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21 de febrero de 2024

Luis Aboza Peña. Tempestad y calma..

Suele pasar que, como siempre lo hace, sin avisar, sigiloso pero decidido e indomable, llega el día menos pensado. Y entre muchas otras cosas, a veces, su venida tiene que ver con bullicio, explosión, caos... y belleza; con marejada, nervios, descontrol... y paz; con tiempo contado... y con vida por contar. Quizás hablamos de orden y desorden desde el lado equívoco y más que antónimos se muestran como ese 6 (¿o es un 9?) al antojo del punto exacto desde el que asomarnos a la vida. Tal vez, lo entendamos como ese palíndromo que nos enseña que ir y venir pueden ser la misma cara de distintas monedas. ¿Pero quién puede tener intención de saber, si lo realmente hermoso es que el día menos pensado todo se deconstruye de una inverosímil y bella manera? 

Y así amaneció el día en que el amor, amigos, que se creía completo y calmo, con la quietud propia de quien se estima dominador y no dominado, comenzó a carecer de su aplomo. La vida, entonces, ya no es el aquí; tampoco es el ahora el que acapara el momento. Surgió un mañana en el que posar sentimientos y vivir a ratos, en el que todo queda hipotecado por la sonrisa de quien comparte tu camino sabiendo que el destino merecerá la pena si es divisible entre cinco. ¿Qué es vivir si no aprender a amar cada día?



Ya sí. Bienvenido, pequeño Luis. Llegas para dar sentido a esta bendita confusión que te cuento. Y así, con tu liviandad, solo te ha hecho falta una mirada para reordenar el caos; una caricia, para calmar el estrépito; un primer beso, para amansar la inquietud; una primera vez en los brazos de tu madre, para que la prisa se revele en un desvanecimiento decidido.

Disfruta de tu familia, chiquitín. Y recoge tanto amor que tienen (con permiso, tenemos) acumulado para darte. Créeme, eres un tipo muy, pero que muy, afortunado. Y yo, por tanto.

Enhorabuena, amigos. ¡¡Os quiero!!


¡Qué bonito es lo que bonito empieza!

Miércoles 21 de febrero de 2024

30 de octubre de 2011

A Luis. A Eli. En su día inolvidable..

Cualquier cosa valía. Eran tiempos de trompos, de grillos en las manos, de estampas y de álbumes. Eran tiempos de balones y bicicletas. La amistad se medía en puñados de pipas, en invitaciones a chucherías, en grabar con llaves nuestros nombres en los bancos de madera.

También eran tiempos de sembrar, de crear lazos, de juntar nuestras manos para llegar más lejos, de querernos a nuestra manera. La Luna estaba mucho más cerca y jugábamos a tocarla a cada instante. Era fácil imaginar. Y bonito. Y divertido. Porque los sueños tenían mucho de sueños y el futuro era un folio en el que apenas se dibujaban algunas palabras sueltas.

Y es que eran tiempos despreocupados, con muchas sonrisas y pocas lágrimas. Los problemas eran problemas hasta que dejaban de serlo y las carcajadas se contaban por miles. Porque cualquier cosa valía para reírnos, para querernos.

Empezábamos nuestros caminos. Andábamos, corríamos, saltábamos... volábamos. Juntos. De la mano. Sin miedo.

Y fue un día cualquiera, en una tarde de verano cualquiera, mientrasel Sol se retiraba glorioso, como solo puede hacerlo quien se sabe siempre vencedor, cuando nos dimos cuenta que sería para siempre. Que la vida, que nuestros caminos estarían repletos de posadas comunes, de destinos cercanos, de puntos de encuentro. Daba igual el lugar. Daba igual la hora. Daba igual el frío o el calor, la lluvia o el viento. Notar vuestra presencia. Solo eso. Notar vuestra presencia.

Y todo ese pasado se convirtió en presente. El ayer se hizo hoy. Y llegaron tiempos distintos, pero también nuestros. Aquellos días nos dieron la oportunidad de crecer juntos. Quizás no éramos conscientes de nada. Seguramente no entendíamos que cada paso hacía camino, no entendíamos que cada lazo ataba, no entendíamos que cada impulso derramaba letras de vida. O quizás, sí.

Hoy es 29 de octubre. Un día inolvidable en nuestro año inolvidable. Un día grande en el que la Luna parece algo más lejana, claro, pero aún alcanzable. Tal vez simplemente sea cuestión de seguir intentándolo. Hoy toman incluso más sentido aquellas letras manuscritas que tal vez el cariño, el amor, la sinceridad, la admiración, la ternura, la amistad... escribieron para ti...

Cuando una palabra
vale más que mil imágenes
y un abrazo más que mil palabras
llega el tren de los momentos,
llega el tren de los pequeños (grandes) detalles.

Y es que no han sido pocos los momentos para los detalles en estos últimos meses. Detalles hijos de aquellos trompos, de aquellas bicicletas, de aquellos balones. Detalles que siguen perpetuando lo importante de la vida. Que llenan pechos vacíos, que arrojan luz ante tinieblas, que humedecen gargantas deshidratadas por los certeros golpes de esta vida invivible por momentos. Detalles que nos recuerdan. Que nos fotografían. Que nos hacen eternos.

Yo no sé qué nos deparará este futuro incierto que hoy comienza. Seguro tendremos momentos para la risa más sincera y para el llanto más profundo. Momentos en los que la Luna se disfrace de Sol para confundir las sombras. Momentos en los que las princesas no sean capaces de convertir ranas en príncipes y las brujas vistan tallas 38 y aromen sus cuerpos con perfumes caros.

Pero también habrá, seguro, momentos en los que el Sol no permita abusos, en los que un reloj marcando las doce no decida que una carroza vuelva a ser calabaza. Momentos en los que la Luna se deje tibiamente acariciar por nuestras manos.

Luis, Eli. Eli, Luis. Seguid haciendo camino; puro y sincero como hasta ahora. Seguid aportándonos esa tranquilidad de saber que cuando Cenicienta y las hermanastras calcen el mismo número de zapato, siempre encontraremos vuestros corazones abiertos para refugiarnos. Vuestros corazones. Ese lugar en el que tan a gustito me encuentro.

El mío lo tenéis abierto. Entrad sin llamar. Ya sabéis que en él no existen preguntas, ni juicios, ni tormentos. En él solo existen trompos, bicicletas, albero, balones...

Eli, te quiero. Luis te quiero. Que os vaya bonito.

En Sevilla, a 29 de octubre de 2.011

2 de enero de 2011

Algunos necesitamos vuestra sonrisa

Hablaban de vestidos blancos y trajes a medida, de arroz en el suelo y lágrimas en el cielo, de listas de invitados y mesas incompletas. Hablaban de viajes de ensueño, de sábanas oliendo a perfume eterno, de nubes con mantilla, de sonrisas espontáneas, de abrazos que dicen más que palabras, de brindis con copas infinitas.

Hablaban de sueños y caminos comunes, de quererse, de compartir. Hablaban de imaginar, de abrazar, de perdonar, de reír, de soñar, de luchar, de volar, de añorar, de celebrar, de anhelar... juntos. Hablaban de sentir. Hablaban de vivir, de su vida... de nuestra vida. 

Hablaban con sonrisas que parecían adquirir matices gemelos; con ojos viviendo momentos aún no pasados, con corazones llorando instantes futuros con un solo latido.

Y lo hacían conmigo. Y con mi mujer. 

Enhorabuena, Luis & Eli. Todo irá bonito. Os queremos.

Empieza un año inolvidable.
Domingo 2 de enero de 2011

12 de septiembre de 2006

Una de reflexiones

Me llamó. Me necesitaba. Necesitaba algo que podía darle. Entre todos me llamó a mí. Pensaba que yo podría ayudarla. Fui sin pensarlo. No lu dudé. Sin preguntas, sin excusas, sin juicios, sin creerme nadie para valorarla. Ella necesitaba comprensión y la tuvo. Yo necesitaba mucho más y lo tuve. Ella creía que le ayudaba; no sabía que era ella la ayudante y yo el ayudado. Quizás, nos ayudamos mutuamente. Y mientras tanto, tú estabas a la sombra, comprendiéndome, esperándome, sin preguntas, sin excusas, sin juicios, sin creerte nadie, en tu sitio, siempre en tu sitio. ¡Joder, cuánto aprendí ese día!¡Joder, cuán afortunado soy!

Para los afortunados
Piensan en mí, luego existo
(frase extraída de La Sombra del Viento)
12 Septiembre 2006