25 de junio de 2022

12 años. Allá donde el amor.

Allá donde el amor se vuelve ubicuo.

Existe el amor que fabrica un padre. No hay condiciones imperfectas, tampoco mesura. Solo amor delicado a borbotones, amor a destajo.

Allá donde el amor se origina.

Son doce años desde aquella cita a ciegas y el amor ya no se detiene, sigue siendo imparable. Ni siquiera el tiempo que empuja es capaz de restar. Ni siquiera el peso de lo robado, de lo no sentido, modera el torrente renacido en cada suspiro habitado de recuerdo. Aquella primera vez de todo.

Allá donde el amor subyuga.

Y aquella primera vez de casi nada. Aquellas primeras veces de casi nada, tal vez. Aquel lugar que no visitamos, aquella brisa que no pudiste sentir, aquel balancín vacío, aquel coche aún en el escaparate, aquel balón sin chutar, aquellos momentos no celebrados... Hoy, están aquí. Llegaron sin ti, aunque por ti. Y llegaron, de algún modo (¿de todos?), contigo. En cada uno de aquellos días, ibas. Flotabas ahí, entre nosotros. Entre sobras y sobras, estando. En cada uno de mis días. 

Allá donde el amor entretiene.

Hubo un tiempo para cada cosa.

Allá donde el amor todo lo condimenta.

Siempre habrá un tiempo para una sola: amarte a destajo.

Allá donde el amor...

La Luna se hizo pasar por columpio. Y la vida, fue, por momentos, un niño sonriente, feliz, amado.


Felicidades, hijo mío.

"Entre sobras y sobras"

(Antonio Orozco)

Sábado 25 de junio de 2022



17 de marzo de 2022

15 años.

Alguien me dijo aquel 17 de marzo, hace 15 años, que éramos una pareja especial, que se nos notaba el amor. Y yo, obnubilado por tu presencia, con tu presencia, no supe qué pensar, qué decir, en aquel instante. Sonreí y te miré. Solo supe sentir. Solo pude sentir. Aquel día, el amor me rebosaba, el sentimiento se excedía, se derramaba. Hoy, mas calmado, te digo, esposa mía, que espero que se me siga notando tanto. Que no habrá nunca mayor orgullo ni muestra de felicidad, que no habrá nunca mayor motivo de celebración que la notoriedad del amor. 

Que si el amor se nos ve es porque lo usamos. Porque el amor se nota solo cuando se usa, en soledad, en intimidad o en compañía. Porque así crece. Y, en contra de lo equivocadamente cantaba tan bonito y tan bien Rocío Jurado, no se rompe de tanto usarlo, ni se gastan los locos abrazos sin medida. No hay camino hacia atrás en el amor, ni contramanos, ni calles sin salida.

Quince años hace ya hoy, esposa, que puedo usarlo cada amanecer y anochecer. Quince años maravillosos a tu lado. Devorándonos vivos como fieras, dándonos por completo a cada paso. Y que así sigamos. Por muchos más juntos. Por muchos más revueltos. 

Te quiero tanto, esposa mía...

17 de marzo de 2007.
17 de marzo de 2022.

"...de darnos por completo a cada paso,
se nos quedó en las manos un buen día".
Se nos rompió el amor. (1985). Rocío Jurado.
Jueves 17 de marzo de 2022.

6 de febrero de 2022

Leo 5

Hay veces que tu sonrisa es un lugar donde cobijarme, resguardarme, esconderme. Otras veces, es un momento, un aquí y un ahora, que se disfruta como única opción, como se disfruta el algodón de azúcar en la puerta de la caseta donde tus padres no ven la hora de volver a casa, sin pensar en nada más. También, granuja, tu sonrisa, a veces, es mi cuaderno de bitácoras, el clic que conecta mi memoria  mundo, que va dejando registro de nuestros pasos cuando lo bañas todo con ese tinte de sinvergonzonería canalla.

Y, por supuesto, mi luz.


Felicidades, granuja. 5 años de sonrisas multiusos.

¡Te quiero!

Domingo 6 de febrero de 2022

18 de enero de 2022

25 años de un beso.

Hace veinticinco años que el amor, en su versión más pura y limpia, sin macula ni maquillaje, sin disfraz que lo camuflase, hizo camino al amar.

¿Recuerdas? Aquel 18 de enero solo fuimos tú y yo... En tu calle, pero cualquier sitio hubiera servido. Mis brazos cruzados refugiándome del frío, era de noche. Tus brazos cruzados también, guardando el calor. O quizás no. Quizás, simplemente guardábamos amor, acumulábamos amor. A mansalva. A caudales. Como ese cohete que enciende motores y calienta antes del despegue. Como esa botella de champán que, agitada, acumula presión antes de eclosionar. Llenar el depósito para poder compartirlo instantes después con toda su hermosura, con toda su grandeza, en todo su esplendor. Porque, como el cohete, como la botella de champán, el amor es inaguantable. El mío. El tuyo. El nuestro. Y rompe cualquier cortedad, timidez, cualquier miedo. Nada puede al amor puro que nace en un beso. Como fluye la lágrima cuando es necesaria y sana el alma. Como sale la sonrisa cuando va cargada de ternura. Como se eriza mi vello cuando me miras con esa sonrisa contenida que destroza cualquier resquicio de fortaleza en mí (y cuando me tocas en la cama con tus pies fríos, ahí también se me eriza el vello). 

Pero volvamos al momento. El amor dentro. Acumulado. Creciente. Haciéndose fuerte. Tú desatando tus nudos, dominando la partida, como quien va de mano con el seisdoble. Segura, con la red de mi corazón en mi garganta. Tus codos sobre mis brazos, entonces. Silencio. Quietud. Instante. Miradas. Ya preparados. Somos tú y yo. Nos acercamos. Cerramos los ojos. Y el beso. Nosotros. 

Te quiero tanto, esposa mía.

18 de enero de 1997.

18 de enero de 2022.


"...celebro una vez al año

El aniversario de un beso".

(Por eso. Ecos del Rocío. 1991)

Martes 18 de enero de 2022 

24 de diciembre de 2021

Todos tenemos un diciembre al que volver.

Volvería. 

Siempre. 

A diciembre.

A Pío XII. A los villancicos. A las discusiones familiares por aquellos versos de "Camina la Virgen Pura". A la guitarra de mi primo Antonio y mi primo Dani, a cantarme "Soy Libre" con mi tío Jesús. A escuchar a mi padre por Los Hermano Reyes, a mi Canija por La Niña Pastori y "La Malena" en la prodigiosa garganta de mi tía Paqui (¿se puede cantar mejor?). Volvería para resentir a mi prima Marijose por Estrella Morente, a mi tío José Manuel dándole flamencura a Machín... "¡se enamoró un pobre bardo!", para cantarle a mi hermana Úrsula "¡Bonita y triste a la vez...!" y, sobre todo, volvería a ti, abuela. A sentirte, a tus 200 pesetas bajo cuerda, a tu voz rota mientras interpretabas "se le ha antojao a la virgen la rosa más bella...", tu villancico.

Cómo no volver.

Siempre.

A diciembre.

Si diciembre sabe a familia en composición. 

Volvería, de nuevo, al sonido de aquella cerradura que abría la puerta de mi casa, abriendo también la esperanza, cediéndome permiso para cobijarme en la mirada de mi mujer, introducirme en su pecho y hacerme pequeñito allí, mientras dejábamos crecer al amor, ¡el amor!... "tiempo detente, que es tan grande el consuelo que mi alma siente". Y cerrando tras de mí la negrura, alejando tinieblas.

Volvería a ese sentir que me dio la vida. A aquellas lágrimas sobre el hombro de mi padre, en la entradita de mi casa. A las lágrimas de mi madre mientras nos abrazamos. Ella que merece todo lo bueno. Yo que pude dárselo aquella tarde-noche. En el sofá de mi casa. Ahí, detendría el tiempo.

Y volvería a aquella Nochebuena de brindis por la vida en familia, a aquella Navidad del anuncio de la vida con palabras en media lengua naciendo. Porque no hay mejor motivo para brindar que lo bueno por venir, que la esperanza de lo aun no vivido.

Incluso a aquellos diciembres que todavía no llegaron, pero llegarán.

Diciembre. Siempre diciembre.

¡Felices Fiestas!
Aprovechad para crear recuerdos.
Creo que ese es el único motivo de vivir.
Jueves 24 de diciembre de 2021

10 de septiembre de 2021

Otra vez 10 de septiembre

Y ya van once. Uno tras otro. Pasan días casi inadvertidamente, entre recuerdos e imaginaciones, entre realidades y fantasías, entre lo que fue y lo que nos gustaría que hubiese sido. Y mientras, aprendiendo a jugar la vida. Y durante, viviendo.

Y en ese transcurso del tiempo, un día el espejo parece hablarte y te dice: "¿Llorar? ¿Para qué?" Y entiendes que la inmensidad de tu pena no depende de lugares ni de decorados. Que la pena infinita, pena  infinita es y será. Comprendes que tendrás que enfrentarte a pasear viendo madres dando de mamar a sus hijos  cuando el tuyo ya no lo hará jamás, viendo padres balanceando columpios en parques llenos de risas ajenas, cuando jamás conocerás el sonido de la carcajada de tu hijo. Una felicidad puesta ahí, entre tu pena, rodeándote, acorralándote incluso, incomodándote por lo impertinente de su coexistencia, pero necesarias y oportunas para ellos.

Y arrancas con el piloto automático encendido, deambulando por una vida que poquito a poco empieza a ofrecerte pequeños destellos de luz, aunque aun no te sientas preparado para disfrutarla. Porque el tiempo relaja la intensidad de los momentos y, a la par, ofrece oportunidades para la introspectiva, para poner palabras al sentimiento e intentar aprender a jugar la vida de nuevo, con reglas diferentes.

Y en esa introspección llena de soliloquios descubres matices aún por definir en tu boca pero ya sentidos en tu pecho, que siempre va por delante en esto de jugar a vivir. Y te preguntas de nuevo ¿Por qué sonrío si no debería? ¿Te traiciono si empiezo a ser feliz, hijo mío? Y lloras por dentro ¿¡cuántas veces van!?; lloras porque necesitas estar triste y no lo estás tanto como se presupone ¿¡Quién!?

Apareces así otro día menospensado en el mismo espejo. Y te miras intentando reconocer lo que un día fuiste, intentando no darte lástima para no darla a nadie. Eso no. Eso nunca. Y te hablas. Y luchas por convencerte. (¿saben una cosa? Convencido estoy de que a veces, más de cuatro veces, antes del convencimiento viene la palabra). Te autoconvences. Un padre que entierra a su hijo ha sufrido quizás el palo más duro que la vida puede darle. Ese padre, ése, merece ser feliz más que nadie. Sonreír y sentir. Porque ser feliz en la tristeza es necesario y conveniente. Y merece la pena. Porque la felicidad no se espera: se busca, se conquista, como la sonrisa de una mujer bonita...

...como tu sonrisa, esposa mía, aunque sea con el dulzor efímero de una rosa de chocolate. 



Y once años después, hijo mío, te sientes vencedor cuando entiendes que la vida impone las reglas y nosotros hemos aprendido a jugarla sin hacer trampas. Sientes que todo merece la pena cuando suena de fondo una canción y nos lleva a ti. Y sabes, certeramente, que no hay más.

"...vivir así no es vivir
esperando y esperando
porque vivir es jugar
y yo quiero seguir jugando"

A. Calamaro (2009). Paloma. Obras Incompletas.
Viernes 10 de septiembre de 2021.

14 de agosto de 2021

Paola 10

Esta niña parece que sabía que en esta casa necesitábamos sonrisas, decía tu madre cuando sonreías y por arte de magia todo huía cobardemente por la ventana. Eras tú, rubia mía, hace hoy diez años, pomada que sanaba el alma. Era tu sonrisa, tu mirada, tu viveza, tu pillería, tu inocencia... nuestro salvavidas. 

Por eso, a veces me pillas mirándote sin más intención en mí que protegerme, y vergonzosa, desvías tu mirada. Tú no lo sabes, pero sobre tus espaldas cargaste la responsabilidad de hacernos feliz durante mucho tiempo. Solo necesitábamos posarnos en ti y verte sonreír, verte jugar, verte dormir, verte estar. Y, abrazados tu madre y yo, en quietud, suspirábamos entrecortados. Que no te roce ni el aire.

Feliz cumpleaños, rubia. Te debo toda mi vida. 



Y permíteme la licencia de pedirte que me dejes mirarte cada día, que yo sigo necesitando ir a todos esos lugares a los que tu presencia me lleva. Aunque mi deuda crezca.


Sábado 14 de agosto de 2021