1 de agosto de 2024
Diez años. Una década. Dos velocidades.
25 de junio de 2024
Hoy es 25 de junio por decimoquinta vez.
Quince veces van. Una con el pecho en llamas y ya catorce con el alma llena de rescoldos. Pero todas ellas con el calor en residencia, habitando.
El tiempo pasa inexorablemente. Los días se suceden uno tras otro y nos llevan a no vivir la vida. Nos tomamos, por momentos, incluso, la licencia de malgastar ratitos que nacen irrepetibles. A veces, porque nos empujan. A veces, porque empujamos tomando el equivocado camino de lo urgente. Y pasamos, así, acaso, por la vida de puntillas a tal velocidad que no dejamos huella en el camino o, en el mejor de los casos, una huella imperceptible. Somos levedad.
Y en esta huida casi obligada, casi impuesta, casi ajena, lucho por no separarme de ti. Peleo incansablemente conmigo, con la sombra que siempre me sigue, con lo cotidiano, por llevarme aquellos (nuestros) recuerdos siempre allá donde voy, tan dentro de mí, que parasiten en mi alma. Duradero pegamento este que nos une. Y deseo, mirando a las estrellas, tener la lucidez suficiente para vivir juntos la vida. Porque quiero seguir siendo siempre tu padre, hasta el último día de todos, y cumplir aquello que pensé en mi peor momento. Y porque ya no sé hacer esto de otra forma, enano.
Otra tarta quedará hoy en un escaparate. Otras velas, también. Alguna prenda de ropa de esas nuevas marcas adolescentes que me llaman viejo a la cara volverá al almacén sin ser vendida. Quizás fueron confeccionadas con tu nombre, Samuel. La realidad no acepta excusas.
Aquel 25 de junio de 2010, con tu venida, aprendí que mi huella debe ser indeleble. Comprobé que por siempre serías ese sol que nunca parará de girar para alumbrarme. Que hará brillar lo bueno que pueda haber en mi alma. Setenta y siete días después, con tu partida, me comprometí conmigo mismo que siempre pesarían más los días juntos que los días separados, por mucho que el hijo de puta del tiempo empuje. Vivir desde la alegría de lo vivido. Porque no hay luz que más ilumine, ni calorcito que más cobije, que el resplandor de lo amado. Y yo te quiero con toda mi alma.
Catorce años ya, Samuel, catorce años.
Felicidades, siempre.
Martes, 25 de junio de 2024
O en existir,
En caminar, aunque no brille tu estrella
Como tú, camino por esta tierra
8 de abril de 2024
Las últimas veces
17 de marzo de 2024
17 primaveras.
21 de febrero de 2024
Luis Aboza Peña. Tempestad y calma..
Suele pasar que, como siempre lo hace, sin avisar, sigiloso pero decidido e indomable, llega el día menos pensado. Y entre muchas otras cosas, a veces, su venida tiene que ver con bullicio, explosión, caos... y belleza; con marejada, nervios, descontrol... y paz; con tiempo contado... y con vida por contar. Quizás hablamos de orden y desorden desde el lado equívoco y más que antónimos se muestran como ese 6 (¿o es un 9?) al antojo del punto exacto desde el que asomarnos a la vida. Tal vez, lo entendamos como ese palíndromo que nos enseña que ir y venir pueden ser la misma cara de distintas monedas. ¿Pero quién puede tener intención de saber, si lo realmente hermoso es que el día menos pensado todo se deconstruye de una inverosímil y bella manera?
Y así amaneció el día en que el amor, amigos, que se creía completo y calmo, con la quietud propia de quien se estima dominador y no dominado, comenzó a carecer de su aplomo. La vida, entonces, ya no es el aquí; tampoco es el ahora el que acapara el momento. Surgió un mañana en el que posar sentimientos y vivir a ratos, en el que todo queda hipotecado por la sonrisa de quien comparte tu camino sabiendo que el destino merecerá la pena si es divisible entre cinco. ¿Qué es vivir si no aprender a amar cada día?
Ya sí. Bienvenido, pequeño Luis. Llegas para dar sentido a esta bendita confusión que te cuento. Y así, con tu liviandad, solo te ha hecho falta una mirada para reordenar el caos; una caricia, para calmar el estrépito; un primer beso, para amansar la inquietud; una primera vez en los brazos de tu madre, para que la prisa se revele en un desvanecimiento decidido.
Disfruta de tu familia, chiquitín. Y recoge tanto amor que tienen (con permiso, tenemos) acumulado para darte. Créeme, eres un tipo muy, pero que muy, afortunado. Y yo, por tanto.
Enhorabuena, amigos. ¡¡Os quiero!!
¡Qué bonito es lo que bonito empieza!
Miércoles 21 de febrero de 2024
