18 de junio de 2020

Junio y Leo. Sin firmas.

Hay amores que nacen de una mirada. Y crecen. También amores ya crecidos. Hay amores que primero fueron amistad y otros que amor fueron desde su inicio. Hay amores que terminan (¿fueron amor?) como también amores perpetuos. 

Hace 4 junios que Leo (en forma de predictor) llegó a nuestras vidas. Y, así, sin mediar un previo aviso, nació un amor más, ya crecido; un amor puro desde su inicio; amor para siempre. 

Y es que, incluso el amor que nace inmenso, crece con el día y la noche, con el sucesivo ir y venir de las conversaciones, con los abrazos retenidos y aquellos que ya se dieron. Ese compromiso contraído sin necesidad de ser firmado. No hay obligación de amar, pero se ama sin que ya quepa el olvido; un juramento perpetuo, ya cruzado, dentro de ti, grabado donde, junto con el lugar de los sueños, todo está teñido de verdad y de genuinidad, donde las promesas se firman con suspiros sempiternos, donde no hay necesidad de hablar de amor, porque el amor habla (y actúa) desde ti y por ti. 

"Sin firmar un documento
Ni mediar un previo aviso
sin cruzar un juramento
hemos hecho un compromiso"
(Antonio Machín. Un compromiso)

Martes 16 de junio de 2020

17 de marzo de 2020

Trece diecisietes

Un día soñé en ser lo que hoy soy: un tipo que transita acompañado en estos vaivenes de la vida. De la risa a la hostia y vuelta a empezar. Y en ese soñar, esposa mía, me imaginé asido a tu mano, amasando momentos, recuerdos que poder convertir en inolvidables historias para que nuestros pequeños volaran de la vigía al sueño plácidamente, como en estos días de penumbra hacen. Historias que sustentarán vidas futuras. 

Ese sueño sigue hoy aquí, ¿sabes?, sobre nuestras cabezas, en ese cielo que siempre acompañó nuestros momentos. Sueños que fueron y sueños que no pudieron ser, que también los hubo. Aquellos días que no florecieron pero que abonaron este amor que hoy te siento y te resiento, que se gasta y crece, que se muestra inagotable. 

Quince días encerrados a tu vera son un regalo de aniversario especial. Quince días de incertidumbres, dudas y por qué no, algo incluso de miedo, en los que soy capaz, gracias a ti, de disfrutar. 

Menos mal que ahí estás tú para cobijarme en tu pecho. 

Hace trece diecisietes, cuatro mil setecientos cuarenta y nueve., que sonrío si siento... hace trece diecisietes de un sí quiero"... Menos mal que ahí está tu sonrisa, el motivo más bonito para seguir teniendo sueños por soñar... 

Te quiero tanto...

Felicidades esposa mía. 13 años. Nos debemos un viajito. 

Menos mal que está tu puerto
TU puerto para descansar
Menos mal que tú me salvas
si me toca naufragar.
(Menos mal, Manuel Carrasco)
Martes 17 de marzo de 2020




6 de febrero de 2020

Leo 3.

Pones una boquilla así,  cerradita, con labios apretados, acompasada a una mirada sinvergonzona, preámbulo de alguna inocente palabra en partida, que me vence sin posibilidad de remontada. Y es ahí, justo ahí, en ese espacio que se crea entre tú y yo, que nace entre tu inocencia y mis ganas de parar el mundo, donde reside mi verdadera felicidad, donde no siento miedo, donde solo cabe la pureza del verdadero amor, la fuerza de la autenticidad... 


Sé honrado, hijo, como ahora eres. Que no hay en la vida mejor virtud que esa. 

Feliz cumpleaños, granuja. 

Te quiero "to esto". 

Jueves 06 de febrero de 2020

18 de enero de 2020

Veintitrés

Las nubes envuelven caminos de esperanza. Caminos hechos y caminos por hacer. Veintitrés vueltas al sol de la mano bien merecen que nos quedemos en ellas por un fugaz instante. Un paréntesis de recarga del amor. 

Esposa mía, este amor que te traigo y entrego se estrena cada día, sigue naciendo en cada lugar, a cada rato... disfrute, algarabía y alboroto. Sigamos nuestro bonito camino, de la mano, como si uno, por momentos, fuéramos.

18 de enero de 1997
18 de enero de 2020

Te quiero tanto...

Ps. Me gustas más que un predictor positivo.

Sabado 18 de enero de 2020


13 de diciembre de 2019

Diciembre 2019

El comienzo del fin te engaña. Pero es un engaño útil. Te ayuda a sobrellevar el injusto y automático ir y venir de tus propios pasos. Ahora hacia allí. Ahora hacia allá. Quizas no. ¿O sí? 

No. Ahora y siempre: mejor no. 

¿Dónde ponemos el signo de apertura de la interrogación de una tragedia? ¿Al principio del todo o en mitad del camino ya tortuoso, complicado e inverosímil?

No. Ahora y siempre: mejor no.

Diciembre de 2013. Vida en esponjosa plenitud. Cuerpo sólido en apariencia de todo a falta de tanto. La vergüenza asoma y revivimos de nuevo, por tercera vez. Convencer tiene que ser algo parecido a vencer desde la victoria, a saltar con los pies en el aire.

La vida nos llevó al límite y lloramos desde el equilibrio que nos regaló en herencia quien nos embebió de templanza. Era diciembre de 2010: el dolor aún en frescura y nuevas sonrisas, consecuencias de la naciente y pudorosa felicidad, en modo espera. Tuvimos la esperanza, y la sapiencia también, claro, de saber que en esta vida todo aquello que te jode, por disfrazadamente necesario que se ofrezca, puede transformarse en energía que te dirija hacia al futuro. Abono que nutre al bello rosal (trabajo sórdido e infravalorado el suyo).

La muerte no era lo mejor que podía pasar, pero la mente mandada por el corazón nos dijo que sí. Y creímos. Ignorancia necesaria y conveniente. Autoengaño. Un bebé precioso no tiene que morir. Ni siquiera tiene que enfermar. El padre de un bebé precioso no tiene que creérselo, aunque egoístamente le ayude. ¡Qué hijo de puta quien lo dijo por primera vez!

Ya fuimos. Asustados, desolados, engañados, esperanzados... 
vencidos, convencidos y felices. Ya somos.

Diciembre siempre será especial. Dos veces diciembre. 


Viernes 13 de diciembre de 2019

17 de octubre de 2019

Diez años de ti

Hoy, 17 de octubre, hace diez años del predictor de Samuel. Era sábado, el sol en rutinario nacimiento y nosotros con un secreto al que supimos cerrar cualquier vía de escape. No era día de compartir sino de saborear en confidencia, de seguir sumando recuerdos en pareja, de ser nosotros. Así que esperamos al domingo para avisar, en riguroso orden familiar, de la buena nueva. Esperar para compartir también hizo de aquel sábado un día perfecto.

Hoy, aquella perfección sigue clavada en mí. 

La felicidad que sentí, que sentimos, fue inmedible, solo comparable a la ilusión que fuimos capaces de regalar a nuestra gente.

Sábado, 17 de octubre de 2009.
Jueves, 17 de octubre de 2019.

Hace diez años que ya solo conjugo el presente simple del verbo sentir.


Jueves 17 de octubre de 2019

10 de septiembre de 2019

Hace nueve años

Hace ya nueve años que murió mi hijo, mi primogénito, mi enano, mi Samuel. Fue un día de calma, paz y mucha tristeza. Hoy, precisamente hoy, el recuerdo nos trae también los mismos sentimientos aderezados con diferentes matices cualitativos, que no cuantitativos. Hoy lo vivimos todo de la misma manera: con calma, paz y tristeza. 

Afortunadamente, no todo tiene la particularidad de avanzar a la misma velocidad que el mundo gira. Hay sentimientos que quedan pendidos de las estrellas, anclados en algún lugar del firmamento, y por tanto, a salvo de las vueltas de la vida, de la obligación de olvidar, de la mala costumbre de no recordar porque no sabemos en qué lugar de la memoria los pusimos (quizás porque los guardamos en el alma y ahí no sabemos buscar). Precisamente, exactamente esos, son los sentimientos que tiene un padre, los sentimientos que tiene una madre hacia su hijo. Un cariño desmedido, un amor inmedible, que permanecerá siempre en el lugar exacto, certeramente ahí, donde se ancla la primera mirada, el primer beso, el primer aroma de vitalidad, responsabilidad y miedo (disfrazado de incertidumbre) que te desbordaron en los primeros días del resto de tu vida. 

Hoy, diez de septiembre, vuelco la vista a aquellos días de penumbra y aún me emociono viendo la entereza de mi mujer, su capacidad para tirar de mí, para colocarse frente a la vida y caminar, para ir encontrando colores entre tanta negrura, para ser mi ejemplo más firme y admirado, para tener una triste sonrisa preparada para mí, un abrazo reparador, una mirada hacia el futuro. Mi motivo, sin duda, para dar un paso tras otro. Te debo todo. 

Vaya un beso fuerte para ti, hijo mío, desde mi pecho hacia tu recuerdo. Vaya todo mi amor para ti, esposa mía, y mi admiración, como la de mi gente, que sé que la tienes... te quiero tanto... 

Qué no daría yo por empezar de nuevo. 

Martes 10 de septiembre de 2019