamos en lo que Emilio Calatayud denomina algo así como el mal de la democracia joven... no nos dé miedo poner límites. Poniendo límites no somos padres dictadores, somos padres, y de eso se trata... de ejercer como tal. Amigos ya tiene. Amigas ya tiene. Padres, solo nosotros. Recuerda: heteronomía vs autonomía moral.

Cinco. Ten cuenta que muchas veces los críos pueden portarse mal para que les echemos cuenta. Así de sencillo. Y que muchas veces, al castigarlos, estamos reforzando positivamente la conducta, por más que nuestra intención sea la contraria.

Seis. Sé concreto, cuanto más, mejor. Huye de lo abstracto cuando hables con tu niño, con tu niña, sobre todo cuando son pequeños. No le digas: "¡tienes que portarte bien!". ¿Eso qué significa para ti?. ¿Qué significa para él?. ¿Tenéis la misma definición de portarse bien? "No le pegues a tu hermano", "recoge tus juguetes", "cómete la merienda" o "termina tus deberes" sí son órdenes concretas y difícilmente malinterpretables... al menos en teoría.

En fin que no quiero ser pesao...

Al menos me ha servido para aclararme y obligarme a desempolvar algunas cosillas de la carrera. ¡Qué pena estudiar tanto para que todo se olvide tan pronto!

Lo dicho. No invento nada.
Solo resumo, aglutino, sintetizo.

07 de febrero de 2008

15 de enero de 2008

Hijos e hijas sin manual de instrucciones (V). La educación de los sentimientos.

- Papá, ¿qué es la felicidad? - soltó sin ser consciente de lo que aquella pregunta encerraba.

- Hijo mío, la felicidad es... una cosa que... verás... a ver cómo te explico... imagina que estás en... bueno, a ver si me sale un buen ejemplo... te acuerdas de cuando fuimos a... tampoco, tampoco es un buen ejemplo... ¡Uf, vaya preguntita "miarma"! Si te digo la verdad creo que yo tampoco sé qué es la felicidad...

Los sentimientos, esos grandes olvidados de la educación. Caemos en el error, gravísimo error, de intentar protegerlos de todo lo malo que pueda ocurrirles, porque así, pensamos, crecerán más felices. Pan para hoy y hambre para mañana. Como padres estamos obligados a educar, en el más amplio sentido de la palabra, a nuestros hijos e hijas. Y esto conlleva formarlos para las exigencias de la sociedad futura. Exigirles para alcanzar el desarrollo íntegro de la persona, objetivo anhelado en educación. Y se puede crecer feliz aunque te exijan. Un niño no tiene que ser feliz siempre. ¿Dónde está escrito eso? La felicidad es importante, muy importante, pero no es el único sentimiento que debe reconcer y sentir, valga la redundancia, un crío. La sociedad, la vida adulta, su futuro le exigirá que sepa responder a los reveses que le ofrecerá la vida. Le exigirá aprender de los errores, levantarse tras las inevitables caídas. Mejor si han sido preparados para ello, ¿no?.

Claro que no se trata de ponerlos deliberadamente en situaciones desagradables para enseñarlos a afrontarlas. No me entiendan mal. Su vida de infante también les da reveses, aunque ante los ojos adultos, parezcan asuntos nimios. Cuando lleguen esos reveses es cuando tendremos que aprovechar las ocasiones para hablar claramente de los sentimientos. Todos sentimos penas, alegrías, enfados, dudas, miedos... Nuestros menores también lo sienten y nuestra misión será enseñarlos a etiquetar esos sentimientos cuanto antes para que sepan responder cuando aparecen. Saber controlar las respuestas que provocan estos sentimientos, saber que lo que nos pasa es algo normal que le ocurre al resto de las personas, saber sacar partido a la tristeza, saber aprovechar y disfrutar los momentos de alegría, reconocer nuestros miedos o manejarnos bien en los enfados es fundamental para ese desarrollo íntegro de la persona que antes mencionabamos.

¿Y cómo puedo ayudar a mi hijo/hija? ¿Cómo se educan los sentimientos? En este punto creo importante: uno, no esconder nuestros sentimientos cuando hablamos con nuestros hijos; y dos, no sobreproteger, no criar a nuestros menores en la burbuja de la felicidad. Todo y cuando digo todo es todo, debe ser explicado a nuestros menores, por más tristeza que podamos causarle. Los niños son fuertes, muy fuertes. Por poner un ejemplo, cuando muere un familiar cercano muchos intentan que no se entere, decirle que se ha dormido, que se ha ido de viaje, que está en el cielo... Error. Los niños están habituados a la palabra muerte. La escuchan muchas veces al día. Nuestra misión será explicarles a su nivel qué es la muerte, qué pasa cuando morimos, por qué morimos... Os sorprenderán sus reacciones. Llorarán, como lloramos los adultos; se enfadarán, como nos enfadamos los adultos; sentirán impotencia, como las sentimos los adultos. Y ahí estaremos nosotros para ponerle nombre y ayudarlos a identificar qué sienten.

¿Te ha visto llorar tú hijo?
Edúcale el corazón...
quizás lo único que
no encuentre en internet.
Martes 15 de enero de 2008

10 de enero de 2008

Hijos e hijas sin manual de instrucciones (IV). Hablemos de los castigos (parte 2)

¿Qué tener en cuenta para aumentar la eficacia de un castigo? Por ejemplo:

  1. Nunca amenazaremos con un castigo que sabemos a ciencia cierta que no vamos a cumplir (muchas veces porque ni aunque quisiéramos podríamos aplicarlo). En esta bendita tierra, cuna de la exageración entre otras virtudes, somos muy dados a esto. Como no te comas las lentejas te vas a pegar sin ver la calle hasta que cumplas los 18. Eso te lo juro yo como Pepe que me llamo... O haces los deberes o te quedas sin Reyes... ¿te suena?.
  2. Aplicar hasta el final el castigo una vez impuesto. Y esto aunque el niño o niña patalee, llore, grite, se enfade, de la lata, etc. No te preocupes que no crecerá con un trauma por cumplir sus castigos, siempre que estos cumplan el requisito del siguiente punto.
  3. Debe ser proporcionado al mal comportamiento. Aquí el sentido común, la coherencia entre padre, madre, abuelos, abuelas, maestro o maestra, etc., se antoja muy importante.
  4. Aplicar el castigo inmediatamente después del mal comportamiento. El castigo pierde eficacia si se refiere a acciones pasadas. Más aún cuanto menor sea el niño o niña.
  5. Castigo corto e intenso. Siempre entendido esto desde el prisma del sentido común al que tanto apelamos. El castigo pierde su eficacia si el castigado se acostumbra a la situación de castigo.
  6. El castigo debe ser castigo ante los ojos del niño o niña, no solo ante los ojos del adulto. Un niño no puede ser castigado en su cuarto, porque allí es donde están todos sus juguetes. Eso es casi un premio. Por ello las expulsiones del colegio no tienen ninguna eficacia, porque si los mandamos a casa acaban jugando a la Play o en los recreativos del barrio. Para castigos, las tareas comunitarias que ayudan a colectivos sociales necesitados, por ejemplo.
  7. El niño debe tener claro por qué se le castiga y en qué consiste el castigo. Explicarle a un niño por qué lo castigamos no es mano blanda; es aclararle al niño qué ha hecho mal y por qué merece el castigo. Muchas veces nos asombraremos de cómo los niños se autoimponen castigos más duros que los que tendríamos pensados e incluso como lo acatan.
Hay más claves, claro que sí, pero si ponemos en marcha las aquí recogidas, seguro que mejoraremos nuestra relación con los menores y les mostraremos que sus actos tienen consecuencias y que, como responsables, tienen que acarrear con ellas. Esto es lo que le exigirá la sociedad cuando sea adulto.

"Niños pequeños:problemas pequeños.
Niños mayores:problemas mayores"
D. Emilio Calatayud
(Juez de menores de Granada)
10 de enero de 2008

9 de enero de 2008

Hijos e hijas sin manual de Instrucciones (IV). Hablemos de los castigos (parte 1)

Bueno, mejor hablemos de los reforzamientos, que queda más pedagógico, aunque lo que de verdad nos ocupe sea la aplicación de castigos, una parte de ellos. (¿cómo? ¿cuándo? ¿por qué?).

Como ya hemos dicho, los actos traen consecuencias y dependiendo de estas, los padres deberán o podrán: uno, no hacer nada; dos, reforzar positivamente la conducta del niño o niña; y tres, hacerlo negativamente.

Cuando queremos afianzar en el niño conductas elogiables, positivas, utilizamos para ellos reforzadores positivos. Lo lógico, lo que propone la literatura, es que estos reforzadores vayan de más a menos en cantidad. En cuanto a la tipología, lo correcto sería que empezáramos por reforzadores materiales (regalos del tipo golosinas, chocolatinas, juguetes sencillos, etc.), continuáramos por elogios abundantes así como contar las conductas correctas a otros adultos (¡sabes que ha recogido su cuarto como un campeón!) y que estos tiendan a desaparecer conforme se afiance la conducta. Ojo: el mantenimiento en el uso de reforzadores materiales no es del todo adecuado, ya que puede determinar, en exceso, la aparición de la conducta positiva (recojo mi cuarto si me compras un balón).

Cuando queremos inhibir conductas desadaptativas, es decir, que desaparezcan los malos hábitos o comportamientos en nuestros niños, podemos utilizar el castigo. Encontramos, a groso modo, dos tipos de castigos:
  • Castigo por presentación: darle un cate o sentarlo mirando al rincón, entre otros. Si toco un cable pelado (conducta) y me da calambre (reforzador negativo) me lo pensaré la próxima vez. Este es el principio imperante en este tipo de castigos. Se utiliza más para inhibir conductas peligrosas para el crío, muy arraigadas en sus hábitos diarios o especialmente molestas para otras personas.
  • Castigo por omisión: Se trata de suprimir algo que le gusta al niño: no sale a jugar con los amigos, no juega a la video-consola, no toma helado de postres, no va al cumpleaños de su amigo, etc. Bien utilizados son más eficaces que los anteriores, principalmente para aquellos comportamientos menos peligrosos o graves o lo que es lo mismo, para el quehacer diario de unos padres con sus hijos.
No obstante, existen una serie de principios o claves a tener en cuenta y que determinarán sobremanera el éxito o fracaso de nuestros reforzamientos y la desaparición o aparación de conductas según convenga. Esto, sin embargo, lo veremos en el próximo punto, que he hecho propósito de enmienda para el año nuevo y no quiero empezar colándome igual que terminé.

Por cierto, ¡Feliz 2008!
9 de enero de 2008

18 de diciembre de 2007

Hijos e hijas sin manual de Instrucciones ( III ). Actos y consecuencias.

Los actos conllevan consecuencias; punto uno. Los responsables de las consecuencias que ocasionan los actos son, única y exclusivamente, sus autores; punto 2. Fácil. Más que la tabla del uno, como dice mi amigo Torres ¿o no?.

Pues no tanto. Fácil en apariencia, porque diariamente vemos a personas responsabilizadas de las consecuencias que acarrearon actos realizados por otros. Mira a tu alrededor. Y esto, adquiere tintes peligrosos cuando, como en justicia, se convierte en derecho consuetudinario; es decir, cuando el uso y la costumbre lo convierten en ley, en derecho.

En la educación de nuestros menores no podemos obviar la dicotomía acto - responsabilidad, ni para bien ni para mal. Ni para actos bueno, ni para malas artes. E independientemente, incluso, de la voluntariedad del mismo. Sí sí, independientemente incluso de la voluntariedad del mismo. Desde pequeños nuestros infantes deben entender que sus actos traen aparejadas consecuencias y que estas son mucho más importantes cuando interfieren o afectan a la vida de otra persona. Lo que puede parecer insignificante para nuestra visión adulta puede sin embargo ser importante desde el prisma infantil.

Pongamos un ejemplo sencillo y cotidiano: mi hijo con 3 años rompe un juguete al hijo de unos amigos. Yo como padre, apurado por la situación doy un cate a mi hijo y en cuanto puedo compró otro juguete igual al niño.

¿Qué entiende mi niño? Uno y principal: que ahí está mi padre para pagar las consecuencias de mis actos. Dos, que un juguete roto vale un cate, de dolor físico pasajero y dolor moral dependiente de las veces que lo haya recibido (esto ya lo explicaremos en el siguiente punto de castigos y premios). Entonces, ¿qué se podría haber hecho? En mi opinión, buscar cualquier fórmula para que mi niño, y solo mi niño, sea el responsable y asuma las consecuencias de su acto. Buscarla y aplicarla. Y aplicarla aunque mi niño llore. Y aplicarla aunque mi niño se enfade. Y aplicarla aunque mi niño patalee. ¡¡Y aplicarla aunque mi niño diga que no!!. Aplicarla porque soy su padre. Porque soy su padre y yo pongo los límites. Aplicarla aunque provoque un conflicto con mi hijo. Aplicarla aunque parezca que mi hijo me odia porque le obligo. Si es suficientemente mayor para romper un juguete lo es también para acarrear con las consecuencias. Las prácticas educativas lastimeras con críos o el parapeto de la edad para salvarlos de cualquier situación problemática hacen más daño del que creemos a nuestros niños. En la situación del ejemplo podríamos, entre otras opciones, haberle dado a elegir al otro niño un juguete de nuestro hijo, entre unos cuantos similares al roto, sin menoscabo de la imposición del castigo correspondiente por su mala conducta. Porque si un médico da una puñalada a otro y luego lo opera y le salva la vida... además de dejarlo como estaba merece su castigo, ¿no?. Pues además de devolverle el juguete mi hijo también merece su castigo. No porque sea malo, sino porque ha obrado mal en un momento puntual.

Un acto trae una consecuencia. Una consecuencia que asume el responsable. Un responsable que acata las normas establecidas por la autoridad pertinente (en caso de niños, los padres). Cuando somos niños nos encontramos en un periodo de heteronomía moral, porque son otros los que nos ponen las normas. Aún no somos lo suficientemente maduros como para autorregular nuestro comportamiento. Algo está bien o está mal porque mis padres me lo dicen, porque si lo hago mis padres (o mi maestro) se enfadan. Este periodo da paso a un periodo de autonomía moral, de autorregulación conductual. Es un periodo en el que nos regulamos nosotros mismo. No lo hago porque sé que no debo hacerlo, porque sé que puede traer consecuencias negativas para terceras personas. No lo hago porque no me conviene a mí mismo. No lo hago porque sé que está mal. O sí lo hago porque está bien que lo haga. Yo me regulo porque moralmente he dado el salto desde el periodo de heteronomía moral a la autonomía moral. Él éxito de mis decisiones morales en este segundo periodo dependerá de cómo de coherentes y responsables hayan sido los límites impuestos en el periodo anterior y de la firmeza en su respeto. No obstante, para alcanzar esta autonomía moral también es muy influyente el grupo de iguales, los amigos del niño, ya que en esas relaciones no jerárquicas, de igual a igual, se empiezan a forjar las primeras conductas autónomas, aunque esto es mucha tela ya para el punto de hoy.

En definitiva, que todo esto que aquí cuento desordenamente ya lo dijo el filósofo E. Kant (así se llamaba mi periquito... es que me lo regalaron durante una clase de filosofía de COU con Kant de testigo privilegiado - por cierto se escapó la primera noche por el hueco de la comida de la jaula). Pero el filósofo establecía ciertas e importantes diferencias. Principalmente hablaba de conducta humana en general, no de conductas infantiles. Así la heteronomía moral no era exclusiva de la infancia sino que aparecía cuando los límites eran impuestos también por otro tipo de autoridades como la religión (no hago esto porque es pecado) o las leyes (no hago esto porque es delito y me meten en la cárcel: buen ejemplo ahora con el alcohol y el volante... ¿no bebes y conduces porque te puede caer un puro o porque creer que no debes hacerlo?). La verdad es que no sé quién aplicó estos conocimientos a Psicología Evolutiva y/o Psicopedagogía. ¿Sería Jean Piaget? Me suena que sí...

Por cierto, que olvidaba comentar que los periodos referidos no son estancos. Que no me acuesto un día siendo heterónomo y me levanto al siguiente siendo autónomo. Que los autónomos algunas veces (más de cuatro veces) actúan de una forma concreta por imposición más que por convicción.


¡¡Ostias... me he vuelto a colar!!
18 de diciembre de 2007


13 de diciembre de 2007

Hijos e hijas sin manual de instrucciónes ( II ). Conflicto y límites: imprescindibles.

Antes de tomar la autovía paramos en una gran tienda de deportes para comprar una cometa. Era roja, grande y chula.

- Ya verás lo bien que lo vamos a pasar volando nuestra gran cometa roja- le dije flipando a mi padre después de que pagara en caja.

- Sí que es verdad -me respondió rascándome la cabeza como si me picara-; pero antes tenemos que buscarle un nombre, para que nadie pueda decir que tiene una cometa igual que la nuestra, aunque la haya comprado en la misma tienda.

A mi la idea me pareció estupenda, así que me puse a pensar en un nombre chulo para mi cometa chula. Y pensando en nombres chulos para mi cometa chula se me pasó el camino en un plis - plas y antes de darme cuenta llegamos a la playa. Cuando descargamos el coche y plantamos nuestro fuerte en la arena era aún temprano y la playa estaba casi desierta. Mi padre sacó la cometa de su caja y corrimos a volar nuestra cometa. Qué raro, pensé, se le debe haber olvidado lo del nombre. Me callé, porque no se me había ocurrido nada que me gustara y fui corriendo tras él para volar mi gran cometa roja. Lo intentamos varias veces, pero no podíamos. Hacía demasiado viento y nuestra cometa no volaba. Incluso estuvo a punto de partirse, así que lo dimos por imposible y fuimos a dar un paseo antes de pegarnos un gran chapuzón.

Por la tarde, después de comer, cuando parecía que el viento empezaba a irse, estuvimos probando de nuevo nuestra gran cometa roja. El viento estaba suave, casi calmado. Era estupendo, era justo lo que necesitábamos para volar nuestra cometa roja y chula. Cogí los mandos, solté hilo y corrí para levantarla, pero no me salía. Mi padre me dijo que mi problema era que soltaba muy poco hilo y la cometa no tomaba la altura necesaria para volar y mostrarse esplendorosa, como ella era. Entonces me la pidió y se puso manos a la obra. Para no caer en el mismo error que yo soltó todo el hilo posible y la cometa, aunque voló unos instantes, pronto cayó al suelo como derrotada, cansada... Entonces apareció aquel extraño, con sombrero gris, barba blanca, gafas oscuras y camisa abierta. Con mirada callada, serio, con la firmeza de los extraños de barba blanca, le quitó los mandos suavemente de las manos a mi padre. Volvió a recoger todo el hilo en la empuñadura y empezó a soltarlo y recogerlo, alternativamente, según le pedía el viento, el momento, el vuelo... Mi padre y yo no sabíamos si mirar al extraño, la cometa o sus manos para intentar aprender esos expertos movimientos. Cuando el hombre marchó, el viento desapareció con él y ya, aquel día, no pudimos volver a intentar volar nuestra gran cometa roja y chula.

- Ya sé porque no hemos podido volarla, papá.

- ¿Por qué?

- "Po mu fácil", porque no le hemos puesto nombre.


Pues sí. Volar una cometa puede parecerse a educar a nuestros menores. Si sustituimos viento por conflicto podemos apreciar la necesidad y conveniencia del conflicto en educación. Mis intereses como padre/madre no siempre serán los mismos que los de mis hijos. Ellos constantemente nos pondrán a prueba, probarán nuestra paciencia, nuestros límites e intentarán descubrir qué necesitan para hacernos estallar, qué pueden hacer y qué no, hasta dónde pueden llegar. Así el conflicto, como el viento, será un elemento imprescindible, aunque en su justa medida. Demasiado conflicto creará un ambiente de tensión gratuito y nada propicio. Sin conflicto mi hijo deambulará felizmente por su infancia, sin agobios, sin problemas, sin penas... sin siembras, sin riegos, sin recogidas.

Pero no solo influye el viento. La longitud de hilo también marca el éxito en el vuelo de la cometa. Longitud entendida en clave educativa como los límites marcados por los padres en la educación de los hijos. Unos límites que deberán ser razonados y coherentes, ya que imponiendo autoritariamente límites inexplicables y excesivos coartaremos al menor impidiéndole que se muestre esplendoroso, que exprima todas sus cualidades, que vuele cual cometa roja, grande y chula. Por el contrario, con demasiado hilo, sin límites, invitaríamos a nuestro hijo a la "burbuja de la felicidad" tan bonita y apacible como frágil. Sería como comprarle todas las papeletas para el sorteo de un viaje al país de la delincuencia. Lugar donde no se respetan los límites... (si nunca los he tenido, quién eres tú para decirme qué puedo y qué no puedo hacer). Felicidad superficial y aparente en la infancia. Apariencia peligrosa. Peligrosa apariencia. Libertad frente a libertinaje. Se trata, para cerrar el tema, no solo de poner límites coherentes y razonables, incluso "negociados" (¡qué peligro tiene esto!), sino de hacer todo lo posible porque estos se cumplan para demostrar a nuestros menores, segundo punto importante de estas "instrucciones para padres", que nuestros actos traen consecuencias.


¡Vaya si "me colao"!
"Que un niño es una cometa,
que hay que aguantarle el hilo".

13 de diciembre de 2007