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16 de marzo de 2016

Necesidad

Ahora siento la necesidad de escribir. Mientras viajo en el autocar, camino de nuestra excursión, rodeado de la inocencia bendita de los niños y niñas de mi cole. Ahora, tras leerte y revivirlo todo, siento la necesidad de que mis emociones fluyan, como río que busca el mar, desatascando preguntas tan inevitables como innecesarias.

Uno no tiene entre sus planes de matrimonio sano, con su ficticia capa de invulnerabilidad sobrepuesta, recibir la bofetada, estacada quizás, de conocer la faceta profesional y personal de un cirujano cardiovascular infantil, cuando tu primogénito viene a llenarte por completo. ¿Cómo decir entonces que me alegra haberlo conocido? ¿Que me siento en paz tras cada lágrima derramada en su despacho, tras aquel apretón de manos, tras aquella sonrisa triste de despedida?

Era miedo. Pánico. Terror. Llámenlo como quiera. Yo me quedo con miedo; eso es, miedo. Podré verme en mi vida en mil situaciones personales. Podrán intentar pegarme, robarme o ponerme entre la espada y la pared literalmente. Os aseguro, muchos sabéis de lo que hablo,  que no sería miedo lo que sentiría . Un hijo, una hija en peligro de muerte ... eso es el miedo.

Hoy he vuelto a llorar por fuera por Samuel. Hacía un par de meses que no lo hacía. Y volver a tener esos momentos me alivia el alma; al menos, hasta la próxima.

Al igual que me pasa con mi buena amiga Katia, soy incapaz de elegir palabras certeras para hacer llegar nuestro agradecimiento hacia grandes personas.
 
Seguramente, solo mis lágrimas inconfusas y confesables pueden estar a la altura.¿Quién sabe?


Más días como estos...
Miércoles 16 de marzo de 2016

15 de abril de 2015

Y si.

Solo a veces mi mundo me abre su puerta y me siento a esperarte. Y vuelvo a dormirte; mirarte; llorarte.

Mis ojos se esconden en aquel junio contradictorio, en aquel julio fantasma, en aquel agosto incierto, en aquel septiembre maldito. Nadie los encuentra. Se posan en un mundo aparte que apenas roza el suelo, donde crecen las sombras, que se llena de luz. 

¿Y si te abrazase de nuevo con mis brazos y mi alma, si te arropase como me arropabas con solo mirarme? 

Y si tuviese otra vez miedo...

Y si...
Miércoles 15 de abril de 2015


10 de septiembre de 2014

4 años son demasiados incluso para nosotros

Es el recuerdo de cada amanecer lo que me convence. La huida hacia delante lo que nos salvó la vida. El tiempo que pasamos juntos lo que me mantiene fuerte.

Aquella vuelta a casa, aquel cojín, aquel grito a pleno pulmón hundido en el sofá, la ducha de después, la primera noche en cobardía, el primer domingo en negro del calendario, aquellos llantos camino al trabajo durante las primeras semanas. Cuatro años hace ya de tanto que me da pavor que el reloj siga caminando y que la vida siga empujándome hacia el único sitio en el que tú no estás. 

Por eso vengo aquí. Porque aquí te guardo a los ojos de todos. Aquí, a plena luz, te escondo y te llamo para mí. Porque sé que aquí regresas cada vez que te necesito. A veces, aun, con mucha tristeza y muchas lágrimas. Otras, en cambio, con pasión de padre, con amor rebosante, con caricias introvertidas. 

Cuatro años son demasiados para mí. Tiemblo sintiendo que la rutina me invita a veces a no tener tu momento, a no vivir tu vida en mí. Me sobrecoge que el tiempo me obligue a caminar en el sentido contrario al que necesito. Me aterra notar que la virtud de poseerte es cada vez más voluntaria. Me estremece que la noche calme más que el día, que el camino se vuelva circular. 

Es diez de septiembre otra vez. Y lo celebro. Porque vuelvo a tener esa tristeza que necesito para no despiadarme.

A ti, Samuel. 
 Miércoles 10 de septiembre de 2014

18 de abril de 2014

¿Quién gritará tu nombre?

Y si no te recuerdo yo ¿quien lo hace hijo mío? Y si no nacen estas letras que hablan más de ti que de mí, ¿quién te revive?

Son mis dedos los que necesitan saber de ti, saber que alguien te resucitará mientras trabaja, mientras desayuna, mientras siestea en un sofá sin saber siquiera el poder que sus ojos emanan, el sentido de su lectura, la incomensurable fuerza que derrochan cada una de estas palabras que vuelan, a veces por su alma, a veces por su mente, a veces sin rumbo. 

Por esto siento la necesidad de recordarte, para obligarte a revivir.

Porque si no te escribo yo, ¿quién te recuerda, hijo mío? ¿Quién vive tu presencia aunque sea un ratito cada día? ¿Quién te llama? ¿Quién grita tu nombre con el pecho ensangrentado, con ojos derramando sal, con hiel, con miel también, en las entrañas, con amor incuestionable, imparable, en su garganta? ¿Quién robará segundos para regalártelos? ¿Quién morirá de amor por ti antes de que el amor por ti muera?

Y sobre todo hijo mío, ¿quién pasará página sabiendo que tú estás en todas y cada una de las letras del libro de su vida?

Un día, Samuel, lo comprendí TODO.
"Mi vientre cosido
Mi vientre cosido a tu vientre,
tu luz a mí traída,
tu pelo enredando el aire
como viento que arrastra hojas
o jóvenes con el corazón en llamas,
que es el vivir.
“Esquivar el suelo y remontar
una y otra vez el aire”, me dices.
Cómo nombrarte, amor, y no desangrarme.
Cómo nombrarte, como decir tu nombre,
que es mi vivir, amor,
y no desangrarme,
y no dragar el corazón hasta hacerlo entrega,
que es el amar.
Dime cómo, amor,
cómo traer a mí el espacio de tu nombre,
no desangrarme
e ignorar que la intemperie en las costillas,
que la soledad en el fin de la garganta
contigo esquivaron mis ojos"
Los Desperfectos. (Martín Lucía, 2009).
Viernes Santo 18 de abril de 2014

30 de enero de 2012

Recuerdos que no quiero borrar

Jamás podré olvidar aquella llegada a casa. Fue el primer día tras el parto. Volvíamos solos. Samuel quedó en el Hospital, en una incubadora. Todo empezaba. 

Aún no sabíamos nada. Imaginábamos mucho. 

Era de noche. Calurosa, ingrávida, densa, pesada. Salíamos del Hospital acompañados por nuestros compadres. Nos despedimos y nos montamos en el coche. Solos. Con nuestro miedo infinito, con nuestra tristeza desconsolada e inconsolable. 

Llegamos y aparcamos en el garaje. Nos miramos entre lágrimas y me dijo tocándose su vientre:

- Sin barriga y sin mi niño... sin barriga y sin mi niño...

Aún no sé de dónde sacamos fuerzas. 

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Hoy, un año y medio después de aquello, echo la vista atrás y me enorgullezco. Ha sido muy difícil todo. No es fácil tomar muchas de las decisiones que tomamos. Nada fácil. No es fácil intentar luchar por esa felicidad negada, abrir las mismas puertas que nos llevaron a las tinieblas y esperar ahora el paraíso.

Hoy me quedo con que el destino no es invencible. Dos personas convencidas pueden mover muchas cosas. Solo hay que echarle cojones a la vida y luchar mucho. Estar dispuestos a sufrir, a tener miedo, a no rendirse ante la fatalidad, a tener paciencia y esperar los momentos, a no saltarse etapas, a llorar cuando toque, a resentir, sabiendo que, si a pesar de todo, algo no hubiera salido bien, la tranquilidad de conciencia será nuestra mejor compañera de viaje. 

Aprendí que cada vez que te das pena a ti mismo estás perdiendo una gran oportunidad de luchar.
 
El hoyito de Paola me lo recuerda todo, es nuestra imagen del triunfo, de la recompensa. Para nosotros, luchar ha merecido la pena.


Con dos cojones, esposa.
Lunes 30 de enero de 2012

1 de enero de 2012

Una navidad después.

Llegué aquella tarde de trabajar, como otra cualquiera. Mi mujer bajaba las escaleras en el mismo instante en el que yo abría la puerta. Ya olía distinto.


Entrecortada, sin saludos que perdieran minutos, las palabras se escapaban de su boca. "Marío, estoy embarazada".


Nos abrazamos y rompí a llorar. Lloraba por Samuel. Lloraba por mi mujer. Lloraba por mí. Lloraba por abrir de nuevo el futuro. Lloraba porque, por fin, una nueva ilusión podría luchar contra tanta injusticia. El miedo no cabía, la desesperanza tampoco. Eran lágrimas de confusión, imparables todas. Lágrimas que ponían el broche a un 2010 impresionante, extraordinario, en sus más rigurosas ascepciones. Impresionante, porque nos impresionó. Extraordinario, porque se salía de lo ordinario, de lo normal.

Y salimos presurosos a nuestras casas. A gritarlo, a llorarlo, a sentirlo con nuestra gente necesaria. A recibir sus abrazos, a alegrarles la vida, a darles un motivo para, cuando menos, endulzar algo unas navidades que se presentaban demasiado amargas para poder siquiera intentar saborearlas. 

Ya hace una navidad de todo eso. La sonrisa de Paola analgesia nuestro alma. Nos da vida, porque nos permite recordar a Samuel, sin miedos ni fantasmas en nuestras cabezas. 

Un año de valientes, esposa. Un año para conocernos y amarnos en la desgracia mutua. Un año para tocar fondo e impulsarnos.

¡Disfrutemos!

"Te estoy queriendo tanto que..."
Domingo 1 de enero de 2012 

12 de diciembre de 2011

Evidencia

Era evidente. La vida se te escapaba. Tu cara era una fotografía de la muerte. Tu cuerpo apenas podías guardar vida. Realidad...

Nuestra sonrisa, por momentos, también se esfumó aquella noche. Ni siquiera pudimos evitar llorar en tu presencia. Morías poco a poco, junto con nuestra esperanza, junto con nuestras ilusiones, junto con nuestra felicidad. Tristeza...

La muerte tiene cara. Y cuando la ves entiendes que por más que desees, por más que empujes, por más que aprietes tu alma, no hay nada que hacer. La muerte siempre gana la partida. Impotencia...

"Id a casa, descansad, pero no apaguéis el móvil...".

Frase que dio comienzo a la noche más larga de nuestra vida; incluso más que aquella primera noche en soledad en la que la ausencia fue vencida por el cansancio. Pesadilla...

Recuerdos mojados...
Lunes 12 de diciembre de 2011

8 de mayo de 2011

Ahora me lo permito.

Me doy cuenta, con el paso impasible del tiempo, que los ratitos de tristeza son necesarios en esta tarea de hilvanar un corazón descosido. Hace meses, todo dolía tanto, que el miedo se apoderaba de nosotros e intentábamos no caer en los tentáculos del recuerdo, para que la cinta andadora ganara en velocidad y el tiempo, cual parche viejo de tela, fuera remendando poco a poco todos los pesares. Básicamente, era cobardía, miedo a caer y tener serias dificultades para levantarse. Porque de vez en cuando nos asomábamos al pozo, más por obligación que por curiosidad, y aquello no tenía fondo alguno; ni siquiera cubo y cuerda a los que asirse como último trance. 

Hoy sé que todo fue necesario. Y que nuestro cerebro es más listo en modo automático que en modo manual. Quizás se activó el mecanismo de supervivencia y entendimos, por fortuna, que no era momento para pararse demasiado. Era momento para dejar salir, para fluir, para dejarse atrapar por la rutina más rutinaria y empujar las agujas del reloj lo máximo posible. Era tiempo para eso. 

Ahora, poco a poco, van llegando nuevos tiempos. Estamos un poco más recuperados del trauma y, aunque la sensación de vacío es infinita, volvemos a necesitar momentos tristes y abrazos entre lágrimas. Simplemente, porque ya nuestro corazón tiene los remiendos necesarios para aguantar nuevas lágrimas de vieja tristeza. Y ahora las necesitamos para no caer en lo inhumano, en la frialdad innecesaria. Rompemos la rutina sin miedo, para darnos un abrazo pensando y llorando, llorando y sintiendo, sintiendo y recordando. Y eso, se convierte en conveniente, e incluso en imprescindible, para poder seguir adelante. Para poder sonreír mañana. Para dar nuevos sentidos a estas vidas desangeladas por momentos.

No tengo miedo a la tristeza. He aprendido que puedo ser feliz aún siendo triste. Sé que mi cota de felicidad ya llegó. Sabemos que no seremos nunca más felices que aquellos días de junio en los que aún éramos ignorantes. Lo sabemos. Pero no nos agobia, ni siquiera nos preocupa en demasía, porque esto no significa que la nueva felicidad que nos espera, aún con matices, no merezca la pena ser vivida. 

Si algo tienen los momentos tan duros es que te dan una lección vital inolvidable: ¡¡VIVE!!

Ahora entenderás que
me haya quedado con las ganas
de bailar una sevillana 
con mi mujer y Paola...
Domingo (de feria) 08 de mayo de 2011

10 de julio de 2010

Sobre el miedo

Dicen que para ser valiente primero hay que haber conocido el miedo. Hay que saber qué es el miedo para saber qué es la valentía. 

Miedo es simplemente cuando un cardiólogo te dice que tu recién nacido hijo trae un "problemilla" en el corazón y que tendrá que pasar por quirófano en los próximos 3 meses. Eso es el miedo.

Ahora, podemos ser valientes. Ahora, seremos valientes. 

¡Ganaremos!
Sábado 10 de Julio de 2010