6 de febrero de 2020

Leo 3.

Pones una boquilla así,  cerradita, con labios apretados, acompasada a una mirada sinvergonzona, preámbulo de alguna inocente palabra en partida, que me vence sin posibilidad de remontada. Y es ahí, justo ahí, en ese espacio que se crea entre tú y yo, que nace entre tu inocencia y mis ganas de parar el mundo, donde reside mi verdadera felicidad, donde no siento miedo, donde solo cabe la pureza del verdadero amor, la fuerza de la autenticidad... 


Sé honrado, hijo, como ahora eres. Que no hay en la vida mejor virtud que esa. 

Feliz cumpleaños, granuja. 

Te quiero "to esto". 

Jueves 06 de febrero de 2020

18 de enero de 2020

Veintitrés

Las nubes envuelven caminos de esperanza. Caminos hechos y caminos por hacer. Veintitrés vueltas al sol de la mano bien merecen que nos quedemos en ellas por un fugaz instante. Un paréntesis de recarga del amor. 

Esposa mía, este amor que te traigo y entrego se estrena cada día, sigue naciendo en cada lugar, a cada rato... disfrute, algarabía y alboroto. Sigamos nuestro bonito camino, de la mano, como si uno, por momentos, fuéramos.

18 de enero de 1997
18 de enero de 2020

Te quiero tanto...

Ps. Me gustas más que un predictor positivo.

Sabado 18 de enero de 2020


13 de diciembre de 2019

Diciembre 2019

El comienzo del fin te engaña. Pero es un engaño útil. Te ayuda a sobrellevar el injusto y automático ir y venir de tus propios pasos. Ahora hacia allí. Ahora hacia allá. Quizas no. ¿O sí? 

No. Ahora y siempre: mejor no. 

¿Dónde ponemos el signo de apertura de la interrogación de una tragedia? ¿Al principio del todo o en mitad del camino ya tortuoso, complicado e inverosímil?

No. Ahora y siempre: mejor no.

Diciembre de 2013. Vida en esponjosa plenitud. Cuerpo sólido en apariencia de todo a falta de tanto. La vergüenza asoma y revivimos de nuevo, por tercera vez. Convencer tiene que ser algo parecido a vencer desde la victoria, a saltar con los pies en el aire.

La vida nos llevó al límite y lloramos desde el equilibrio que nos regaló en herencia quien nos embebió de templanza. Era diciembre de 2010: el dolor aún en frescura y nuevas sonrisas, consecuencias de la naciente y pudorosa felicidad, en modo espera. Tuvimos la esperanza, y la sapiencia también, claro, de saber que en esta vida todo aquello que te jode, por disfrazadamente necesario que se ofrezca, puede transformarse en energía que te dirija hacia al futuro. Abono que nutre al bello rosal (trabajo sórdido e infravalorado el suyo).

La muerte no era lo mejor que podía pasar, pero la mente mandada por el corazón nos dijo que sí. Y creímos. Ignorancia necesaria y conveniente. Autoengaño. Un bebé precioso no tiene que morir. Ni siquiera tiene que enfermar. El padre de un bebé precioso no tiene que creérselo, aunque egoístamente le ayude. ¡Qué hijo de puta quien lo dijo por primera vez!

Ya fuimos. Asustados, desolados, engañados, esperanzados... 
vencidos, convencidos y felices. Ya somos.

Diciembre siempre será especial. Dos veces diciembre. 


Viernes 13 de diciembre de 2019

17 de octubre de 2019

Diez años de ti

Hoy, 17 de octubre, hace diez años del predictor de Samuel. Era sábado, el sol en rutinario nacimiento y nosotros con un secreto al que supimos cerrar cualquier vía de escape. No era día de compartir sino de saborear en confidencia, de seguir sumando recuerdos en pareja, de ser nosotros. Así que esperamos al domingo para avisar, en riguroso orden familiar, de la buena nueva. Esperar para compartir también hizo de aquel sábado un día perfecto.

Hoy, aquella perfección sigue clavada en mí. 

La felicidad que sentí, que sentimos, fue inmedible, solo comparable a la ilusión que fuimos capaces de regalar a nuestra gente.

Sábado, 17 de octubre de 2009.
Jueves, 17 de octubre de 2019.

Hace diez años que ya solo conjugo el presente simple del verbo sentir.


Jueves 17 de octubre de 2019

10 de septiembre de 2019

Hace nueve años

Hace ya nueve años que murió mi hijo, mi primogénito, mi enano, mi Samuel. Fue un día de calma, paz y mucha tristeza. Hoy, precisamente hoy, el recuerdo nos trae también los mismos sentimientos aderezados con diferentes matices cualitativos, que no cuantitativos. Hoy lo vivimos todo de la misma manera: con calma, paz y tristeza. 

Afortunadamente, no todo tiene la particularidad de avanzar a la misma velocidad que el mundo gira. Hay sentimientos que quedan pendidos de las estrellas, anclados en algún lugar del firmamento, y por tanto, a salvo de las vueltas de la vida, de la obligación de olvidar, de la mala costumbre de no recordar porque no sabemos en qué lugar de la memoria los pusimos (quizás porque los guardamos en el alma y ahí no sabemos buscar). Precisamente, exactamente esos, son los sentimientos que tiene un padre, los sentimientos que tiene una madre hacia su hijo. Un cariño desmedido, un amor inmedible, que permanecerá siempre en el lugar exacto, certeramente ahí, donde se ancla la primera mirada, el primer beso, el primer aroma de vitalidad, responsabilidad y miedo (disfrazado de incertidumbre) que te desbordaron en los primeros días del resto de tu vida. 

Hoy, diez de septiembre, vuelco la vista a aquellos días de penumbra y aún me emociono viendo la entereza de mi mujer, su capacidad para tirar de mí, para colocarse frente a la vida y caminar, para ir encontrando colores entre tanta negrura, para ser mi ejemplo más firme y admirado, para tener una triste sonrisa preparada para mí, un abrazo reparador, una mirada hacia el futuro. Mi motivo, sin duda, para dar un paso tras otro. Te debo todo. 

Vaya un beso fuerte para ti, hijo mío, desde mi pecho hacia tu recuerdo. Vaya todo mi amor para ti, esposa mía, y mi admiración, como la de mi gente, que sé que la tienes... te quiero tanto... 

Qué no daría yo por empezar de nuevo. 

Martes 10 de septiembre de 2019


14 de agosto de 2019

Paola 8.

Eres.

Un corazón bueno y puro. No hay nada más allá de tu sonrisa, no hay quiebro en tu mirada, ni espinas en tu alma.

Soy.

Vuelo si te veo. Me afano. Me regocijo. Me envaino. Me enroco en la vida. Me envalentono. Me encapricho de la luz que (me) regalas. Me ilusiono. Me evado. Río, sonrío, por ti, para ti, en ti.

Somos.

Lloro si recuerdo nuestra primera vez. Juntos. Mi fuerza y tu fuerza. Mi mirada posada, reposada, en ti. Entonces, arcoiris. Aromas. Perfume. Ecos de carcajadas. Lienzos con sonrisas. Y tu hoyuelo.



Felicidades hija mía. Te quiero como supe que te querría. Ayer. Hoy. Por siempre. Para siempre. Te debo tanto... Te debo, todo.

Ocho años.

Miércoles 14 de agosto de 2019.

1 de agosto de 2019

Martín 5

Hoy cumple 5 años mi tercer hijo, mi mediano. Recuerdo aquel 1 de agosto. Recuerdo aquella exhibición de poderío de mi mujer, aquella exhibición de fuerza de mi hijo como si fuera ayer.

Felicidades hijo mío. Tu inocencia es un regalo en este mundo perverso, atroz, lleno de malas intenciones. Que no te falte nunca. Que no me falte nunca, que yo la necesito para evadirme, para sentirme mas vivo, para seguir.

Te quiero, Tunante!! Sigue necesitándome como hasta ahora me necesitas.



Creo que no encontraré una mayor muestra de amor incondicional que la tuya. Quizás igual, sí; pero mayor, seguro, no.

Jueves 1 de agosto de 2019