1 de agosto de 2024

Diez años. Una década. Dos velocidades.

Hay años que corren, que vuelan, tanto y tan rápido, que se convierten en una década antes de que puedas darte por avisado. La vida bulle. Y tú, preparado siempre, tienes el don de saber disfrutarla. Y lo haces, como cuando tiras tu tabla de madera en la orilla (skimboard creo que le llaman) y arrancas para saltar sobre ella y deslizarte... a tope. Y yo, mientras, marineo entre el disfrute y el miedo, entre el gozo y la necesidad de pulsar el pause, entre tus tequieros y mis riñas conmigo mismo.

Diez años ya, Martín, y este amor que nos profesamos sigue inagotado, y es inagotable. Como tu energía, hijo mío. 

¡¡Felicidades, tunante!! Te quiero con todas mis ganas, con todas mis fuerzas.

¡¡Ah!! Y abrázame. Abrázame mucho. Que me proteges.

Jueves 1 de agosto de 2023

25 de junio de 2024

Hoy es 25 de junio por decimoquinta vez.

Quince veces van. Una con el pecho en llamas y ya catorce con el alma llena de rescoldos. Pero todas ellas con el calor en residencia, habitando.

El tiempo pasa inexorablemente. Los días se suceden uno tras otro y nos llevan a no vivir la vida. Nos tomamos, por momentos, incluso, la licencia de malgastar ratitos que nacen irrepetibles. A veces, porque nos empujan. A veces, porque empujamos tomando el equivocado camino de lo urgente. Y pasamos, así, acaso, por la vida de puntillas a tal velocidad que no dejamos huella en el camino o, en el mejor de los casos, una huella imperceptible. Somos levedad. 

Y en esta huida casi obligada, casi impuesta, casi ajena, lucho por no separarme de ti. Peleo incansablemente conmigo, con la sombra que siempre me sigue, con lo cotidiano, por llevarme aquellos (nuestros) recuerdos siempre allá donde voy, tan dentro de mí, que parasiten en mi alma. Duradero pegamento este que nos une. Y deseo, mirando a las estrellas, tener la lucidez suficiente para vivir juntos la vida. Porque quiero seguir siendo siempre tu padre, hasta el último día de todos, y cumplir aquello que pensé en mi peor momento. Y porque ya no sé hacer esto de otra forma, enano.

Otra tarta quedará hoy en un escaparate. Otras velas, también. Alguna prenda de ropa de esas nuevas marcas adolescentes que me llaman viejo a la cara volverá al almacén sin ser vendida. Quizás fueron confeccionadas con tu nombre, Samuel. La realidad no acepta excusas. 

Aquel 25 de junio de 2010, con tu venida, aprendí que mi huella debe ser indeleble. Comprobé que por siempre serías ese sol que nunca parará de girar para alumbrarme. Que hará brillar lo bueno que pueda haber en mi alma. Setenta y siete días después, con tu partida, me comprometí conmigo mismo que siempre pesarían más los días juntos que los días separados, por mucho que el hijo de puta del tiempo empuje. Vivir desde la alegría de lo vivido. Porque no hay luz que más ilumine, ni calorcito que más cobije, que el resplandor de lo amado. Y yo te quiero con toda mi alma.

Catorce años ya, Samuel, catorce años.

Felicidades, siempre.

Martes, 25 de junio de 2024

Porque sé que la fe 
es creer en algún dios,
aunque no existanO en existir,
aunque ese dios, a veces,
no crea en tiEn caminar, aunque no brille tu estrellaComo tú, camino por esta tierra
que pronto será yerma
(Manolo García (2011), Somos Levedad. Nunca el tiempo es perdido)

 

8 de abril de 2024

Las últimas veces

Casi cada fin de semana, durante mucho tiempo, años, acudíamos a la parcela de mi tía Mariluz y mi tío Rafael, junto con toda la familia de mi madre, a echar el día. Arroz, barbacoa, botellines, refrescos, mucha pelota, piscina (en temporada), juegos, risas... muchas risas. Éramos felices y los primos, sin saberlo nosotros pero sí nuestros padres, echábamos unos cimientos, benditos, que aún hoy nos sostienen feliz y firmemente. Gracias, viejos.
 
Casi cada día, durante mucho tiempo, dos o tres años, mi Martín, mi hijo mediano, me pedía dormirse en mi pecho, con nuestros latidos redoblando a compás mientras le contaba alguna de mis batallitas de futbolista de los malos, convenientemente aderezadas con mi particular visión de la historia. Alguna exageración que otra, lo normal.

A mi Paola, mi hija mayor, de naturaleza despierta, o alérgica, no al sueño pero sí a quedarse dormida, le encantaba que recorriéramos el pasillo con ella en brazos, su madre o yo, contando 40 ó 50 elefantes balanceándose en perfecto equilibrio en la mejor tela de araña jamás construida.

Las nochebuenas en casa de mi abuela Julia eran perfectas. Las Navidades, en general, lo eran. Comer, beber, familia, primos y cantar mucho hasta altas horas de la madrugada. Villancicos y sevillanas, alguna canción por bulerías, enorme mi tío Manué por Machín por fiesta. Jamás cambié ningún rato de estos por salir con los colegas a ningún antro de moda, a ninguna plaza alcoholizada y maloliente. Las nochebuenas, siempre, al lado de mi padre, mi tío Jesús y Salamarina. Eran, repito, perfectas. Además, siempre se hablaba algo de mi abuelo Antonio. Y eso, para mí que no llegué a conocerlo, molaba.

Pues eso. Cuatro momentos felices y plenos en mi vida sencilla. Cogidos al azar, como podría haber cogido cualesquiera otros. Tú tienes los tuyos. Y hoy, seguramente, me des la razón cuando te digo que aquello estaba muy cerca de la felicidad. ¿Quién necesita más? Y todos estos momentos, además de la felicidad, comparten que en su tiempo, todos ellos, durante largos periodos, fueron conjugados en presente y siempre con la sensación de infinitud, eternidad. Parecían como que por siempre ser, por siempre estarían. Pero no. Todos marcharon. Todos, sin saberlo, tuvieron una última vez, inconsciente yo de ello. 

¿Cuándo fue la última vez que cogí a mi hija, ya preadolescente, para llevarla en brazos a la cama? ¿Cuándo fue la última vez que fuimos a la parcela de mi tía, que dormí a mi Martín en mi pecho?

¿Cuándo será la última vez que recogeremos un salón desordenado de juguetes, que le diremos a nuestros hijos que los dientes se lavan todos los días, que le pongamos hora de vuelta a casa a mi hija?

¿Cuándo será la última vez...?

Lunes 8 de abril de 2024




17 de marzo de 2024

17 primaveras.

Feliz aniversario, esposa mía.

Diecisiete años después de aquel marzo de 2007 ahí seguimos construyendo nuestro camino, de la mano, a nuestra bonita y especial manera, avanzando entre estos vaivenes que la vida nos propone. Juntos y asidos.

Diecisiete años hace ya de aquellos sí quieros. Y diecisiete años de nuestro beso. 

¿Sabes? Siempre pienso en aquel beso, de su espontaneidad y arraigo, de su ingenuidad, de lo incontrolable del amor. Y ahí me quedo anclado. Es como ese punto al que volver cuando necesitas pureza, quitar artificios, capas de maquillaje, de falsedad a esta vida tan vivida pendiente del qué pensarán los demás. Un lugar y momento en el que creer, en el que depositar toda la fe, en el que recargar. Bien sé, sabemos, que no es el único que tenemos, que en esta construcción diaria del amor hemos sabido, a base de mucha casta, poner más hitos a los que regresar cuando el presente lo reclame, pero éste, para mí, es muy especial. Porque somos tú y yo. Y nadie más. Y porque habla de pasado, explica el presente y avanza el futuro. 

¡Y qué bonito todo a tu vera!

A por otros cuantos más.


Sábado 17 de marzo de 2007.
Domingo 17 de marzo de 2024.

Me gusta quererte...

Domingo 17 de marzo de 2024.


21 de febrero de 2024

Luis Aboza Peña. Tempestad y calma..

Suele pasar que, como siempre lo hace, sin avisar, sigiloso pero decidido e indomable, llega el día menos pensado. Y entre muchas otras cosas, a veces, su venida tiene que ver con bullicio, explosión, caos... y belleza; con marejada, nervios, descontrol... y paz; con tiempo contado... y con vida por contar. Quizás hablamos de orden y desorden desde el lado equívoco y más que antónimos se muestran como ese 6 (¿o es un 9?) al antojo del punto exacto desde el que asomarnos a la vida. Tal vez, lo entendamos como ese palíndromo que nos enseña que ir y venir pueden ser la misma cara de distintas monedas. ¿Pero quién puede tener intención de saber, si lo realmente hermoso es que el día menos pensado todo se deconstruye de una inverosímil y bella manera? 

Y así amaneció el día en que el amor, amigos, que se creía completo y calmo, con la quietud propia de quien se estima dominador y no dominado, comenzó a carecer de su aplomo. La vida, entonces, ya no es el aquí; tampoco es el ahora el que acapara el momento. Surgió un mañana en el que posar sentimientos y vivir a ratos, en el que todo queda hipotecado por la sonrisa de quien comparte tu camino sabiendo que el destino merecerá la pena si es divisible entre cinco. ¿Qué es vivir si no aprender a amar cada día?



Ya sí. Bienvenido, pequeño Luis. Llegas para dar sentido a esta bendita confusión que te cuento. Y así, con tu liviandad, solo te ha hecho falta una mirada para reordenar el caos; una caricia, para calmar el estrépito; un primer beso, para amansar la inquietud; una primera vez en los brazos de tu madre, para que la prisa se revele en un desvanecimiento decidido.

Disfruta de tu familia, chiquitín. Y recoge tanto amor que tienen (con permiso, tenemos) acumulado para darte. Créeme, eres un tipo muy, pero que muy, afortunado. Y yo, por tanto.

Enhorabuena, amigos. ¡¡Os quiero!!


¡Qué bonito es lo que bonito empieza!

Miércoles 21 de febrero de 2024

6 de febrero de 2024

Leo, 7.

Tienes ese pellizco granuja que me vence por completo. Esa mirada que me ciega y me ilumina, ese aire que me envuelve donde vaya. Tienes y eres el punto exacto donde ir y venir, el momento preciso donde mecer las venidas, las idas, de esta vida insensata e incomprensible. Cuando contigo estoy en mis brazos, Leo, la pausa me acompaña, la tranquilidad me rodea, el amor me envilece. Soy más yo, más puro, más auténtico. 

Siete años cumples hoy. Siete años a tu vera. ¡Qué privilegio el mío!

¡Felicidades, granuja!


¡¡Te quiero con locura!!

Martes, 6 de febrero de 2024

18 de enero de 2024

27 años a tu vera

Mis ojos en ti clavados desvanecen el horizonte. Desaparece, a su vez, la luz que nos acompaña y sola vagabundea hacia el averno de un rincón deshabitado. La oscuridad, presente ahora, nos mira sin disimulo. Mientras, el silencio avanza y se abre paso entre tanto estrépito para recoger el fruto de cada semilla sembrada en la incertidumbre de la delicada rutina. El silencio y la oscuridad, otrora antagonistas del amor, lloran confusos sin saber dónde ubicarse.

¿Para qué buscar la luz si tú, esposa mía, lo iluminas todo?
¿Para qué buscar la melodía perfecta en cada momento si el redoble a compás de nuestros corazones crea la banda sonora perfecta? 

27 años a tu vera.
¡Y qué felicidad la mía!

Te quiero tanto...

18 de enero de 1997
18 de enero de 2024

Desde que te he conocido 
he sentido algo dentro de mi alma 
porque tú le has transmitido
a mi corazón el sentir con ganas.
Por haberme dado tú
esta nueva luz que alumbra mi alma.
¡Qué felicidad la mía,
al estar contigo y amarte con rabia!
Miguel Poveda y María Jiménez. ¡Qué Felicidad la mía! 2021.
Jueves 18 de enero de 2024