18 de abril de 2016

Carcajadas

Ayer entendí que tus fotos son finitas. Empiezan en la primera y acaba en la última.  Y yo me las sé de memoria.  Ayer la realidad apareció en mi mente de forma cruel y miserable. E inoportuna. No era el momento. Allí no. A esa hora, no.

Quizás ya sea hora de ver tus vídeos. Aún no sé si tengo fuerzas para ello. En contadas ocasiones lo he hecho. Todo llegará. Esto también. Pero no quiero verlos tantas veces que llegue el día en el que también empiecen en el primero y acaben en el último. Saberme de memoria tu último vídeo sería otro miserable golpe de la vida, que de momento no me apetece recibir. Es como tener algo tuyo por recordar. Recuerdos por venir. Ya llegará. Ya llegará. Cuando mi alma esté, de nuevo, preparada para sentir.

Te eché de menos. Jugábamos a las cosquillas en la cama. Era mi cumpleaños y no estabas como a mí me hubiera gustado que estuvieras. Todos reíamos. Mientras, la foto de tu vida en composición me devolvía a la irrealidad de poder tenerte allí. A ti no, tú estabas. Siempre estás. De poder tener allí tu piel y tus gritos, tu llanto y tu pataleo, tu sonrisa nerviosa, tus pelos, tus manos, tu barriga. Eché de menos saber si tenías cosquillas o no, cómo sonaba mi nombre en tus labios, cómo sabía un beso de buenas noches a tus 5 años.  Eché de menos tu piel, tus gritos, tu sonrisa, tu mirada. No te eché de menos a ti, tú estabas; siempre estás. Eché de menos tocarte, olerte, escucharte reír a carcajadas, tus carcajadas eso es. Eso es lo que eché de menos. Tus carcajadas.

Tus carcajadas... Y que volvieran las mías...

("Echo de menos". Kiko Veneno)

Te echo de menos
más de lo que te escribo
Lunes 18 de abril de 2016

20 de marzo de 2016

La palabra es bella.


Mi nombre es Lolo... y no sé hablar inglés, ni cocinar, ni bailar sin notar que mil ojos me miran. No sé dibujar ni tengo habilidades para tocar la guitarra por más que lo intento.


Suena raro, verdad. ¿Quién se presenta así, quién presenta así a algún amigo suyo? ¿Quién realiza un currículum destacando aquello de lo que no es capaz, aquello que no domina por cualquier motivo?

Pues, por raro que parezca, esta fechoría la cometemos diariamente cuando nos referimos a personas con capacidades diferentes, que constantemente presentamos como discapacitadas, destacando aquello que no logran, que no pueden, realizar por motivos realmente importantes, sobre todas las cosas que sí saben o son capaces de hacer.

La importancia de las palabras queda aquí demostrada. No siempre la mentalidad impone las palabras a elegir. A veces el cambio viene desde la palabra elegida. Hagámonos conscientes de nuestras injusticias al hablar, sobre todo aquellos que tenemos la fortuna de convivir y aprender diariamente con niños, y hablemos desde las capacidades personales, desde lo que a cada uno nos defina, desde lo que cada uno seamos capaces de hacer.

La palabra es fuerte y bella. Nace y muere cada día mil veces. Tiene tonos y tonalidades, se camufla y aparece estelar con la galantería de quien conoce cada paso y, por ello, sonríe.

Ahora que es época de hacer el bien

Domingo 20 de marzo de 2016

16 de marzo de 2016

Nueve diecisietes de marzo

Hace 9 años que disfruto al (ad)mirarte mientras duermes, cada noche, como se disfruta lo irrepetible.

Mil cachitos sin posibilidad de recomposición.

Hace 9 años que, a sabiendas, como mujer bonita, utilizas tu sonrisa como arma y me regalas la primera de cada amanecer, con la certeza de saberme derrotado, de saberte la serena de las llaves de mis sentidos.

Te quiero esposa mía, me gusta quererte...

¡Felicidades!
Jueves 17 de marzo de 2016

Necesidad

Ahora siento la necesidad de escribir. Mientras viajo en el autocar, camino de nuestra excursión, rodeado de la inocencia bendita de los niños y niñas de mi cole. Ahora, tras leerte y revivirlo todo, siento la necesidad de que mis emociones fluyan, como río que busca el mar, desatascando preguntas tan inevitables como innecesarias.

Uno no tiene entre sus planes de matrimonio sano, con su ficticia capa de invulnerabilidad sobrepuesta, recibir la bofetada, estacada quizás, de conocer la faceta profesional y personal de un cirujano cardiovascular infantil, cuando tu primogénito viene a llenarte por completo. ¿Cómo decir entonces que me alegra haberlo conocido? ¿Que me siento en paz tras cada lágrima derramada en su despacho, tras aquel apretón de manos, tras aquella sonrisa triste de despedida?

Era miedo. Pánico. Terror. Llámenlo como quiera. Yo me quedo con miedo; eso es, miedo. Podré verme en mi vida en mil situaciones personales. Podrán intentar pegarme, robarme o ponerme entre la espada y la pared literalmente. Os aseguro, muchos sabéis de lo que hablo,  que no sería miedo lo que sentiría . Un hijo, una hija en peligro de muerte ... eso es el miedo.

Hoy he vuelto a llorar por fuera por Samuel. Hacía un par de meses que no lo hacía. Y volver a tener esos momentos me alivia el alma; al menos, hasta la próxima.

Al igual que me pasa con mi buena amiga Katia, soy incapaz de elegir palabras certeras para hacer llegar nuestro agradecimiento hacia grandes personas.
 
Seguramente, solo mis lágrimas inconfusas y confesables pueden estar a la altura.¿Quién sabe?


Más días como estos...
Miércoles 16 de marzo de 2016

18 de enero de 2016

Tus pequeñas cosas

Podría contarte lo bonito del amor, lo eterno de tu mirada o lo profundo de esa sonrisa que me maneja a su antojo. Podría, incluso, hablarte de cómo llenas de colores mi universo, de cómo un roce de tu palabra en mi cuello libera mi último rincón para volverlo a conquistar; podría escribir mil y una historias sobre unir tus lunares con mis dedos, trazando el camino hacia nuestro infinito; podría susurrarte mil veces, diez mil veces, cien mil veces también, que si lo que ahora siento es amor, lo de mañana no sabré, siquiera, cómo llamarlo.

Podría hacerlo 19 años más mientras sigo embelesado con tus pequeñas cosas.

Te quiero esposa. Te quiero como se quiere a una manta, un sofá y una buena película una noche de invierno...



19 años para ti

¿A quién le doy las gracias?
Lunes 18 de enero de 2016

27 de diciembre de 2015

Dos veces diciembre.

La puerta entreabierta despide amor y ternura. Aún queda en mí una última acaparadora mirada a vuestra inocencia antes de cerrar el día. Reboso entonces inundado de paz: el amor que un padre siente cuando ve dormir a sus hijos disipa la niebla que tiempo atrás todo lo ocupara.

Porque el beso de buenas noches que nace en la inocencia de un hijo llena el alma de cualquier padre. Porque el beso de buenas noches que nace en el alma de un padre gobierna el corazón por siempre. Que no os roce ni el aire, hijos míos. Sed felices, que yo gustosamente hipotecaré mi vida por ello.

Otro diciembre más que abre la ventana, como llorara de rabia la garganta de José Mercé, que empuja a esa tristeza que por momentos de todo se adueña, otro diciembre más que purifica. Aire. Pasa. La puerta abierta. Siempre la puerta abierta.

5 años. 15 de diciembre de 2010. Paola.

2 años. 24 diciembre de 2013. Martín.


Y vuelvo a aquellos días en los que entendíamos que morir no era irreversible. Ni siquiera, opuesto o antónimo de vivir. Ni complementario tampoco. Estar muertos y estar vivos era compatible. De hecho, nosotros moríamos un poco más cada día. Cada día más muertos, pero también más vivos. 

Pero nació diciembre, quebrando la oscuridad. Y a la fuerza, como se hacen las cosas cuando se saben genuinas; y por derecho, como se hacen las cosas cuando se saben auténticas, diciembre alumbró nuestra vida con noticias de compromisos de amor eterno sin letra pequeña, de amor a destajo. Porque así, así sin condiciones, se ama al hijo que aun no fue acunado; porque así, así sin parapetos, se sigue amando al hijo que jamás volverás a acunar. 

Porque todo, al final, se reduce a lo verdadero: a sentir el beso sin necesidad de ser besado, a sentir el abrazo sin necesidad de ser abrazado.

A sentirnos padres aun cuando dejamos de serlo.

Eso es diciembre para nosotros. Sí, eso. Volver a sentirnos padres aún cuando nos robaron ese sentimiento. 

Brindo por ti, entonces, diciembre. Dos veces diciembre.

"Abre la ventana
que avive la mañana,
el cuarto y la cocina"
(Aire, José Mercé)
(Canción dedicada a su hijo fallecido)
Sábado 26 de diciembre de 2015

13 de noviembre de 2015

MIRADAS SIN FRONTERAS

Borja es un niño. Es un niño guapo, y travieso, y simpático... como los niños de su edad.

Borja necesita nuestra ayuda. Y Ediciones en Huida, en colaboración con el CEIP Antonio Machado, ha organizado la publicación de un libro solidario "Miradas sin fronteras 2015" que se pondrá a la venta y cuyos beneficios serán integros en favor de la Fundación Stop San Filippo.
  
Es sencillo: mandas un texto propio menor de 20 líneas (poesía, cuento,  relato corto, ensayo, reflexiones, foto-poema...) sobre la diversidad como riqueza, las capacidades personales, el respeto, la dignidad, la justicia, etc., a eeh@edicionesenhuida.es y haces una aportación solidaria de 10€ en el número de cuenta indicado:

- La Caixa ES34 2100 2605 4202 1010 4390

Posteriormente recibirás un ejemplar de dicho libro publicado con todas los textos de todos los participantes.

Si no quieres escribir pero sí quieres participar la aportación solidaria mínima es de 5€.


¿No me digan que no es bonito? ¿No me digan que no es sencillo?
Para más información pueden visitar la web de la editorial organizadora:

www.edicionesenhuida.es

O la página en Facebook sobre dicho acto:

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=859833850753209&id=735453713191224


Viernes 13 de noviembre de 2015