9 de noviembre de 2011

"Todo según el color del cristal con que se mira..."

Todo depende de dónde te sitúes. Todo depende de qué prefieras. Yo siempre lo he tenido claro. Nunca me ha dado miedo sufrir y nunca me dará. Y mis decisiones en la vida no serán nunca quedarme parado por miedo a sufrir si avanzo. No será nunca salvar la ropa por miedo a mojarme. Prefiero nadar. 

El asunto viene de algunas conversaciones mantenidas en las que no pocas personas piensan o intuyen que salir a flote después de la pérdida de tu hijo depende del tiempo que haya vivido tu hijo contigo, entendiéndose que a más roce, más cariño. 

Yo ni estoy del todo de acuerdo ni puedo negar en rotundo estos pensamientos. Creo que sí, que es más sencillo, perdón, menos difícil, renacer si tu hijo fallece a los pocos días, meses incluso, de vida que si lo hace con 5, 6 o 7 años. Ahí no puedo decir lo contrario.

Pero no es esa la pregunta correcta. La pregunta es desde otro lugar. No desde la tristeza por vivir, sino desde la alegría vivida. ¿Prefieres compartir menos vida y "superar" mejor la muerte o compartir más vida y tardar más en "superar" la muerte?

Samuel estuvo con nosotros 77 días, dos meses y medio. Nació un viernes 25 de junio a las 15h de la tarde. Falleció un maldito viernes 10 de septiembre a las 15h de la tarde. 11 semanas exactas de vida; 77 días junto a nosotros. Y nosotros junto a él. ¿Cuánto hubiéramos dado porque hubieran sido 78? ¿Cuánto porque hubieran sido 80... ó 100... ó 365? ¿Cuánto dolor hipotecarías por escuchar a tu hijo decir papá, por enseñarlo a dar sus primeros pasos, por verle su primer diente? ¿Cuánto dolor es canjeable por todo eso?

Prefiero la alegría vivida. No me importa la tristeza por vivir. Ya sacaré fuerzas de flaqueza. Ya me agarraré de alguna forma a la vida. Ya me sujetará quien me quiere.

Vive la vida
que en ella nada es verdad
ni mentira,
todo según el color,
con que se mira.
"Vive la vida" (Los Marismeños, 1987),
basado en la cita de Campoamor
"Nada es verdad ni mentira,
todo según el color del cristal
con que se mira"
Miércoles 9 de noviembre de 2011

2 de noviembre de 2011

Re-primerizo

Desde el domingo, soy padre primerizo por segunda vez. 77 días después del nacimiento de Paola, mi mujer y yo somos padres primerizos por segunda vez.
 
Las comparaciones, lamentable y obligadamente, reposan en nuestro cajón con llaves. Nuestra poca experiencia quedó atrás.

Hace tiempo  creía y escribía que el alma no entiende de pomadas. Hoy, afortunadamente, 80 días después del nacimiento de Paola, no lo tengo tan claro.

Y es que hay sonrisas mañaneras capaces de hacerte olvidar, aunque solo sea un instante, cualquier momento pasado. Y eso, para estos corazones en reforma, es un halo de vida inigualable.

Mucho más de lo que pedimos
Miércoles 2 de noviembre de 2.011




30 de octubre de 2011

A Luis. A Eli. En su día inolvidable..

Cualquier cosa valía. Eran tiempos de trompos, de grillos en las manos, de estampas y de álbumes. Eran tiempos de balones y bicicletas. La amistad se medía en puñados de pipas, en invitaciones a chucherías, en grabar con llaves nuestros nombres en los bancos de madera.

También eran tiempos de sembrar, de crear lazos, de juntar nuestras manos para llegar más lejos, de querernos a nuestra manera. La Luna estaba mucho más cerca y jugábamos a tocarla a cada instante. Era fácil imaginar. Y bonito. Y divertido. Porque los sueños tenían mucho de sueños y el futuro era un folio en el que apenas se dibujaban algunas palabras sueltas.

Y es que eran tiempos despreocupados, con muchas sonrisas y pocas lágrimas. Los problemas eran problemas hasta que dejaban de serlo y las carcajadas se contaban por miles. Porque cualquier cosa valía para reírnos, para querernos.

Empezábamos nuestros caminos. Andábamos, corríamos, saltábamos... volábamos. Juntos. De la mano. Sin miedo.

Y fue un día cualquiera, en una tarde de verano cualquiera, mientrasel Sol se retiraba glorioso, como solo puede hacerlo quien se sabe siempre vencedor, cuando nos dimos cuenta que sería para siempre. Que la vida, que nuestros caminos estarían repletos de posadas comunes, de destinos cercanos, de puntos de encuentro. Daba igual el lugar. Daba igual la hora. Daba igual el frío o el calor, la lluvia o el viento. Notar vuestra presencia. Solo eso. Notar vuestra presencia.

Y todo ese pasado se convirtió en presente. El ayer se hizo hoy. Y llegaron tiempos distintos, pero también nuestros. Aquellos días nos dieron la oportunidad de crecer juntos. Quizás no éramos conscientes de nada. Seguramente no entendíamos que cada paso hacía camino, no entendíamos que cada lazo ataba, no entendíamos que cada impulso derramaba letras de vida. O quizás, sí.

Hoy es 29 de octubre. Un día inolvidable en nuestro año inolvidable. Un día grande en el que la Luna parece algo más lejana, claro, pero aún alcanzable. Tal vez simplemente sea cuestión de seguir intentándolo. Hoy toman incluso más sentido aquellas letras manuscritas que tal vez el cariño, el amor, la sinceridad, la admiración, la ternura, la amistad... escribieron para ti...

Cuando una palabra
vale más que mil imágenes
y un abrazo más que mil palabras
llega el tren de los momentos,
llega el tren de los pequeños (grandes) detalles.

Y es que no han sido pocos los momentos para los detalles en estos últimos meses. Detalles hijos de aquellos trompos, de aquellas bicicletas, de aquellos balones. Detalles que siguen perpetuando lo importante de la vida. Que llenan pechos vacíos, que arrojan luz ante tinieblas, que humedecen gargantas deshidratadas por los certeros golpes de esta vida invivible por momentos. Detalles que nos recuerdan. Que nos fotografían. Que nos hacen eternos.

Yo no sé qué nos deparará este futuro incierto que hoy comienza. Seguro tendremos momentos para la risa más sincera y para el llanto más profundo. Momentos en los que la Luna se disfrace de Sol para confundir las sombras. Momentos en los que las princesas no sean capaces de convertir ranas en príncipes y las brujas vistan tallas 38 y aromen sus cuerpos con perfumes caros.

Pero también habrá, seguro, momentos en los que el Sol no permita abusos, en los que un reloj marcando las doce no decida que una carroza vuelva a ser calabaza. Momentos en los que la Luna se deje tibiamente acariciar por nuestras manos.

Luis, Eli. Eli, Luis. Seguid haciendo camino; puro y sincero como hasta ahora. Seguid aportándonos esa tranquilidad de saber que cuando Cenicienta y las hermanastras calcen el mismo número de zapato, siempre encontraremos vuestros corazones abiertos para refugiarnos. Vuestros corazones. Ese lugar en el que tan a gustito me encuentro.

El mío lo tenéis abierto. Entrad sin llamar. Ya sabéis que en él no existen preguntas, ni juicios, ni tormentos. En él solo existen trompos, bicicletas, albero, balones...

Eli, te quiero. Luis te quiero. Que os vaya bonito.

En Sevilla, a 29 de octubre de 2.011

17 de octubre de 2011

Lo primero y lo último

Lo último que hago, cada noche, cuando decido poner fin al día, es mirar mi móvil. Cada mañana, cuando mi despertador decide poner inicio a mi día, lo primero que hago es mirar mi móvil. Y me desgarro el alma, mi alma, al acostarme y al despertar.


Me desgarro mi alma al dormir y al despertar y mil veces más al día, cada una de las cienes de veces que desbloqueo mi móvil solo para acariciar la foto de tiempos pasados, y mejores. Cada una de las cienes de veces que acudo al recuerdo de mi hijo para no olvidarlo.

Yo, para estar de pie hoy necesito ver la foto de mi hijo. Para sonreír hoy, necesito saber que lloré ayer y que lloraré mañana. Necesito transportarme al feliz pasado, al pleno pasado, cada ratito, porque si llevo mucho sin hacerlo, noto que me falta algo.

Entendí desde el primer día que necesitaba incorporar mi pasado como parte de mi presente para llegar a superarlo. Borrar el pasado para tener un presente feliz no puede nunca convertirse en una estrategia buena. Llenar el presente de preguntas incontestables, tampoco.

La vida está llena de puntos y seguido. El punto y aparte se parece demasiado al punto y final.

Dos años después. 
Nunca una alegría como aquella. 
Quizás alguna tristeza nos quede.
Lunes 17 de octubre de 2.011

12 de octubre de 2011

Si tú estás sobre mi pecho...

... entonces no tengo miedo al llanto. La oquedad de mi corazón desvalido se llena con la energía que brota de cada uno de tus latidos. Pecho con pecho el aire nace en cualquier rincón.

Porque si tú estás sobre mi pecho, la vida vuelve a parecerse a la vida y las estrellas engalanan cielos de ciudad.




Y en ese momento preciso, los cuentos infantiles cambian lágrimas eternas por sonrisas incomprendidas, pero comprensibles.



A Paola, mi niña.
Miércoles 12 de octubre de 2011

5 de octubre de 2011

Palabras de mamá.

"¡Ay esta niña que parece que sabía que en esta casa necesitábamos sonrisas!".

Porque hay sonrisas que, por momentos, devuelven esencia de vida a almas en cuarentena.



Paola, 1 mes de vida.


Miércoles 5 de octubre de 2011

11 de septiembre de 2011

El peor camino de mi vida

Hace hoy un año que hice el peor camino de mi vida. Porque el peor camino de todos no es el que tiene como llegada el crematorio, sino el que lo tiene como salida. Es ahí donde todo el aire falta y el corazón se hace pequeñito.

Porque es en ese momento cuando es más difícil encontrar las fuerzas, porque en ese momento se hace casi imposible encontrar motivos para sonreír, aun cuando la sonrisa sea una obligación diaria. Y no solo encontrar motivos para sonreír, sino también para hacer sonreír a tu mujer.

Hoy, un año después, vuelvo la vista atrás, ya con aire en el pecho, con sonrisas en la cara, con nostalgia en el corazón. Ahora no sé cómo pudimos echar un paso tras otro. No sé cómo volvimos a cocinar, a ducharnos, a limpiar... No sé cómo, de dónde, sacamos fuerzas para guardar recuerdos en cajas de cartón. Supongo que gracias a nuestro coraje y a nuestra gente necesaria. Supongo, no. Lo sé. Gracias a nosotros y a vosotros. Y más tarde, gracias a Paola.

Hoy hace un año que, a pesar de que la vida se olvidó de nosotros, elegimos vivirla. La decisión más sencilla de nuestra vida. La decisión más difícil de poner en práctica.


...como si fuera ayer.
Domingo 11 de septiembre de 2011